El largo camino a casa

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-¿No te parece que se acaban los árboles allí adelante? -comentó Katsura a su compañero con una sonrisa cansada.

Goro, que hasta entonces había estado bufando y casi arrastrándose por la fronda del Bosque Oscuro, se incorporó de repente, su rostro iluminado por la ilusión.

-¡No será verdad! -dijo el muchacho y, ante la incredulidad de los presentes, echó a correr.

Mai se permitió una leve sonrisa. El viaje a través del Bosque Oscuro había sido enormemente duro, no solo por los predecibles peligros de aquél lugar que Kaoru y ella habían tenido que aplacar, sino por la compañía de los dos jóvenes que andaban a su cuidado. Goro era un inútil. Y Katsura, aún a pesar de mostrar valor y tenacidad, aquejaba del mal de quien ha pasado toda su vida en la corte: falta de experiencia y poca tolerancia a la incomodidad.

-¡Es verdad! ¡Es verdad! ¡Vamos! ¡Ya estamos en casa! -gritaba Goro con alegría unos metros más adelante.

Mai podría haberle dicho que se encontraban en el margen oeste de Inkairu. Que aún quedaban kilómetros de territorio deshabitado y peligroso, o que debería bajar la voz para evitar problemas. Pero en su corazón, ella también estaba contenta por pisar de nuevo la tierra de su patria. Con suerte, pronto llegarían a un pueblo, se harían con un carro o quizás con caballos y, en unas pocas semanas, estarían en territorio del clan Yamamoto…

El sonido de cascos la sacó de su ensueño. Estaban lejos, más allá de los árboles de la floresta, pero se acercaban con rapidez. La mujer estimó alrededor de media docena.

Enemigos -dijo Kaoru, alarmado. Sus ojos rasgados de pupilas verticales resplandecieron bajo los rayos del sol que lograban atravesar el cada vez menos denso dosel arbóreo-. Cuida de la princesa.

Y acto seguido el kitsune comenzó a encoger con rapidez, pasando a convertirse en un pequeño zorro de pelaje blanco que desapareció entre la maleza en dirección al sonido cada vez más cercano.

-Princesa -se apresuró a llamar Mai a su protegida, que la miró extrañada-. Manteneos cerca. 

Ambas se detuvieron, observando y escuchando a su alrededor. Los gritos de Goro habían cesado y el bosque quedó inundado por un silencio tenso y expectante.

Mai comenzó a entonar en voz baja una plegaria a los espíritus del bosque, del aire y de la vegetación. Su conexión le permitiría ver lo que ellos viesen, atisbar al enemigo antes de que llegase hasta ellos.

La respuesta de los espíritus fue feroz. Mai sintió como sus sentidos eran arrancados desde su ser y se repartían entre varios espíritus al mismo tiempo: se desplazaba entre los árboles meciendo las hojas a su paso a una velocidad de vértigo al mismo tiempo que podía ver la linde del bosque desde el mismísimo suelo, a través de varias briznas de hierba que tapaban su visión. La sensación era arrebatadora y mareante al mismo tiempo pero le sirvió para cumplir su cometido: un grupo de diez jinetes cabalgaban en su dirección. Eran guerreros y ronin sin bandera, aunque Mai percibió que el orden y la composición del grupo estaba demasiado practicada, demasiado perfecta. Se dirigían justo hacia donde se encontraban.

Mai cortó la conexión con los espíritus con una rápida palabra de agradecimiento.

-Escondeos, Yamamoto-sama. Se acercan enemigos.

La muchacha asintió con decisión, sin un atisbo de temor. Mai murmuró una nueva plegaria y se mantuvo firme en su posición, esperando a los jinetes.

El grupo entró en el bosque con rapidez y agilidad, de forma ordenada y esforzándose por mantener la formación a medida que avanzaban. Mai pudo verlos llegar y supo que ellos la habían visto también. Estaba claro que los buscaban, lo cuál resultaba inquietante. ¿Quién sabía del viaje que habían emprendido desde Media Esuarth? Habían tomado el camino más largo precisamente para evitar cualquier contacto con otros viajeros.

La cuadrilla se detuvo a unos 20 metros de la shugenja, que se mantuvo firme en su posición. Un hombre recio vestido con armadura de cuero endurecido se adelantó. En su rostro bailaba una sonrisa cruel.

-En nombre del Clan Ishida, os ordeno que me abráis paso -anunció Mai con firmeza.

Los guerreros se miraron entre sí, aparentemente divertidos, pero no dijeron una sola palabra antes de que lo hiciera su líder.

-En estas tierras los clanes no tienen potestad, mujer -respondió con voz rasposa.

Mi misión es oficial y es un servicio al Imperio. Si osáis interponeros entre yo y mi sacro cometido, incurriréis en la ira del Clan Ishida. Sabed que vendrán a buscarme y, por lo tanto, también os buscarán a vosotros.

-Mentís, señora -contestó de nuevo el jinete mientras espoleaba a su montura y desenfundaba una katana de hoja torcida-. Nadie vendrá a buscaros.

Ante la acometida del jinete, Mai recitó rápidamente una nueva plegaria invocando a la furia del rayo y del relámpago en su ayuda. Los espíritus, de nuevo, no tardaron en responder. Y lo hicieron con una potencia desmedida. En un solo instante, con un chisporroteo, el haz de un relámpago apareció entre sus manos y se precipitó hasta la katana del enemigo que cargaba contra él. Desde ahí, la línea de luz avanzó hacia el grupo y golpeó a varios de los guerreros que estaban allí congregados. El trueno llegó inmediatamente después, lanzando a Mai, a jinetes y a monturas por los aires.

Un árbol cercano detuvo su vuelo y la hizo deslizarse hasta la hierba. La mujer necesitó unos segundos para recuperar el aliento, tras los que intentó incorporarse. Sentía su cuerpo pesado como el plomo, su energía consumida por la comunión con las fuerzas que había desatado. Un pitido sordo le impedía escuchar nada.

-¿Estás bien? -pudo oír la voz de Kaoru llamándola en la distancia, sorprendido-. ¿Cómo has hecho eso?

Mai se dió cuenta de que sus enemigos habían desaparecido. Los restos quemados de caballos y jinetes aparecían desperdigados entre los árboles. Los que habían sobrevivido a la explosión yacían ajusticiados por el wakizashi del kitsune.

-No lo sé. Algo tiene a los espíritus muy alterados. -contestó Mai y, sobresaltada, recordó a la princesa, a la que había dejado cerca de donde ella había lanzado su plegaria-. ¡Yamamoto-sama! ¿Os encontráis bien?

Mai se acercó hacia la muchacha que se incorporaba con dificultad, todavía oculta en su escondrijo.

-Sí, estoy bien. Solo un poco mareada.

Y mientras se acercaba a ella, Mai notó dos picotazos en el cuello. Lanzó un grito y, llevándose la mano a la herida, descubrió dos pequeñas agujas de cerbatana.

-Malditos sean tus ancestros, Ishida -escuchó de repente a su espalda una voz vagamente conocida-. Osáis volver a interponeros entre yo y mi presa, pero no volveréis a hacerlo más.

La voz, surgida de unos matorrales cercanos, fue seguida de rápidos pasos hacia Katsura y hacia ella e, inmediatamente después, del desenvainado de una daga.

Mai no se detuvo a pensar. Recurrió de nuevo a una plegaria, en este caso llamando a los espíritus de la luz y el fuego. De nuevo, la respuesta fue rápida y potente. De sus brazos extendidos brotó una enorme llamarada que envolvió a su adversario y a varios árboles gruesos de los alrededores, que comenzaron a arder.

La mujer estuvo a punto de caer desvanecida en aquél momento, pero logró mantenerse en pie con la ayuda de Katsura. A sus pies, el cuerpo chamuscado de un hombre yacía inmóvil, sus ojos llenos de odio fijos en ambas mujeres mientras respiraba con dificultad. Los restos de sus ropajes, negros con diversos tonos de verde, eran las propias de un asesino ninja.

-Yo os maldigo… shugenja… -logró articular el asesino en un último estertor.

Kaoru llegó en ese momento y sostuvo a Mai. El calor de las llamas aumentaba por momentos, por lo que el kitsune y la princesa se apresuraron a llevar a su compañera hacia el linde del bosque, en ocasiones casi en volandas.

-¿Quién… era? -logró preguntar Mai, su visión cada vez más nublada.

Mitsu Yojin -contestó el Zorro Blanco-. Lo conocimos en Nívola. Parece que viene siguiéndonos desde allí. Ha resultado ser un asesino a sueldo.

Mai dejó escapar una risotada.

-No te puedes… fiar de nadie… en este lugar…

Pasaron varios minutos que a Mai le parecieron horas. Le pareció que en algún momento habían logrado dejar el intenso calor atrás. Debían estar en la pradera más allá de los árboles del Bosque Oscuro, ya que la luminosidad a su alrededor pareció aumentar repentinamente. Entonces sintió como la dejaban descansar apoyada en algún lado. Apenas podía ver nada.

-Tenemos que hacer algo. Creo que la han envenenado -decía la princesa, su dulce y preocupada voz sonando lejana y triste.

-Dejadla, princesa. Me temo que no vamos a hacer nada -contestaba Kaoru.

-¿Qué queréis decir? -insistía Katsura, y en ese momento hubo un golpe y el cuerpo de la princesa se desplomó junto al de Mai.

-¿Qué… haces? -logró proferir la shugenja sin entender lo que estaba ocurriendo. Las nieblas del veneno se espesaban cada vez más.

-Lo lamento, Mai -las palabras del Zorro Blanco se confundieron cada vez más en su profundo sopor-. Antes tenías razón. No te puedes fiar de nadie.

Y Kadama Mai cayó inconsciente.


Frontera entre el Bosque Oscura e Inkairu, Terra Norte. 15 de Marmadarim (III) del 1509 d.S.

El viaje de Mai, Katsura y Kaoru comenzó en Nívola y se ha extendido durante estaciones. El objetivo común de devolver a la princesa Katsura a su tierra parecía haberlos unido. Sin embargo, las razones por las que querer hacerlo son claramente distintas.

Mientras Yamamoto Katsura desaparece de nuevo, el feudo entre los clanes Yamamoto e Ishida sigue en auge, promovido por la Secta del Dragón; y una guerra contra Entanas en busca de su princesa ha llevado a los ejércitos inkaurianos a tomar Puerto del Alba y comenzar a avanzar hacia el corazón de Entanas.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

Ilustración creada en Dall-E 2

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Realeza y Estirpe

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-¡Púdrete, traidor!

El soldado empujó a Steve Parvel a una minúscula celda de muros de piedra, haciéndolo tropezar y rodar hasta chocar contra la pared. La puerta de barrotes metálicos se cerró tras él, seguido de una sarta de insultos entánicos que fueron perdiéndose en la distancia.

-¿Os encontráis bien? -preguntó una voz de mujer, débil pero preocupada.

-Sí, estoy bien. No te preocupes -contestó Parvel, incorporándose con dificultad-. No me duele tanto el cuerpo como mi orgullo.

La mujer dejó escapar una risa débil.

-Reconozco vuestra voz. Sois el general del ejército entánico, ¿no es así? Steve Parvel. ¿Qué hacéis aquí?

-Ya no soy general, me temo -contestó el soldado con amargura que rápidamente se convirtió en sorpresa-. Llevo viajando desde hace dos estaciones para poder hablar con mi Rey y son sus órdenes las que me han arrojado aquí. Mis esperanzas de poder salvar a Entanas, de hacer a los reyes entrar en razón, se han ido. La Secta ya ha sentado sus raíces. Temo que ni siquiera los Dioses puedan salvarnos.

>>Pero no puedo evitar preguntar: ¿quién eres? ¿Cómo es que me conoces?

Unos pasos, cada vez más sonoros, fueron acercándose con rapidez. La mujer, a la que apenas había logrado echar una ojeada, le increpó alarmada:

-Tumbaros y no llamad la atención. No digáis nada o estaréis en peligro. Hacedme caso.

Aún más sorprendido, en especial por el tono imperativo de la mujer, Steve obedeció. Se tumbó con rapidez sobre la paja húmeda que pretendía hacer las veces de catre y se quedó en silencio.

Los ominosos pasos fueron acercándose con rapidez hasta que se detuvieron junto a la entrada de la celda. El sonido de una llave en la cerradura oxidada hendió el silencio y el chirriar de goznes metálicos lo sobresaltó, mas Steve cumplió la orden recibida y se mantuvo inmóvil.

-¿Cómo habéis pasado el día, majestad? -la voz cascada, grave y afilada de otra mujer resonó entre las solitarias piedras de la prisión. 

Steve se estremeció. No hubo respuesta.

-Imagino que no estaréis muy cómoda, pero me temo que no podemos hacer gran cosa al respecto.

Varios pasos, con ritmo pausado y amenazador, se sucedieron dentro de la celda.

-O quizás sí -continuó la peligrosa mujer-. Debéis notarlo ya, ¿no es así? Vuestro retoño y su… infrecuente… naturaleza.

-No sé de qué habláis.

Parvel reconoció por fin la desafiante voz de Bella Sigheon, Reina de Entanas. Mas, ¿no había sido ella, junto con el Rey, quien había dado la órden de encarcelarlo por traición? La sospecha de una nueva conspiración, un nuevo engaño perpetrado por la Secta del Dragón, se abrió paso en su mente.

-Sí que lo sabéis -prosiguió diciendo la desconocida-. En el estado en que os encontráis ya podéis sentir algo que extraño… anormal. Simples sensaciones, quizás, de tranquilidad o de miedo, que no son vuestras. Una consciencia aún por nacer, comenzando a tantear ya el mundo.

>>No sois la primera mujer a la que veo en este estado. Ni seríais la primera a la que alivio de la carga de cuidar a un… mestizo. Una monstruosidad que no encajará jamás en este mundo.

-¡No me toquéis! -gritó Bella Sigheon, tras lo que se produjo el silencio.

-No lo entendéis -comenzó a decir de nuevo la desconocida con lentitud-. No os imagináis lo que significa vivir en un mundo donde eres odiado por ser diferente. Donde ves cómo la humanidad se devora a sí misma e intenta llevarte a ti por delante. Pero no lo logra. Eres mucho más que humano, mucho más que cualquier criatura viviente. Eres casi un Dios

Una pausa, varios pasos en la celda contigua. Un llanto atragantado, lleno de miedo.

-El poder está bien… durante un tiempo. Pero luego descubres su origen, descubres la magnificencia y la gloria de un pueblo que es el tuyo… solo que no lo es. Para los Alados también eres un paria. Un deshecho que no merece siquiera una mirada o un poco de atención.

>>Y así pasas tus días. Esperando a que los humanos con los que te has criado mueran de viejos mientras tú mantienes tu juventud. Deseando la atención de quienes deberían haber sido tus padres. Pero no importa el poder que obtengas, no importa cuánto prolongues tu vida… Nunca serás uno de ellos. Nunca serás nada más que un despojo.

>>¿Es eso lo que deseas para tu hijo?

-No, eso no va a ocurrir -murmuró Bella, su voz apenas perceptible a través de los barrotes que separaban sus celdas.

-Ingenua. Inconsciente… Despiadada -la conminó la desconocida-. Ya he visto esto en otras ocasiones. Ya he encontrado madres que han prometido su vida por un hijo al que no podrían comprender. Y tú estás a punto de repetir ese error. Esa crueldad.

>>Yo puedo evitarlo. Incluso aunque no quieras…

-¡Detente!

Steve Parvel se levantó de golpe y de un salto llegó hasta los barrotes. Alargando los brazos intentó asir la figura de la mujer que, vuelta de espaldas hacia él, amenazaba a su Reina. Sus brazos estuvieron a punto de asir el pelo rubio platino de la figura cuando, de repente, se detuvieron. 

Los ojos púrpura de la desconocida lo taladraron con dureza, con un profundo odio. Y como si fuese un golpe, ese odio se coló en su cabeza y lo aprisionó, impidiéndole moverse. Sin poder mantener el equilibrio, con los brazos todavía extendidos entre los barrotes, el General acabó deslizándose hasta quedar tendido en el suelo. Sus músculos no respondían por más que lo intentaba.

-¡Basta! Dijisteis que no nos haríais daño -gritó Bella, saltando desde su catre hasta llegar al cuerpo inerte de Steve Parvel-. Ni a mí ni a nadie. Ya controláis Escisión: sus nobles, sus ejércitos… No nos torturéis más.

La extraña mujer de ojos violeta alargó un brazo hacia la Reina pero se detuvo de repente, como si dudase. Acto seguido se dió media vuelta y abandonó la celda cerrando la puerta metálica tras de sí.

-Cometes un error -dijo la cruel mujer mientras se alejaba.

Los brazos de Steve volvieron a responderle por fin, justo a tiempo para sostener entre ellos a la sollozante monarca.


Mazmorras de Escisión, capital del Reino Entánico. 15 de Marmadarim (III) del 1509 d.S.

La humanidad en la Terra Norte continúa, en gran medida, inconsciente de la amenaza y la manipulación de los poderosos seguidores de la Secta del Dragón. Sus complots, aunque a menudo retrasados e impedidos por diversos grupos de supuestos héroes, no han logrado desbaratar una organización cuyas raíces se encuentran muy profundamente enterradas en la política entánica.

Y aún dentro de los complejos entramados políticos, algunos continúan inmersos en una lucha personal que bien podría resultar eterna. Llevados por el odio, los conceptos de caridad y crueldad pueden tornarse muy confusos.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

Ilustración creada en Dall-E 2

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Tentación y poder

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Jassor despertó de golpe, una voz en su cabeza susurrando palabras incomprensibles. Una presencia, una compañía que le había abandonado desde hacía estaciones pero que, una vez más, volvía a sentir.

¿Marmain? -preguntó el ex-sacerdote, confundido-. ¿Estás ahí?

Un aura de tenue luz azulada envolvió sus manos, contestando dulce y tranquilizadoramente a su pregunta. Jassor no pudo contener las lágrimas. La Diosa había vuelto.

¿Pero cómo? Jassor era consciente de que su Diosa, en realidad, no existía. Tampoco era Marmain, la atlante, la que se dirigía ahora a él. Y el orión resquebrajado, a salvo en un cajón a su lado en su habitación del castillo de Puerta de las Tormentas, no parecía tampoco la causa. ¿Qué era lo que había ocurrido?

-Búscame, Jassor -susurraba ahora la voz-. Búscame y toma tu lugar como Elegido.

-¿A quién debo buscar? ¿Estás en Terra? ¿En Gaia?

Una imagen acudió entonces a su mente. Una torre de piedra blanca y azulada se alzaba en soledad, rodeada de escarpados picos cubiertos de nieve y de empinadas laderas. La imagen cambió: una muralla de piedra entre las montañas, eterna, junto a la que yacen los restos de lo que pudo haber sido una fortaleza o un monasterio. Y aún más allá, hacia el norte, recorriendo valles y cadenas montañosas, dejando atrás huestes de criaturas de aire y viento, hordas de orcos, drow y humanos batiéndose en liza; atravesando las tierras de Entanas hasta ver las huestes de la Sombra, sus degeneradas criaturas ennegrecidas y rabiosas, las sombras verdes que vociferaban armados con lanzas venenosas, vadeando el río que separa el resto de Media Esuarth de la ciudad fortaleza de Puerta de las Tormentas; y más allá hasta verse a sí mismo, su rostro desencajado por el asombro y la confusión.

-Te estoy esperando. Siempre te he estado esperando -susurró de nuevo la voz-. Eres mi Elegido. Ven y reclama lo que es tuyo… antes de que desaparezca.

-¿De que desaparezcas? ¿Por qué vas a desaparecer?

La voz no contestó y la luz que envolvía sus manos se deshizo en pequeñas llamaradas azules. Sin embargo, Jassor no se sintió de nuevo solo. De alguna forma sabía que podía volver a llamar esa luz, que podía convocar todo el poder de su Diosa… o de la Torre en la que este poder residía. Y podía hacerlo sin limitaciones. Mucho más poder, además, del que había soñado tener nunca.

Unos ligeros golpes sonaron desde la puerta de su habitación, que se abrió junto a las palabras de una mujer de noble cuna.

-Disculpadme, mi señor, pero no he podido evitar reconocer vuestra voz desde el pasillo. Me ha parecido que sosteníais una conversación con alguien. Mas, ¿con quién, a esta hora de la mañana cuando apenas hay nadie vagando por el castillo? 

Una mujer de aspecto ágil y refinado se internó en su cuarto. Sus ropas eran sencillas: justillo de cuero y camisa de manga ancha, pantalones ajustados y botas de suela blanda; y sin embargo su porte era regio, confiado y digno, el de alguien acostumbrado a moverse entre la alta alcurnia desde su más tierna juventud. Parecía muy preocupada y aliviada al ver a Jassor de una sola pieza, una congoja que quitaba cualquier importancia al hecho de que ahora se encontrase en la habitación de un compañero donde no había sido invitada. Cordelia continuó hablando:

-Me ha sobrevenido un leve acceso de pánico al pensar en vuestra seguridad, pues me habéis parecido asustado. Sin embargo, veo que os encontráis bien, aunque por el rubor de vuestras mejillas sugeriría que quizás queráis algo de agua -y mientras hablaba tomó uno de los vasos de cristal de la lacena del cuarto y vertió algo de agua clara de una botella que había al lado. Se la llevó al consternado sacerdote y, sentándose en una silla a su lado con total naturalidad, concluyó-: Decidme, ¿acaso dormíais?

-No, no… no os preocupéis, Cordelia… mi señora -contestó Jassor, todavía sorprendido ante la inesperada visita y sin saber exactamente cómo dirigirse a ella-. Solo estaba reflexionando. Hay tantas cosas sucediendo a la vez…

-Sin duda tenéis razón -contestó Cordelia mientras posaba su mirada en la ventana del cuarto y en el neblinoso paisaje más allá-. Nos acecha el enemigo a las puertas de nuestra ciudad. Me pregunto si se atreverán a cruzar el río.

Ya lo están cruzando -dijo el ex-sacerdote con gesto ausente. 

Cordelia llevó su mano a su pecho, ligeramente estremecida.

-¿Cómo lo sabéis? ¿Habéis empleado vuestra magia? -y la astuta mujer dedicó una significativa mirada al cajón donde reposaba el resquebrajado orión-. Debéis tener cuidado con ese artefacto. Es muy peligroso.

-Entiendo vuestra reserva. Y tenéis razón: es peligroso. Precisamente había venido hasta aquí buscando al portador de otra de estas reliquias aunque… me temo que he llegado demasiado tarde.

>>Decidme, ¿lo conocíais bien? 

Cordelia no contestó durante unos segundos. Si bien su rostro permanecía impasible como hasta ahora, estaba claro que la pregunta la había perturbado. Por fin respondió, sus palabras destilando una profunda tristeza.

Rhodas era un gran compañero de aventuras. Misterioso, distraído… pero inteligente y entregado. Un buen hombre.

>>Sin duda, fue ese condenado artefacto suyo el que se lo llevó. Si hay algo que podemos sacar en claro es que el poder corrompe. A todos: ya sean vasallos, pordioseros, nobles o reyes.

La mujer guardó silencio. Jassor se dio cuenta de que sus manos temblaban levemente antes de que Cordelia posase sus ojos en los suyos:

Desearía que hubiérais podido conocerlo.

Jassor supo que su compañera no había pronunciado nunca antes palabras más sinceras.


Castillo Ducal de Puerta de las Tormentas, capital de la provincia Media Esuarth, acualmente independiente. 15 de Marmadarim del 1509 d.S.

Existen numerosos artefactos en Vilia que han sido creados en los últimos siglos. Más allá de la comprensión los meros humanos, aquellos que han tenido la fortuna, o la desgracia, de hacerse con alguno de ellos pueden ser los primeros en descubrir los profundos cambios que la Llama de los Elfos trae consigo.

Los sacerdotes de las fés humanas, dependientes de antiguos artefactos creados por los atlantes en las Montañas Azules, descubren de repente que su conexión se renueva y fortalece tras el flujo repentino de magia. Pero, ¿cuál serán las consecuencias de dicho aumento de poder?

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Autor: Ricardo García

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El despertar de la magia

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Timmy se escabullía entre los árboles y arbustos del Bosque de Kurlov con agilidad, algo que un joven de doce años de un poblado como Illya Assai haría con normalidad en un día cualquiera. Sin embargo hoy, como cada día de los últimos diez días, la excitación y la alegría habían dado paso al miedo y al horror.

El muchacho se detuvo a coger algunas bayas más con las que completar las nueces que portaba en el faldón de su camisa y no pudo evitar dedicar una mirada rápida hacia el sur, donde hasta hacía poco había estado su casa. Entre los árboles pudo vislumbrar una columna de humo negro que se alzaba en espesos nubarrones. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero las contuvo con fuerza mientras tomaba algunas bayas más. Su hermana le hubiese reñido por detenerse.

En ese momento algo lo empujó con fuerza y lo hizo chocar contra el tronco de un árbol inmenso. El dolor fue espantoso, pero más intensa aún era la preocupación por toda la comida que había estado recopilando y que ahora se hallaba desparramada a su alrededor. Una risita estremecedora y cruel lo detuvo, sin embargo, helando la sangre en sus venas.

-Parece que hemos encontrado un cachorro perdido -dijo una voz siseante en una horrible tergiversación de la lengua común.

Timmy intentó incorporarse pero una mano con garras y recubierta de un ralo pelaje verde lo empujó de nuevo entre risas. Con miedo, el niño se volvió para enfrentarse a dos criaturas vagamente humanoides, cubiertas de pelo verde y con brazos largos terminados en manos fuertes de dedos ahusados. Sus ojos negros lo observaban con malicia, saboreando su miedo.

-No, por favor… -suplicó Timmy entre lágrimas-. Llevaos la comida. Por favor, no me hagáis daño.

Una de las criaturas simiescas se adelantó y agarró al niño por el cuello, alzándolo del suelo entre risas. Timmy no podía respirar. Pataleó con toda la fuerza que tenía, pero no logró escaparse. Un potente calor comenzó a llenar su pecho.

-Tú eres la comida -dijo la cruel criatura con una amplia sonrisa de dientes rotos.

Y entonces el calor que Timmy había sentido en su pecho subió por sus brazos hasta sus manos y abandonó su cuerpo en una potente llamarada que envolvió a su captor. Timmy cayó al suelo mientras el ser de pelaje verde gritaba de dolor, rodando sobre la pinaza e intentando detener, sin resultado, el fuego de llamas violeta que bailaba sobre su cuerpo.

La otra sombra verde lanzó un grito cargado de extrañas palabras que no podían ser otra cosa que una maldición. Se lanzó hacia Timmy, que todavía tosía indefenso, empuñando un cuchillo de hueso. Y en el mismo momento en que hizo descender su arma, otra figura musculosa y de piel gris la embistió, lanzando al malvado simio por los aires.

Timmy pudo ver otra criatura de aspecto humanoide, de amplias espaldas y con piernas y brazos abultados. Su rostro parecía casi humano pero su nariz era achatada y no tenía pelo en la sien. Sus ojos pequeños y su boca amplia le recordaban a los de un cerdo, pero sus ojos rojos, desbordantes de ansia de sangre, despejaban cualquier parecido con el animal de granja. En sus manos portaba una enorme hacha que alzó de nuevo para dejar caer contra la sombra verde.

El niño no esperó a ver qué sucedía. Incorporándose, se lanzó a la carrera y desapareció entre los árboles. Durante muchos días no podría dejar de soñar con monstruos.


El orco acabó con su presa con facilidad, limpiando la hoja de su hacha contra el sucio pelaje de la sombra verde. Se volvió hacia el otro cuerpo chamuscado que yacía inerte y lo empujó con el pie. Decepcionado, el orco soltó un bufido y se dió la vuelta para marcharse.

El peso de una raíz enorme cayendo sobre su cabeza le impidió hacerlo. Tanto el orco como el cuerpo de la sombra verde desaparecieron ante una enorme mole de madera y hojas que, con un movimiento lento y fluido, sentó sus raíces donde habían estado ambas criaturas. Sus ramas se mecían al ritmo de un viento que no corría en ningún otro lugar del bosque. Sus hojas susurraban suavemente, un mensaje urgente a otras criaturas del bosque, a otros de sus guardianes.

Pero el mensaje, para el ent y para su progenie, era claro: el mundo había cambiado. La magia había vuelto. Y la tierra, el cielo y los seres que la protegen debían volver a alzarse, una vez más, para contenerla.

Al fin y al cabo, ¿qué podía traer de bueno una energía caótica como esa?

Absolutamente nada.


Sur de Bosque de Kurlov. Comarca de Endia Assai, Provincia de Media Esuarth, actualmente independiente. 15 de Marmadarim del 1509 d.S.

El regreso de la magia coincide con una época tumultuosa. Tanto aquellas regiones que no estén envueltas en conflictos bélicos, la provincia de Media Esuarth y el norte del Bosque de Warath entre ellas, como aquellas que han logrado evitarlos hasta ahora pueden notar los cambios.

Algunos efectos son enormes, como el color del cielo o las montañas que explotan. Pero otros son pequeños, imperceptibles… Y puede que mucho más peligrosos.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

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Mensajero a Puerta de las Tormentas

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Neil Radler despertó de repente cuando su caballo tropezó con una grieta del camino y estuvo a punto de caer. Sobresaltado y con un creciente dolor de cabeza, el jinete tiró de las riendas para detener a su montura, algo que el animal obedeció agradecido. 

Parches de nieve cubrían la hierba corta y los matojos ralos a su alrededor. Pequeños árboles moteaban el paisaje, aumentando en densidad y altura a medida que las millas de praderas baldías daban paso a las montañas del Yunque de Sior.

Los restos de una destrozada torre de vigía, despojos de la última guerra entre los reinos Entánico y Westfalli, se erguían todavía tercamente sobre una pequeña loma del ondulado terreno mientras los azotaba el viento. 

Neil conocía bien aquél paisaje. Hacía casi un par de décadas que no pasaba por allí, pero no había cambiado en absoluto: esta región baldía del oeste de Media Esuarth no había sido habitada nunca. Ello se debía, por un lado, a la escasez de agua y las temperaturas extremas producto de los vientos cálidos de las Tierras Ralas; y por otro lado a las profundas costumbres supersticiosas de los esuarthianos. Al fin y al cabo, ¿quién querría construir su casa sobre unos campos regados por la sangre de tanta gente?

Agua. Neil se dió cuenta de repente de que estaba sediento. Echó la mano instintivamente a su odre pero volvió a dejarla caer con un gemido: hacía más de un día que estaba vacío.

-No puedo parar ahora. Estoy tan cerca…

Neil azuzó a su caballo, que comenzó a andar en dirección sureste entre relinchos que mucho tenían de queja. El hombre era consciente de que el animal estaba mucho más cansado que él. Sin embargo, también sabía que no tenía más remedio que seguir forzándolo. Debía llegar a Puerta de las Tormentas lo antes posible y encontrar a los dragoon. Encontrar a su hija. Tenía que avisarlos de lo que había sucedido en Westfallas-Nova tras la marcha de Kuthan. Tenían que saber que los Reyes Westfalli…

Por fin Neil atisbó lo que estaba buscando: el camino comercial viraba entre las onduladas praderas, una larga lengua bañada por la luz dorada del sol.

Y entonces se dió cuenta: ¡el cielo había cambiado!

Hasta el día anterior tanto el firmamento como las nubes y el sol habían estado cubiertos de un tono rojizo parecido al de la sangre, un malhadado presagio que había puesto los pelos de punta a toda la Terra Conocida. Así había sido desde mediados de Sureolom, hacía ya dos estaciones. ¿Qué había ocurrido?

-Si no supiera que los Dioses no nos responden, daría las gracias a Eolo por traernos de nuevo el cielo.

Pero su alegría quedó cubierta rápidamente por la preocupación: los acontecimientos estaban ocurriendo demasiado rápido. Algo había cambiado en Vilia y, dada su suerte, no podía ser nada bueno.

Neil guió a su caballo hasta el camino y pudo ver el Bosque de Kurlov apareciendo al sur unas millas más adelante.

-Ánimo compañero -susurró a su caballo-. Nos detendremos en el bosque para beber y, con suerte, comer algo. Pero no podrá ser mucho tiempo. Nos esperan en Puerta de las Tormentas.

El caballo relinchó con fuerza y Neil lo azuzó, aprovechando su energía y lanzándose al galope.


Oeste de la provincia de Media Esuarth. 15 de Marmadin del 1509 d.S.

Vilia comenzó siendo una historia de familia y de ladrones. Es en los momentos más duros que tanto unos como otros deben demostrar de qué están hechos realmente.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

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El 2021 en perspectiva

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Hace mucho que no me lanzo a escribir en este blog y siento que es necesario hacer una introducción ahora que pasas por aquí, ya seas nuevo interesado o viejo compañero de aventuras.

Me llamo Ricardo García y soy el coordinador de Vilia. Soy la persona que, desde 2004 aproximadamente, ha estado imaginando un mundo de fantasía épica medieval, muy inspirado en la cultura gamer, pop y literaria de la época y de mi niñez. Producto de una partida de rol que pasaría a convertirse en una campaña, decenas de compañeros y amigos han colaborado para que tanto el mundo como la historia que hemos ido creando juntos vaya creciendo.

Vilia se ha ido transformando en muchas otras cosas, entre ellas una Iniciativa y un proyecto al que le he dedicado muchas horas y mucho cariño. Fruto de ello es este blog, en el que he tenido la suerte de que amigos y colaboradores hayan dejado su marca en forma de historias, ilustraciones e ideas.

Actualmente, tanto este blog como la mayor parte de las actividades que tienen que ver con el proyecto que emprendimos en 2017 están detenidas. Y lo seguirán estando. Sin embargo, hay otros aspectos de Vilia que, por el cariño que les tengo y por las oportunidades que me han brindado a lo largo de los años de conectar con personas increíbles y entrañables, no dejan de aparecerse en mis pensamientos una y otra vez.

En estos años he tenido la oportunidad de reflexionar mucho acerca de qué quiero y, sobre todo, qué puedo hacer con Vilia. Y me doy cuenta de que lo que lo segundo no es tan amplio como lo primero. La vida continúa y las circunstancias personales cambian. Me toca, pues, elegir mis batallas.

2021, en este sentido, me ha brindado la oportunidad de enfocarme y de ponerme en acción. Con el contexto de la pandemia global en el que aún hoy seguimos inmersos, he podido examinar lo que dejamos abierto, plantar ideas y dar algunos pasos en el objetivo que tengo en mi mente actualmente: comenzar el capítulo 5 de la campaña de Vilia – Avatares del Renacer.

Un objetivo que, con toda honestidad, me había marcado para 2021. Y si bien el año se ha quedado corto, no ha sido en balde. Tal y como te cuento a continuación.

Revisando el Capítulo IV

Puede parecer que no, pero hace ya casi cuatro años desde que cerramos el Capítulo IV: Caminantes de Planos a finales de Enero de 2018.

A lo largo de ese capítulos hemos desarrollado muchas tramas e historias diferentes:

  • Lidiamos con las consecuencias de la Batalla de Media Esuarth, tras la cuál el poder psiónico se cortó completamente en la Terra Norte. Esto tuvo consecuencias sobre la Secta del Dragón y sus aliados, dificultando su comunicación y su coordinación por la región. La consecuencia es que bandas de orcos liderados por magos y sacerdotisas drow han estado recorriendo la región a sus anchas, aterrorizando a los habitantes de Westfallia y Entanas.
  • Descubrimos que Thrain continúa vivo, liderando a los atlantes, las huestes de Bahamut y, por extensión, a las de la Secta del Dragón.
  • Ashazaar e Ishilia se aliaron con los atlantes para intentar capturar a los dragoons, muriendo Ishilia en el proceso y siendo resucitado un vez su cuerpo volvió a Gaia
  • Hemos explorado la historia de Idan e Iridal Kant, ambos venidos desde otro plano. Amnésico uno y marcada la otra por uno de los Señores del Abismo: Graz’zt, ambos parecen estar envueltos en una profecía insalvable de perdición.
  • Lidiamos junto a Kaith, Ashazaar y Dart-Dos con las consecuencias de la determinación del tiempo y del destino en Vilia, habiendo tomado la forma de una poderosa criatura conocida como «el Caballero».
  • Los dragoon localizaron una nueva Piedra del Dragón en las heladas estribaciones de Nebin, acordando una tregua temporal con sus eternos enemigos y, por entonces, con Ashazaar e Ishilia.
  • Kuthan se ha enfrentado a ciertos de sus demonios personales, sembrando el comienzo de lo que puede convertirse en el primer ejército preparado para enfrentarse a las criaturas mágicas y los lanzadores de conjuros: las Plumas Negras.
  • Mientras, Hansi Belmont y su grupo de campeones de Media Esuarth han estado intentando pacificar la región, descubriendo en último término que la amenaza de un ser sombrío en el Bosque de Warath se cierne sobre ellos y, potencialmente, sobre toda la Terra Conocida.
  • Taryc intentó llegar a un pacto con el propio Thrain en la capital atlante, en Gaia, que, aunque apoyada por Ashazaar y ciertas facciones atlantes, no pudo materializarse.
  • Sigmund y Saryvon lograron internarse más allá de Vilia, explorando el plano etéreo y descubriendo muchos de los secretos allí guardados acerca de los orígenes de Vilia.
  • Taryc, Kuthan, Ashazaar y Nessa viajaron a los confines de Gaia, explorando el legendario bosque de Ahn-Quessire y descubriendo el paradero de la hasta entonces desaparecida civilización élfica.
  • Trece personas abandonaron el plano de Vilia en busca de un legendario artefacto que contiene la energía mágica de Vilia: la Llama de los Elfos. En este viaje, Nessa acabó de descubrir su conexión con la Llama como fuente de su poder mágico y decidió su destino: que la magia volviese a Vilia a cambio de volver a fundirse con el artefacto.

Éstas son solo algunas de las historias que creamos y compartimos a lo largo de este cuarto capítulo de la campaña. A lo largo de este año he podido revisar el registro de todas estas aventuras, catalogar la documentación existente y establecer una linea temporal desde el comienzo de la campaña hasta la actualidad. El trabajo ha requerido muchas horas de organización documental, así como de síntesis y adaptación en los casos en los que decisiones llevadas a cabo en los últimos años, como la ampliación de la geografía de Vilia y la creación del calendario, lo hicieran necesario.

Ahora disponemos por fin de las fechas exactas en las que la campaña comenzó. Considera la nueva geografía de Vilia, más extensa de lo inicial.

Esta organización era muy necesaria. Son muchos años de partida, de historia y de escritura dispersa en muchos lugares. La wiki pretende ser un punto central para toda esta documentación y conocimiento, pero requiere tiempo y no es sencillo pasar la documentación manuscrita que llevo elaborando todos estos años.

Todos los documentos que se han generado a lo largo de los años están ahora indexados y organizados en carpetas.

Y sin esta organización y la consecuente vista atrás no hubiera sido posible plantear la…

Preparación del Capítulo V

Si bien la tarea de ver todo lo ya narrado es enorme, el plantear como continuar y terminar las tramas abiertas lo es más aún. Y sí, digo terminar, porque una de las decisiones más importantes que trae consigo el capítulo V es la de cerrar tramas en lugar de seguir abriendo otras nuevas.

Sin embargo, el número de tramas que existen actualmente es tan grande (o más) como el número de personajes y, por extensión, jugadores que ha habido activos en la campaña. Si bien durante el capítulo IV he llegado a dirigir a seis grupos diferentes, las limitaciones que me impone la vida me obligan tener que limitar el número de grupos y, por consiguiente, el número de personas que pueden participar en la campaña durante el próximo capítulo. Y esto me obliga, así mismo, a priorizar las tramas que trataremos y que intentaré (siempre con la venia y el interés de los jugadores que quieran explorarlas) enlazar en las partidas.

Durante el capítulo 4 llegué a dirigir seis grupos de forma concurrente. Sin embargo, ¡en algún momento llegamos a tener un Grupo 7!

Durante el 2021 me propuse limitar el número de personajes (y jugadores) a 10, idealmente divididos en dos grupos. Así mismo, mi intención inicial es orientar las tramas y los temas a explorar en cierta dirección, de la que doy ejemplos sin querer entrar en detalles:

  • La vuelta de la magia y de los elfos a Vilia.
  • El desarrollo de Media Esuarth como punto intermedio entre las potencias humanas de la Terra Norte.
  • La Guerra entre Thrain y Levain en las Montañas Azules.

Esto no significa que no tratemos otros muchos temas (y tramas) que hemos dejado pendientes durante el último capítulo. Pero sí hace que ciertos arcos narrativos se separen ampliamente de este foco. De nuevo, algunos ejemplos:

  • La historia de Mai y Katsura en su camino a Inkairu
  • La historia de Truy y la búsqueda de su hermano
  • La gestión en detalle de las tierras que algunos personajes (como Taryc, Aldur y Kuthan) han adquirido
  • Las tramas centradas en la naturaleza del plano de Vilia y su historia antigua

Con esto no pretendo que estas tramas desaparezcan de la aventura. Se trata de una decisión tomada en aras del pragmatismo: no dispongo de tiempo ni capacidad suficiente como para seguir llevando todas estas historias en paralelo. Sirve además para otorgar un ya mencionado foco a esta parte de la historia, algo que creo que se agradecerá por los participantes.

Abarcar demasiadas historias puede ser contraproducente para director y jugadores

Tampoco significa esto que no podamos llevarlas a cabo en el futuro: francamente, desde el punto de vista de la historia, veo factible la existencia de un sexto capítulo y no descarto la existencia de un séptimo. Y siempre está la posibilidad de hacer spin-offs si hubiera oportunidad e interés.

Con todo esto, os puedo decir que ya dispongo de una estructura general inicial para el capítulo, así como las primeras tramas que creo que podremos explorar en las primeras partidas. Y digo inicial porque tengo claro que en una campaña de rol los planes están solo para volver a hacerlos: son los jugadores, a través de sus personajes y su interpretación, quienes tendrán la agencia de decidir qué hilos narrativos exploraremos primero y cuales, incluso, no se explorarán en absoluto y seguirán su curso sin ninguna intervención de los jugadores.

Lo bueno de este plan inicial es que, gracias a él, dispongo ya de una idea sobre qué ocurrirá si los personajes no intervienen en estas tramas en absoluto.

Cambios de Gestión… en Media Esuarth

Nuestra ciudad favorita todavía está necesitada de reconstrucción y atención

Uno de los puntos que más he trabajado a lo largo del 2021 ha estado relacionado con la gestión de posesiones (tierras, ciudades, etc). En particular, la gestión de la ciudad de Media Esuarth es especialmente importante, ya que es uno de los temas a tratar durante el capítulo V.
Por cierto: la ciudad de Media Esuarth también es conocida como Puerta de las Tormentas, en caso de que no hayas participado en la Iniciativa Vilia durante 2018.

Al comienzo del capítulo IV, el Archiduque de Media Esuarth Lucius Graham cedió el control y la gestión de la ciudad y de las tierras circundantes a un Consejo a cargo de Maeron Thosbale, paladín caído de Sior y compañero de armas de los Dragoon. Durante años, este grupo, formado por varios jugadores que decidieron aportar sus ideas y (en algunos casos) su mezquindad política a la causa, ha discutido y acordado decisiones sobre la ciudad en un tira y afloja apasionante. El medio: el correo electrónico.

Debo decir que la experiencia por mi parte ha sido muy positiva: algunos personajes han elaborado complejos planes que persiguen el éxito tanto de sí mismos como, frecuentemente en segundo lugar, la propia ciudad. Considero que estas historias, centradas en la política y en los juegos de poder, todo ello enmarcado en un ambiente medieval fantástico, son de las mejores que hemos creado juntos. El roleo, aun a pesar de ser por escrito (o quizás debido a ello), ha sido profundo y bien desarrollado. Y si bien el ritmo de la partida ha sido enormemente lento debido, precisamente, al medio de comunicación, durante mucho tiempo este ritmo no ha supuesto una molestia para el resto de tramas y grupos. Ambos se han desarrollado en paralelo, requiriendo tan solo un pequeño esfuerzo extra por mi parte para llevar un control de todas las comunicaciones y puntos de encuentro entre ellos.

La gestión del consejo requería cierta información general que todos los participantes recibían por correo electrónico. Empezamos recibiendo un correo por día de tiempo de juego. En el último caso intentamos ampliarlo a 7 días para que fuese más fluido.

No todo ha sido de color de rosa: con el pasar del tiempo, el ritmo lento de la partida se ha ido convirtiendo en un problema. Lo es ahora, de hecho, ya que tras haber terminado el viaje entre planos que sirvió de clímax del Capítulo IV, la gestión de Media Esuarth cuenta con casi dos meses (de tiempo de juego) de retraso. Además, los aspectos de gestión m´ás detallados han acabo por demostrarse innecesarios.

Por ello, con el capítulo V he decidido que vamos a gestionar Media Esuarth de una forma distinta. En particular vamos a hacer uso de las reglas de gestión de reinos detalladas en Pathfinder, en el manual Ultimate Campaign. Puedes ver las reglas originales en inglés aquí, y en los próximos meses pretendo publicar en la wiki un extracto de las mismas en español en este enlace.

Ya está preparada la ficha de control de la región siguiendo las reglas de Ultima Campaign. Podremos compartirla a través de Google Drive.

En ellas, la gestión de la ciudad y del resto de la región se simplifica enormemente. Proponen una ficha de control para las ciudades y es posible gestionar el control de la región a través de un mapa hexagonal.

Estos dos aspectos son algunos de los que he estado trabajando en 2021 y que supondrán un cambio para la partida. La implicación, por ello, es que la partida por correo electrónico queda, esta vez definitivamente, detenida en pos de este nuevo método de gestión. Más aún: muchos de los antiguos participantes no participarán en este nuevo método de gestión, en principio, con la idea de continuar con el propósito de limitar tramas, personajes y grupos que manejar en paralelo. Serán los jugadores que participen en la partida quienes, una vez al mes en tiempo de juego, tomen las decisiones de gestión necesarias para que la ciudad y la región continúen creciendo.

También dispondremos de un mapa hexagonal de la región

A pesar de ello, si te encuentras echando de menos la trama que llevabas a cabo y el personaje que interpretabas, ponte en contacto conmigo y vemos qué podemos hacer al respecto. En caso contrario, y como siempre, muchísimas gracias por el tiempo que has compartido conmigo y con el resto de jugadores de Vilia en esta parte de la historia. ¡Espero que puedas disfrutar el resto!

Jugando con seguridad

Decía al principio de este post que vivimos en una realidad dominada por una pandemia. Después de casi dos años parece que el COVID-19 no se va a marchar de nuestras vidas. Y aunque estoy convencido de que nos sobrepondremos y tendremos oportunidades de pasar tiempo cerca de nuestros amigos y seres queridos, la realidad es que aún nos falta bastante por andar para llegar a ese punto.

Es por ello que a lo largo de 2021 he estado explorando formas de continuar con la campaña considerando esta situación. Me alegro de poder deciros que me he decidido por un método concreto: FoundryVTT.

Se trata de una aplicación que permitirá a jugadores y director de juego conectarnos a un entorno virtual que nos servirá tanto de tablero como de repositorio de fichas de personaje. La aplicación es altamente personalizable, existiendo actualmente un proyecto para elaborar todo el SRD de D&D3.5 que te recomiendo que visites y que he utilizado para, aún más, personalizar este conjunto de reglas con las reglas específicas de Vilia.

En concreto, basándome en el sistema, he adaptado e implementado lo siguiente:

Personajes ya incluidos en Foundry. ¿El tuyo no tiene todavía imagen? ¡Envíamela pronto!
  • He implementado el sistema de Doble Clase y Multiclase de AD&D que utilizamos en Vilia
  • He adaptado el contenido y las reglas a las de 3.0, en la medida que seguimos usándolas. Por ejemplo, algunas clases siguen la progresión de D&D 3.0, como el monje y el pícaro
  • Al mismo tiempo, he creado muchas de las clases que no vienen en el SRD y que algunos de los personajes de Vilia utilizan. Algunos ejemplos: la clase Espadachín, la clase de prestigio Dagaconjuro, o la clase Explorador con el kit de 2ª del Justifier
  • Crear clases ha requerido, así mismo, crear muchas habilidades de clase y poderes que no existían
  • Las clases de Psiónico y de Guerrero Psiónico he tenido que crearlas desde cero. Como parte de estas clases he implementado también el sistema de Combate Psiónico de 3.0, con algunas modificaciones diseñadas para darle algo más de interés a dichas reglas
  • He migrado todos los conjuros que tenemos disponibles en Vilia a la aplicación. Y cuando digo todos, quiero decir todos los contenidos en los libros que utilizamos en Vilia, más alguno extra que algún que otro druida se ha traído de su viaje a Azeroth. Esto ha sido infinitamente más sencillo gracias a la labor previa de Beatriz Morales, a la que agradezco infinitamente, cuando ya describió todos los conjuros de druida de nivel 1 a 6. He podido ampliar este trabajo y el que yo mismo he ido realizando a lo largo de los años para llevar a cabo una migración en bloque de todos estos conjuros a la herramienta. Si bien la mayoría no están automatizados (eso requeriría mucho más trabajo), muchos cuentan con una descripción inicial y están configurados para que funcionen adecuadamente con sus correspondientes clases
  • Por último, he incluido a varios de los personajes que participarán en la partida, junto con todo su equipo. Como puedes ver en la imagen, algunos de ellos todavía no tienen avatar. Si es tu personaje, ¡pásame uno para poder configurarlo correctamente!
Algunos conjuros están descritos e incluso automatizados, pero el resto solo están nombrados actualmente. ¡Seguiremos necesitando libros por ahora!

Esta herramienta es increiblemente potente y continúa desarrollándose activamente hoy en día. De hecho, parte de las últimas tareas que he llevado a cabo han sido la migración de todo el contenido de la versión de Foundry 0.7.9 con la que comencé a trabajar en Abril de 2021, a la 0.8.9, que es actualmente la versión más estable.

Lo cierto es que la adaptación no es perfecta. Necesitaría dedicar todavía mucho tiempo para que así lo fuera. Podría explorar módulos, incluir y automatizar cientos de conjuros, explorar funcionalidades que todavía no he podido mirar… Pero contando con que el verdadero objetivo de esta aplicación, para nosotros, es la de permitirnos hacer tiradas de dados, controlar nuestras fichas de personaje y facilitarnos un espacio común donde poder jugar, creo que tenemos más que suficiente para empezar.

Aún así, si crees que me puedes ayudar con los puntos que he comentado antes y te apetece colaborar, igualmente, avísame y nos organizamos.

Algunas ideas más

El 2021 me ha permitido también aventurarme en otros sistemas de juego. No ha sido un año muy prolijo en cuanto a partidas (tan solo he comenzado a dirigir una campaña de Pathfinder 1e del Auge de los Señores de las Runas que avanza con mucha tranquilidad), pero sí me ha permitido leer algunas cosas nuevas que espero que pueda llegar a poner en práctica algún día. Como por ejemplo:

  • Las reglas de Savage Words
  • El escenario de campaña de Numenera, basado en las reglas del Cypher System
  • Una nueva lectura a las reglas de la Llamada de Cthulhu, en este caso en su sexta edición
  • Las reglas básicas de Pathfinder 2e
  • El Adventure Path de Hell’s Rebels de Pathfinder 1e
  • Un par de números del Adventure Path de War for the Crown de Pathfinder 1e, una campaña basada en política muy, muy prometedora
  • Un repaso a las reglas de gestión de reinos y de combate masivo del Ultimate Campaign de Pathfinder 1e
  • Algunas de las aventuras de Candlekeep Mysteries, de D&D 5e
  • Las reglas de Ánima, con muchos de sus libros de expansión, que nunca había llegado a leer al completo
  • Una revisión a las reglas básicas de Vampiro: La Mascarada

De todas estas lecturas saco ideas interesantes. Es una gozada poder sumergirse en la creatividad y la ambientación de ciertos escenarios de campaña y la frescura de nuevos sistemas de juego.

Numenera es uno de los escenarios de campaña más imaginativos que he leído en mucho tiempo. ¡Y tiene juego de PC!

Una de las ideas a la que llevo dando vueltas desde hace unos meses es la de crear una campaña de partidas episódicas ambientada en Vilia. Se desarrollaría en la época actual y estaría centrada en el punto de vista de los soldados y habitantes de Escisión, la capital Entánica, a medida que la vuelta de la magia y la intensificación del conflicto en las Montañas Azules les va afectando. Esto permitiría presentar los cambios bruscos en los que la sociedad humana se va a ver sumergido en los próximos meses de juego. Podríamos explorar las decisiones que algunas de esas personas están dispuestas a tomar para sobrevivir en un conflicto mucho más grande que ellos e, incluso, intentar prosperar si les fuera posible.

Para ello, partiríamos del ejército de Escisión como punto focal de la historia. A través de misiones específicas y autoconclusivas, la historia de fondo se iría revelando a medida que el conflicto atlante se va desarrollando en las Montañas Azules. Los jugadores y sus personajes podrían ser soldados u oficiales del ejército, artesanos, sabios o sacerdotes a servicio del mismo, o aventureros y truhanes reclutados para proteger la ciudad y el reino Entánico.

De esta forma, podríamos definir un conjunto de misiones en los que los jugadores, a través de sus personajes, podrían decidir participar. Cuando una de esas misiones cuente con el número de integrantes necesario, lanzaríamos esa partida y registraríamos lo que ocurriese, publicándolo posteriormente en la wiki para que todos los jugadores puedan estar al día… al menos de los eventos públicos. Ni que decir tiene que no todos los personajes tendrían que acudir a todos las partidas, lo que aportaría flexibilidad y permitiría que cada personaje se desarrolle en los temas específicos que le interesen. Podrían colaborar entre sí fuera de las partidas para establecer alianzas y pedir apoyo en determinadas misiones personales que, llegado el caso, podrían convertirse así mismo en semillas para más partidas.

Este tipo de campaña permitiría a los personajes (y jugadores) escoger qué misiones quieren llevar a cabo.

La idea es interesante, pero admito que también es compleja. Por un lado me gusta la dinámica de una campaña que no solo aportara flexibilidad a los jugadores durante las partidas, sino también fuera de ellas. Además, exploraríamos un aspecto de la campaña principal de Vilia que actualmente queda velado tanto por el nivel de poder de los personajes de la campaña actual como por el tipo de historias, mucho más existenciales y con apuestas mucho más altas, que pueden explorar con facilidad.

Por otro lado, soy consciente de que puede llegar a ser una campaña que requiera mucho tiempo para poder preparar y dirigir aún a pesar de que las sesiones fuesen autoconclusivas. A esto se suman otros puntos en contra:

  • Estaría dedicando tiempo a una campaña separada que no es la principal de Vilia. Llevar una sola campaña ya va a ser difícil.
  • Temo que, inevitablemente, no pudiera encontrar el tiempo necesario para mantener la campaña más allá de sus primeros compases.
  • Requiere trabajo adicional para registrar y coordinar las diferentes partidas y esfuerzos de los jugadores.
  • Dependería también de, potencialmente, un número importante de jugadores, lo que aumenta la complejidad: coordinación para quedar, implicación de los jugadores a lo largo de tiempo que, como nos pasa a todos, puede variar según nuestras circunstancias…

Quizás apoyándome en otros directores de juego podríamos llegar a organizarnos lo suficiente como para que la campaña tuviera más movimiento que si dependiese solo de mí… como digo, es algo a lo que le doy vueltas.

Quedaría pendiente por aclarar también el sistema de juego que utilizaríamos. Ahora mismo estoy entre tirar por los juegos retro y volver a AD&D, o probar algo nuevo e intentar lanzarla con Savage Worlds o Pathfinder 2e.

En definitiva, una de las ideas que exploro en mi cabeza y de la que estaría encantado de recibir opiniones.

En conclusión…

Sigo vivo y sigo pensando en Vilia. En nuestra campaña en particular. Voy dando pasitos para lograr que volvamos a sentarnos juntos, ya sea física o digitalmente, y retomar nuestra historia.

Pero por el momento no dispongo de fechas concretas. Mis próximos pasos son los siguientes:

  • Terminar de incluir las fichas de personaje de los jugadores en FoundryVTT
  • Establecer contacto con los jugadores e introducirlos a FoundryVTT
  • Preparar la sesión en Foundry y lanzar la partida

No parece mucho, pero tampoco me lo parecía en Abril de 2021 cuando pensaba que estaba a punto de comenzar.

Así pues, continúo con este viaje. Prometo volver por estos lares tan pronto como sea posible y, con suerte, contar los avances en esta nueva aventura que espero lanzar en 2022.

¡Feliz Año Nuevo! Espero que tus aventuras sean muchas, en la compañía de tus seres queridos y que, a la vuelta, tu hogar te espere, cálido y confortable.

Ricardo García
@BardoVilia

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El Ídolo de Cristal, parte I: Comienza el asalto

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– Llegas tarde – ladró Barod.

Lemire simplemente lo miró, cansado. No había tenido un buen día, y juraría que el barril de pólvora con el que cargaba había ido pesando más a cada paso que daba.

– ¿Y qué carajo ha pasado? Estás hecho una mierda. Estábamos a punto de salir a buscarte.

Lemire sonrió.

– Qué quieres que te diga, tu madre no quería dejarme salir de la cama – respondió al undino, satisfecho.

El rostro de Barod se contrajo por la furia, pero antes de que pudiese articular una respuesta una suave voz los interrumpió.

– Lemire, eso no es muy agradable, creo que teníamos todo el derecho del mundo a estar preocupados. ¿Qué tal si te portas como un niño bueno y nos dices qué ha pasado?

Sobresaltado, Lemire miró en la dirección de la que venía la voz. No pudo evitar que una ligera punzada de pánico asomase en su voz.

– ¿Lorna? ¿Te han dado esta misión a tí?

Saliendo de entre las sombras, la mujer le dedicó una sonrisa traviesa mientras jugueteaba con una daga.

– ¿Algún problema con ello?

Los ojos de Lorna, levemente rasgados denotando su ascendencia inkauriana, se clavaron en el ladrón, que se encontró a sí mismo retrocediendo un paso.

– Eh… no. No, claro que no. Sea como sea, deberíais daros prisa. – Lemire tendió el barril de pólvora a Barod, contento de poder quitárselo de encima por fin – La distracción no va a durar demasiado, visto lo visto.

Barod no cogió el barril. Lemire, algo confuso, lo volvió a intentar.

– ¿Qué ha pasado, Lemire? – Insistió Lorna.

Lemire suspiró. Había ensayado esta parte durante el camino, pero habría preferido poder saltarse las explicaciones.

Cran la cagó. Alertó a la guardia, y cuando nos quisimos dar cuenta los teníamos encima. A duras penas logré salvar este barril. Pero eh, ahora tenemos una distracción más efectiva. Y repito, deberíais daros prisa antes de que las cosas se calmen un poco. Ya deberíais estar llegando al distrito gubernamental.

– ¿Así que Cran la cagó, eh? – Barod claramente no se lo creía, pero a Lemire no le importaba especialmente.

– Sep. No tuve más remedio que dejarlos. Arkus es duro, pero no creo que duren mucho, la verdad. En serio, id tirando – dijo, volviendo a intentar darle el barril a Barod.

– Arkus ha sobrevivido a cosas peores – intervino Lorna, llevándose la mano distraídamente a la cicatriz que le recorría la mejilla – Pero sea como sea, tienes razón en que deberíamos ir yendo. No podemos dejar que los de la Mangosta lleguen antes que nosotros a la mansión Rockstead. Seguidme.

– ¿La Mangosta? – dijo Lemire, confuso.

– Sí – respondió Barod mientras echaba a andar -, nos ha llegado un soplo de que planean el mismo golpe que nosotros, y justo esta noche. Por eso las prisas.

Lemire asintió con aire pensativo, pero entonces se dió cuenta de que Lorna y Barod esperaban a que les siguiera. El pánico se adueñó de él.

– Un momento. No pretenderéis que vaya yo. ¡Ese no era el plan!

En un rápido movimiento que Lemire no fue capaz de seguir, Lorna se puso detrás suyo. El ladrón notó la punta de la daga de la mujer haciendo presión contra sus riñones y su voz, gélida y amenazante, en su oído.

– El plan era que llegases hace una hora. El plan era no dejar testigos. El plan ha cambiado. Ahora cierra tu puta boca y sigue mis órdenes, como el buen cachorro que eres.

Tan rápido como se colocó detrás suyo, Lorna volvió a colocarse en cabeza, y sin más siguió caminando.

Lemire tragó saliva, se secó el sudor de la frente y se irguió justo a tiempo de ver como Barod lo miraba con sorna, pero no encontró fuerzas más que para empezar a caminar.

El día no hacía más que mejorar. Estúpido barril de pólvora.


– Esconded a estos dos entre los arbustos, o algo. Preferiría que nadie los encontrase hasta que estemos ya lejos de aquí. – Dijo Lorna mientras se dirigía a una puerta lateral de la mansión Rockstead.

Lemire, muy a su pesar, no pudo menos que admirar la habilidad de la mujer. Los había conducido por un distrito gubernamental en alerta sin encontrar una sola patrulla, y le había dado tiempo a noquear en absoluto silencio a dos guardias en el tiempo en que Barod y él trepaban el muro de la finca.

A Lemire no le sorprendió que ni siquiera se hubiese molestado en matar a los guardias. Según Lorna, el “beso” de sus “niñas”, como se refería a sus dagas, sólo era para aquellos que consideraba dignos, o que la lograban cabrear de verdad.

Claramente estaba loca. Pero era efectiva, y en la banda del Alfa eso te hace llegar lejos.

Una vez Barod y él se encargaron de esconder los cuerpos, Lorna sacó una llave de un bolsillo y, con sumo cuidado, abrió la puerta trasera de la mansión.

Lemire reconoció la llave al momento. Él mismo la había obtenido del mayordomo de la mansión un par de días atrás. Sonrió, recordando momentos más felices, y siguió a sus compañeros al interior.

El trío se movió por la mansión con cuidado, con Lorna y Lemire asegurándose de que no había moros en la costa antes de que Barod, menos sigiloso que ambos, continuase.
Se movieron a través de las cocinas, donde encontraron unas escaleras que llevaban al segundo piso, y a cada paso que daban Lemire tenía que contenerse para no sobrecargarse más saqueando la cubertería de plata. Cada vez odiaba más ser él quien cargaba con el barril.

Una vez en el segundo piso, Lorna fue directa hacia una puerta concreta, pegó el oído sobre la hoja y seguidamente la abrió con una sonrisa de satisfacción. Habían llegado al laboratorio de Andrea Rockstead.

Esta habitación había visto días mejores. El mobiliario había sido repuesto, pero estaba claro por las manchas de las paredes que había habido un incendio reciente. Estaba todo bastante desordenado, pero tras un vistazo rápido Lorna se acercó a una esquina y retiró una manta, dejando a la vista un cofre.

– Premio. Chicos, os toca trabajar. Hagamos esto rápido y salgamos de aquí.

Acto seguido se dirigió hasta la puerta, y sacando un set de herramientas de otro bolsillo (¿cuantos bolsillos tenía esta mujer? Lemire no tenía ni idea) comenzó a jugar con la cerradura, intentando atrancarla.

 

Lemire y Barod se acercaron al cofre, y el primero comenzó a actuar, llenando la cerradura del cofre con pólvora.

– Ten cuidado con esa cosa. Si te cuelas con la cantidad y te cargas lo que haya dentro no creo que los jefes te vayan a dejar librarte con un cachete precisamente – dijo Barod con una mirada furtiva a Lorna.

– Sé lo que hago, tapón. No molestes – respondió Lemire, quien sin embargo empezaba a notar el sudor recorrer su frente.

– Sólo digo – insistió Barod, con una sonrisa – que no sé lo que echa a sus cuchillos, pero yo de tí no lo comprobaría. He visto a gente mearse encima de pura agonía por un simple roce.

– Sé. Lo. Que. Hago – Lemire estaba a un paso de romperle el barril en la cabeza a su compañero, cuando de repente les interrumpió Lorna.

– Silencio. No estamos solos.

Lemire y Barod se callaron. Entonces pudieron oírlo claramente. Golpes. Gritos. Había estallado una pelea en la planta baja de la mansión.

La Mangosta – dijo Barod – ¡Rápido, acaba con esto, tenemos que salir de aquí antes de que nos jodan la operación del todo!

– Apresúrame y volaremos todos.

Lemire empezó a maldecir para sus adentros. De verdad, qué asco de día. No puede ir a peor.

Y entonces el día empeoró.


Autor: David Russo (@Solen_Inthuul)
Ilustradora: Marta Calvo-Rubio Gutiérrez (@Endellion.art)
Callejones de la Perrera, en Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Mansión de Andrea Rockstead. Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Madrugada del 37 de Ragniar del 1487 d.S.


Abrimos el ciclo El Ídolo de Cristal con el primer relato del asalto a la mansión de Andrea Rockstead. Contamos aquí los avances de la banda del Alfa que, habiendo sido quienes menos probabilidades de éxito habían obtenido durante el ciclo de Estirpes de Ladrones jugados en el FicFest de Mayo de 2018, no fueron interpretados en una partida.

Los hechos contados aquí ponen en contexto los eventos que se contarán en el par de relatos que quedan en este ciclo.

Además en esta publicación contamos con la colaboración de Marta Calvo-Rubio, de Endellion.art. Nos demuestra su habilidad ilustrando una de las escenas más divertidas del relato. Además de ilustradora, Marta es joyera esmaltadora. Lleva a cabo trabajos a medida de todo tipo, en especial si tienen un trasfondo friki. ¡Si tienes un cumpleaños cerca no dudes en echar un vistazo a su catálogo!

¿Quieres colaborar con nosotros? Ponte en contacto con la Iniciativa Vilia en bardomero@vilia.es o en Twitter.

No te pierdas el resto de la historia.

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Estirpes de Ladrones, parte IV: Avivando la llama

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Obtenida de CDL Stone Ltd, UK

El sonido del metal golpeando la piedra era todo lo que podía oírse en la Cantería “Los Hermanos Grimm”, en el Distrito Gremial de Puerta de las Tormentas. Un día tranquilo como cualquier otro, que se interrumpió cuando la puerta principal se abrió de repente dejando ver tres ominosas sombras recortadas contra la luz del mediodía.

Doros interrumpió sus anotaciones en los libros de cuentas y alzó la mirada, alarmado ante la inesperada visita. Pocos clientes se dignaban a presentarse en la cantería durante las horas de trabajo, temerosos de que el polvo de piedra no pudiera quitarse de sus telas.

Doros no reconoció a los recién llegados, pero supo al instante que sus intenciones no dejaban lugar a dudas: traían problemas. Y el undino no estaba de humor para problemas. Con paso rápido abandonó el mostrador mientras su mano acariciaba un enorme mazo metálico.

-¿Qué queréis? -preguntó con brusquedad.

Con una sonrisa de suficiencia, uno de los recién llegados dio un paso adelante:

-Saludos, amable artesano. Estamos interesados en construir una hermosa estatua. ¿Podríais ayudarnos?

Doros dedicó una penetrante mirada al sonriente joven. Fuera lo que fuese lo que buscaba aquel grupo, no era una estatua. El enorme mastodonte de brazos como troncos de árbol y el petimetre espigado de mirada fría que acompañaban a aquel botarate parecían poco más que matones a sueldo. Sus armas estaban demasiado a mano para su gusto.

-¿Qué estáis buscando exactamente?

-Bueno, eso dependerá del tipo y tamaño del material que tengáis -contestó el risueño joven separándose de sus compañeros en dirección a la puerta trasera de la oficina que llevaba al taller-. ¿Podríais enseñárnoslas?

Doros gruñó antes de dirigirse hacia la puerta. El gigantón lo siguió en silencio mientras su risueño compañero abría la puerta del taller. Iba a cruzar el umbral cuando se fijó en que el tercero de los recién llegados, el hombre delgado de ojos crueles, se dirigía hacia un pequeño almacén que había al otro lado de la pequeña recepción donde se encontraban.

-¡Eh, tú! -exclamó el undino, deteniéndose-. Ahí es donde almacenamos las herramientas y la pólvora. ¡Aléjate de ahí, es peligroso!

El aludido se detuvo mientras abría la puerta y dejó escapar un leve suspiro:

-Te lo dije, Lemire. La sutileza no nos iba a servir de nada -dijo encogiéndose de hombros.

-Pero qué… -comenzó a decir Doros, echando la mano a su martillo.

Un golpe brutal en la parte lateral del cráneo lo interrumpió, levantándolo por los aires y lanzándolo contra la pared. El cuerpo del undino se deslizó hasta el suelo dejando tras de sí una enorme mancha oscura. No volvió a moverse.

-Guau… -dijo Lemire, que había visto el enorme hacha a dos manos de su compañero mucho más de cerca de lo que le hubiera gustado.

Coge la pólvora -dijo entonces Arkus.

Su voz profunda no admitía réplicas y los tres matones se dirigieron hacia el pequeño almacén. No tardaron en hacerse con dos barriletes repletos de pólvora.

-Es mejor que tengamos cuidado con esto. Yo los llevaré -se ofreció Lemire.

Un grito de dolor y desesperación se alzó entonces a su espalda.

-¡Doros! ¡Hermano! ¿Qué te han hecho?

Un hombre joven de músculos abultados y cubierto de sudor se había arrodillado junto al cuerpo destrozado del undino. Hacía grandes esfuerzos para despertarlo, pero era en vano. Doros ya no estaba allí.

-Qué escena tan enternecedora -comentó Cran con una leve sonrisa en los labios.

-Vámonos -se limitó a decir Arkus, y el grupo se encaminó hacia la puerta.

-¡Vosotros! ¡Asesinos! -gritó el joven cantero con el martillo de su difunto hermano entre sus manos-. ¡No saldréis de aquí con vida!

Arkus se detuvo y se volvió lentamente. El muchacho, aunque grande, apenas lograba llegarle a la altura de la barbilla. Al darse cuenta de ello, se detuvo dubitativo.

Cran se colocó a su lado, una daga lista en su mano.

-¿Qué deberíamos hacer con él? -preguntó mientras lanzaba la daga al aire y volvía a cogerla con aire distraído.

No habrá testigos -se limitó a contestar Arkus.


Cuando el grupo abandonó la Cantería “los Hermanos Grimm” se hizo el silencio en la pequeña plaza de tierra batida que había ante el edificio. Una veintena de personas, alertados por los gritos de la lucha, se había congregado alrededor del edificio. Asustados y confusos, observaban ahora a los matones.

-Así que sin testigos, ¿eh? -murmuró Cran a sus compañeros.

Lemire sonrió. Dando un par de pasos al frente, el confiado ladrón alzó los brazos.

-No se preocupen, señores. -declaró con firmeza-. Somos miembros de la Guardia de la ciudad. Acabamos de cazar a una pareja de ladrones que estaban asaltando esta… -se detuvo y echó un vistazo al cartel de la puerta del edificio-, cantería. Los Hermanos Grimm. Exacto.

Varios murmullos comenzaron a alzarse entre los presentes, algunos más tranquilos. Otros, preocupados.

-Les pedimos que no accedan a este edificio por el momento. Pronto vendrán algunos compañeros para registrar el local -su tono de voz se hizo amenazante-. Quien ignore nuestro aviso será acusado de obstrucción a la justicia.

Acto seguido echó a andar con decisión y atravesó la plaza sin dedicar una sola mirada más a los vecinos allí congregados. Muchos asintieron y comenzaron a marcharse. Otros, más morbosos, permanecieron en los alrededores pendientes de la llegada del resto de la guardia. Al ver que ninguno de ellos detenía a Lemire, Arkus y Cran lo siguieron en silencio.

El grupo desapareció entre las calles. Pocos dieron mucha importancia a lo que acababa de ocurrir. Al menos, no hasta que se descubrieron los cuerpos asesinados de los Hermanos Grimm.


Caía la noche cuando los tres matones, guiados por Lemire, llegaron al Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Intentando pasar desapercibidos, comenzaron a merodear por las calles secundarias del distrito en busca del lugar perfecto, la forma perfecta de cumplir su último objetivo.

-Este barrio es muy aburrido -comentó Cran-. Hay guardias por todos lados. Vamos a tener poco margen de maniobra.

-Eso ya lo sabíamos -respondió Lemire con su esquiva sonrisa presente en sus labios-. Si fuera fácil, ya lo habrían hecho otros.

-Lo dudo -respondió Cran-. No hay muchos miembros de la banda que se atrevan a venir hasta aquí. Por el Yunque, si no hay ni dónde esconderse.

-Bueno, en tu caso no me extraña que digas eso. Para poder esconderse hay que saber hacerlo.

-¿Otra vez haciéndote el gallito? No te enteras, Lemire. No eres tan silencioso como crees.

-Pues todavía no me han pillado.

-¿Quién sabe? Quizás hoy sea el día -contestó Cran con una sonrisa maliciosa.

-No, si jugamos bien nuestras cartas. Solo tenemos que encontrar algo que vaya a distraer a los guardias esta noche mientras la banda entra en la mansión de Andrea Rockstead. No debería ser tan difícil.

-No sé qué es lo que entiendes tú por distracción -comentó Cran-, pero yo lo veo sencillo. Todo se reduce a: ¿qué va a arder mejor?

Lemire lanzó una sonora carcajada y se detuvo de repente. Con gesto grandilocuente señaló el pequeño pero suntuoso edificio que tenía frente a él:

-¿Y qué tal éste?

Un enorme cartel escrito con letras estilizadas y redondeadas rezaba: “Sastrería Aguja de Plata”.

-La tela arde bien -concluyó Cran y se acercó a la puerta principal, probando el picaporte-. Vaya, está cerrado. Creo que te toca a ti, Lemire.

Arkus, que acompañaba a la pareja, lanzó un gruñido molesto pero no añadió nada más. El bárbaro era inteligente y brutal, pero de pocas palabras.

-No te preocupes, Arkus. No tardaré nada.

Tomando sus ganzúas de unos saquillos, Lemire se arrodilló ante la puerta y la examinó con detenimiento. Eligiendo una de las varillas finas y alargadas, comenzó a explorar la cerradura con delicadeza, casi con cariño.

Unos pasos y el sonido del metal contra el metal los sorprendió de repente. Una patrulla de cuatro miembros de la salvaguarda, el cuerpo de guardia de élite del Distrito Gubernamental, giró la esquina para encontrarse frente a frente a los ladrones.

Ambos grupos se miraron sorprendidos. Nadie se movió durante un par de segundos, tras los cuáles las manos se dirigieron con rapidez a las empuñaduras de las armas.

-¡Alto! -ordenó uno de los soldados, probablemente el capitán-. ¡Alto en nombre de Sior!

Lemire hizo desaparecer las ganzúas con disimulo y se incorporó con detenimiento. Adelantándose se enfrentó a las guardias.

-Tranquilos, caballeros -dijo-. No tienen nada que temer. Mis socios y yo hemos tenido un pequeño problema. Me temo que nos hemos dejado las llaves de nuestra tienda en el interior, y no somos capaces de entrar a por ellas. ¿Podrían ayudarnos?

El capitán de la guardia miró al ladrón con sorpresa. Había pasado por aquella sastrería un millón de veces y, aunque no conocía a los propietarios, dudaba de que aquellos hombres con pinta de matones lo fueran.

-Me temo que no podemos ayudarles aquí. Tendrán que acompañarnos a la guarnición para poder identificarles.

Los tres ladrones se miraron entre sí. Lemire parecía confuso y Cran estaba preocupado. Quizás todavía podrían salir corriendo…

-No -dijo sencillamente Arkus y lanzó su enorme cuerpo contra los guardias, pillándolos por sorpresa.

La brutal embestida del bárbaro logró lanzar a tres enemigos al suelo. El cuarto dio un par de pasos atrás e intentó usar su silbato para dar la alarma. Una flecha atravesó su muñeca y el guardia, mirando su mano ensangrentada con incredulidad, lanzó un grito de dolor y dejó caer el silbato.

-¡Corred! -gruñó Arkus, que desenfundaba su hacha en aquel momento.

Sus compañeros no necesitaban el aviso.


Los tres ladrones se mantenían ocultos entre un grupo de árboles y arbustos en uno de los parques del Distrito Gubernamental. Había caído la noche, pero las calles estaban bien iluminadas por antorchas y faroles en continuo movimiento. Desde donde estaba, Lemire podía ver cómo dos grupos de guardias se detenían a unos treinta metros de su posición.

-Parece que hemos sido nosotros los que hemos acabado convirtiéndonos en la distracción -susurró el ladrón en voz baja.

Sus compañeros se mantuvieron en silencio. Cran vigilaba el otro lado del parque mientras Arkus se vendaba algunas heridas que le habían infligido las espadas de los guardias. A lo lejos, las dos patrullas terminaron de discutir y continuaron por fin su camino.

-No podemos quedarnos aquí -dijo Cran-. Están cerrando el cerco sobre nosotros.

Arkus asintió y señaló a Lemire:

La pólvora. Tienes que entregarla.

-Es cierto, el asalto no podrá empezar sin ella -añadió Cran.

Lemire asintió:

-Creo que puedo pasar desapercibido y volver a la Perrera. ¿Pero qué hay de vosotros?

Arkus gruñó y se alzó, su enorme hacha entre las manos. Cran se encogió de hombros.

-Supongo que tenemos que continuar con la distracción. No quedan muchas horas hasta que amanezca.

-¡Estáis locos!

Arkus volvió a gruñir y negó con la cabeza.

-¿Prefieres decirle al Alfa que hemos fallado?

Lemire tragó saliva, pálido de repente, y asintió.

-Que Adaira os traiga suerte, compañeros. Si os vuelvo a ver, sabed que os debo una botella de vino a cada uno.

-Que sean dos -respondió Cran, sonriendo.


Lemire abandonó el parque justo cuando comenzaron a alzarse los gritos de alarma de la Salvaguarda. Envuelto en el manto de la noche, se escabulló entre las hermosas mansiones en dirección a los Barrios Bajos.

Durante el camino pensaba en las botellas de vino que había prometido comprar. Las compraría, aunque sabía que lo más probable era que acabara tomándoselas él solo, en honor de sus compañeros.


Autor: Ricardo García (@BardoVilia)
Cantería «Hermanos Grimm», Distrito Gremial de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
36 de Ragniar del 1487 d.S.


Con este relato concluímos el ciclo de relatos de Estirpes de Ladrones y nos lanzamos de lleno hacia el siguiente: El Ídolo de Cristal, que narra el asalto a la mansión de Andrea Rockstead.

Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en los hechos de la partida del grupo de Merodeadores que jugamos por la tarde. ¡Muchas gracias a sus los jugadores que participaron en ella!

Primeros Compases, El camino y la llave, y Avivando la Llama están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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Estirpes de Ladrones, Parte III: el camino y la llave

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El sonido de una campanilla atrajo la atención de Alek Hruidan de su trabajo. Con una sonrisa confiada dejó el bordado en el que llevaba trabajando toda la mañana y salió del taller hacia el mostrador para atender a su primer cliente del día.

Se detuvo en el umbral, sorprendido al no encontrar a nadie en la pequeña recepción de su sastrería. Confundido, avanzó un par de pasos más. No había tardado mucho en llegar y la campanilla de la puerta todavía continuaba moviéndose. ¿Habría golpeado alguien la puerta por error al pasar?

-¡Buenos días, amable sastre! -dijo de repente una voz más allá del mostrador-. Estoy interesado en sus uniformes. He oido que son de una calidad exquisita.

Alek se inclinó sobre el mostrador y miró hacia abajo con una mueca sorprendida. Un lanan menudo le obsequiaba con una amplia sonrisa. Su imagen angelical quedaba empañada por la ruda camisa con refuerzos de cuero y los diminutos pantalones cortos que dejaban a la vista unas recias y peludas piernas.

El sastre mudó su expresión de sorpresa por una de profundo orgullo:

-Lo lamento -declaró en el tono perentorio que su dilatada carrera de sastre de alta alcurnia le había permitido desarrollar-, pero no trabajamos con tallas… pequeñas.

La sonrisa del lanan se congeló en su rostro.

-Me parece que le he entendido mal… -respondió marcando cada una de las palabras-. ¿Me ha parecido que me estaba llamando… bajito?

El sastre le dedicó una mirada cargada de desprecio antes de responder:

-Me temo que esta sastrería solo trabaja con el mejor de los materiales… y solo para los mejores clientes.

Los puños del lanan se cerraron con fuerza.


-Perfecto. Eric ya ha comenzado la distracción. ¡Vamos! -dijo Jacob a sus dos compañeros.

Con rapidez, el grupo se internó en el pequeño callejón que llevaba a la parte de atrás de la sastrería “Aguja de Plata”. Desde allí podían escuchar la discusión a gritos de su compañero:

-¡Esto es discriminación! Me he criado en Puerta de las Tormentas toda mi vida, y nunca había sido tratado así. ¡No voy a irme de esta tienda hasta ser atendido como debe ser!

-Lo está haciendo muy bien -comentó Conrad-. Casi parece que no esté actuando.

Jacob se detuvo ante una sencilla puerta al fondo del callejón. Tomando sus fieles ganzúas comenzó a inspeccionar la cerradura.

-Vamos, date prisa -lo apremió Conrad, que se mantenía vigilante en caso de que alguien les prestara más atención de la debida.

-Ya está -anunció Jacob y abrió la puerta lentamente.

Un par de mesas con utensilios de costura y numerosas bobinas de hilo se encontraban en uno de los extremos de una alargada sala. El resto estaba repleto de estanterías y cajas de madera de diverso tamaño. De algunos de ellos sobresalían prendas de muchos tipos. Los gritos de Eric podían escucharse con más claridad allí.

-¡Perfecto! Déjame ver qué encuentro -dijo Leah con rapidez y se internó en la estancia.

-¡Ten cuidado! ¡Que no nos vean! -la previno Jacob, pero la mujer se encogió de hombros.

-Dudo que el dependiente nos escuche. Eric lo está haciendo francamente bien.

-¡Exijo poner una reclamación! ¡Lo denunciaré a la guardia! ¡Esto es discriminación por estatura! -anunciaba en ese momento Eric a voz en grito.

Leah no tardó mucho en encontrar sus disfraces.


-Lo has hecho genial, de verdad. Cuando dijiste que ibas a prenderle fuego a la tienda con el sastre dentro me han entrado ganas de salir corriendo -comentaba Conrad en voz baja.

Eric lanzó un gruñido malhumorado y se limitó a encogerse de hombros.

-De acuerdo. ¿Cómo nos hacemos con esa llave, entonces? -preguntaba Leah mientras el grupo se dirigía de nuevo hacia la Escuela de Ingenieros del Distrito Gubernamental.

-Sabemos que la propia Andrea Rockstead guarda las llaves de su mansión -explicó Jacob-. Necesitamos la del cofre en el que guarda lo que sea que haya recibido hace un par de días. Tenemos que encontrarla mientras Andrea está dando clases en la Escuela de Ingenieros. He oído que es el único momento en el que no las lleva encima.

-¿Y dónde las deja entonces? ¿Qué tiene, un despacho para ella sola? -pregunta Leah, incrédula.

-Eso vamos a ver. Poneos los disfraces.


-Así que alumnos de Andrea Rockstead, ¿no es así? -pregunta un viejo profesor al grupo de cuatro estudiantes, uno de ellos de casi un metro de altura, con aire suspicaz-. En estos momentos se encuentra dando clase.

-¿Ahora? -responde Jacob con sorpresa-. Pero habíamos quedado con ella. Íbamos a su despacho en estos momentos.

-Pues todavía quedan dos horas para que Andrea termine su clase. Estar en los pasillos del tercer piso está prohibido, así que tendréis que marcharos.

-No, si en realidad estábamos en clase y hemos salido para ver a Andrea… -mintió descaradamente Jacob.

-Ah, ¿sí? Pues entonces será mejor que volváis a vuestro aula inmediatamente.

-No, si en realidad… -comenzó de nuevo Jacob.

-Está muy enferma -lo interrumpió de repente Eric.

Todos miraron al lanan, que continuó con voz afectada:

-¿No la veis? Se está retorciendo de dolor… Pobre Dorothea, apenas puede mantenerse en pie.

Eric lanzó a Leah una mirada elocuente. Leah se lo quedó mirando, confusa. Eric le dio un codazo y alzó las cejas, y por fin la mujer comprendió.

-¡Ay, mi estómago! -dijo por fin, retorciéndose de dolor.

El profesor se quedó mirando al grupo sin terminar de creérselo.

-Le viene como a oleadas. Y parece muy doloroso. Estábamos buscando la enfermería para poder dejar a Dorothea allí.

-Entiendo… está bien, os acompañaré. La enfermería está en la tercera planta.

Los compañeros se miraron entre ellos y, encogiéndose de hombros, siguieron a su guía por unas empinadas escaleras de mármol.


-Date prisa, Jacob. Los guardias tienen que estar al llegar -dijo Conrad desde la puerta del despacho de Andrea Rockstead.

-Si crees que puedes hacerlo más rápido, ven aquí y lo haces tú -respondió Jacob mientras continuaba forcejeando con el cajón del escritorio.

Cada movimiento que llevaba a cabo con las ganzúas estaba medido después de años de práctica. A ojos de un observador casual podría parecer que no estaba haciendo nada, pero entonces se oyó un click.

-Lo tengo -dijo Jacob, y Eric y Conrad se acercaron a mirar.

Al abrirlo, el grupo descubrió que el cajón contenía tan solo un manojo de llaves, de las que podían contarse veinte. Los tres ladrones se miraron entre ellos.

-¿Y ahora qué? -preguntó Eric.

-Pues no tengo ni idea… ¿nos llevamos el manojo entero? -dijo Jacob, no muy seguro.

-Eso llamaría mucho la atención. Sabrían que han sido robados y no nos daría tiempo de hacer el trabajo esta noche.

-Espera, creo que sé cuál es -interrumpió entonces Conrad, y alargando la mano se hizo con una de las llaves del manojo-. Por el tamaño y la forma que tiene, ésta es la única que puede pertenecer a un cofre.

-¿Estás seguro? -preguntó Jacob.

Conrad se encogió de hombros:

-O eso, o a una caja de música. O bueno… quizás una ventana.

Jacob y Eric se quedaron mirándolo sin decir nada.

-Viene alguien -dijo Jacob de repente-. ¡Rápido, coge la llave!

Los tres ladrones abandonaron el despacho con rapidez.


-Sois unos bastardos -decía Leah-. Después de tener que aguantar al clérigo de Sior que había en la enfermería, vinieron dos guardias a preguntarme por vosotros. ¿Qué les habíais dicho?

-Que había habido una emergencia en la clase de Andrea -contestó Eric, encogiéndose de hombros-. Nos dio el tiempo que necesitábamos.

-Pues no se lo tomaron nada bien. Tardé una hora en convencerlos de que solo éramos compañeros de clase y que no os conocía de nada. Y después tuve que aguantar otras dos horas sentada en un pupitre escuchando a un viejo estirado hablando de la velocidad a la que se mueve el agua, y no sé qué de densidades y… ¡qué horror!

El grupo caminaba por los oscuros pasadizos subterráneos que recorren algunas zonas de Puerta de las Tormentas. Las paredes de mampostería parecían absorber la luz de la antorcha que llevaba Conrad. El único sonido que escuchaba el grupo era el de sus pasos, ligeros y rápidos.

-¿Y no preferirías haberte quedado en la Escuela? Esto tampoco es muy agradable -comentó Eric mientras no dejaba de observar en todas direcciones, inquieto.

-En absoluto. Prefiero perderme aquí abajo que aguantar a esos profesores pedantes. Aquí por lo menos hace fresco -respondió Leah sin dudarlo.

-No nos vamos a perder, éste es el camino -les aseguró Jacob al resto.

En ese momento el largo pasillo dio paso a una enorme sala redonda. La luz de la antorcha apenas podía llegar al fondo, de donde arrancaba destellos a algo brillante incrustado en la pared.

-Esperad que eche un vistazo -anunció Conrad mientras se acercaba cautelosamente.

La pared de mampostería era oscura y mostraba indicios de humedad. En el centro, a media altura, una fina talla había sido engastada a todo lo largo. Estaba hecha de metal, por lo que resplandeció con intensidad a medida que Conrad se acercaba.

-Son letras -dijo Conrad-. Es un mensaje en esuarthiano. Dice: “Cuanto más hay, menos ves. Entrégate a mí para desvelar el camino”.

-¿Un acertijo? ¿En mitad del subterráneo? -preguntó Leah, incrédula-. ¿En serio?

-Pensabas que habías dejado los exámenes en la Escuela de Ingenieros, ¿verdad? -la pinchó Eric sin piedad, tras lo que continuó explicando-. Estos túneles, al igual que la mayoría de las defensas de la ciudad, fueron construidos por el arquitecto Meriad Luque antes de la Primera Gran Guerra. Era todo un cerebrito. Logró ocultar la existencia de estos túneles al Imperio Entánico. Se cree que hay secciones que todavía no se han descubierto.

-Perfecto, un genio loco. Lo que nos faltaba -se lamentó Conrad.

-Pero en la Cofradía ya conocían este camino. Si no, no nos habrían mandado hasta aquí -añadió Jacob.

-No me extrañaría que solo conozcan la entrada por la que hemos venido nosotros, y el hecho de que la mansión de Andrea Rockstead tiene un acceso. Nos toca a nosotros unir los dos puntos.

-¡Esperad! -los interrupió Conrad-. Creo que lo tengo.

Entonces el muchacho dejó caer la antorcha, que en cuestión de segundos se apagó. La sala quedó sumida en la oscuridad.

-¿Por qué haces eso? -increpó Leah, enfadada.

-¡Silencio! -se limitó a responder Conrad.

El grupo se mantuvo callado unos segundos, que les parecieron horas. Un sonido chirriante, parecido al arrastre de piedra sobre piedra, inundó la sala antes de desaparecer.

-¡He acertado! -exclamó Conrad.

Un choque de metal sobre piedra perforó entonces el espeso silencio de la sala, como si se tratara de un pesado paso.

-¿Qué ha sido eso? -preguntó Eric.

Un nuevo golpe metálico resonó en la estancia, seguido de un grito y del golpe seco de un cuerpo al caer.

-¡Conrad! -gritó Jacob-. ¡Nos atacan!

Jacob buscó una ramita yesquera en sus saquillos y encendió otra de las antorchas que portaba. La luz iluminó la estancia lentamente y se reflejó en las piezas de una armadura que se encontraba apilado en el centro. Conrad yacía al otro extremo de la sala con una fea herida en la frente. Parecía haber perdido el conocimiento.

Entonces el conjunto de armadura comenzó a incorporarse. Un leve sonido de metal contra metal parecía emanar de él, como si pequeñas piezas metálicas se moviesen sin cesar en su interior.

-Por la papada de Thrain, ¿qué es eso? -dijo Eric, dando un paso atrás.

-Dímelo tú -contestó Jacob-. Pero sea lo que sea, no tiene buenas intenciones.

La armadura se volvió hacia los tres ladrones como si los viese, el sonido metálico de ruedas y engranajes emanando sin cesar. En su guantelete empuñaba una pesada espada de acero negro. Sin previo aviso echó a correr pesadamente hacia ellos.

-¡Cuidado! -gritó Eric.

Con un salto, el lanan logró esquivar la embestida. Tras dar una voltereta desenfundó una de las dagas que llevaba al cinto y la lanzó con fuerza. El arma se estrelló contra la armadura y rebotó, causándole poco más que una pequeña abolladura.

La armadura continuó su camino y descargó la espada contra Leah, que la esperaba en guardia. Los dos aceros chocaron con un gran estruendo. La mujer pudo contener su carga.

-Es muy fuerte -avisó con los dientes apretados.

Jacob aprovechó el momento para moverse alrededor del enemigo y descargar su arma contra las corvas de la armadura. El golpe no logró hendir el metal, pero fue suficiente para desequilibrar a la figura acorazada y que hincara una rodilla en el suelo.

Leah dio un salto hacia atrás para evitar ser aplastada. Con un potente grito, descargó un golpe lateral contra el hueco del cuello de la armadura. La espada chirrió al colarse entre el peto y el casco, produciendo después un potente chasquido. Numerosas ruedas de metal dentadas cayeron a través del frontal del casco, diseminándose por la habitación.

-¡Buen golpe! -la animó Eric, que desenfundaba otra daga.

Entonces la armadura volvió a ponerse en pie con dificultad. Leah intentó recuperar su espada de entre las láminas de la armadura, sin éxito. Un puño enguantado se estrelló contra su rostro, rompiéndole la nariz y lanzando a Leah al suelo.

El enemigo acorazado se volvió de nuevo a por su siguiente enemigo.

-Rectifico. Esto no pinta bien -dijo Eric, y lanzó una nueva daga que golpeó el peto de la armadura. Algunas ruedas más se desperdigaron por el suelo-. ¡Será mejor que corras!

Pero Jacob no le hizo caso. Esperando al momento en que la armadura andante descargara su espada, el ladrón se lanzó al suelo e intentó clavar su propia arma en una de las botas metálicas. La punta de la espada se dobló al chocar contra el metal y, al recibir el peso de Jacob, se partió en una explosión de esquirlas metálicas.

Jacob intentó rodar para salir del alcance de su enemigo. Sin embargo, la armadura le propinó un puntapié en el estómago que lo hizo caer de espaldas al suelo, sin aliento. Su antorcha cayó al suelo y comenzó a apagarse.

-¡Maldita sea! ¡No puede ser!

Eric se lanzó sobre el enemigo y, empuñando una daga, la clavó tan profundamente como pudo en una de las rendijas que tenía la armadura en la cintura. La criatura apenas pareció notarlo.

Jacob pudo ver la espada alzándose, preparada para caer sobre él. La menguante luz de la antorcha se reflejaba en su oscuro filo donde podía ver su propio rostro, horrorizado. Entonces una saeta atravesó el aire de la estancia y se incrustó profundamente en el hueco frontal del casco de la armadura, atravesándolo. El repiqueteo metálico pareció acelerarse durante un instante. Acto seguido, desapareció por completo.

El mandoble nunca alcanzó a Jacob. La armadura se quedó total y completamente inmóvil, sumida en un profundo silencio.

-Siento no haber podido ayudaros antes -se oyó la voz de Conrad. Con una trémula sonrisa en el rostro, el ladrón continuaba apoyado en la pared. En sus manos sostenía su ballesta, que acababa de disparar-. Espero que no me echárais de menos.


El grupo de ladrones abandonó las oscuras catacumbas de Puerta de las Tormentas. Conrad y Leah se apoyaban sobre Jacob, y Eric los acompañaba portando algunos de los restos del enemigo metálico al que se habían enfrentado.

-No quiero volver ahí abajo. Nunca -decía Leah.

-Pues esta noche mandarán un equipo a través de los túneles hasta la mansión -contestó Jacob-. ¿Te lo vas a perder?

Leah permaneció en silencio mientras se pasaba la mano por el rostro magullado. Sus dedos estaban ensangrentados.

-Al menos hemos cumplido nuestra parte. Las catacumbas están mapeadas. Quien vaya, lo tendrá muy fácil -comentó Conrad.

-¡Por Sior! Nunca digas eso en voz alta -contestó Jacob.


Autor: Ricardo García (@BardoVilia)
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
36 de Ragniar del 1487 d.S.


Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en los hechos de la partida del grupo de Merodeadores que jugamos por la tarde. ¡Muchas gracias a sus los jugadores que participaron en ella!

Primeros Compases, El camino y la llave, y el relato que publicaremos próximamente están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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Estirpes de Ladrones, parte II: la Cacería

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El distrito gubernamental estaba tranquilo, como casi todas las noches.

El nerviosismo inicial de su primera patrulla había sido sustituido ya por un cierto tedio, y los intentos de Donovan por conversar con sus acompañantes no habían hecho nada para aminorarlo.

Krauser era su superior dentro de La Salvaguarda. Se trataba de un caballero de élite que le hacía darse cuenta de lo mucho que le faltaba por aprender, y cuya seriedad lo intimidaba demasiado como para hacer algo más que algún comentario suelto sobre los sitios por los que pasaban.

Por otro lado, los dos sacerdotes de Thrain que iban con ellos parecían algo más sociables, pero no conseguía pensar ningún tema de conversación para sacar con hombres del clero.

En esas circunstancias, Donovan decidió que sería mejor aguantar y centrarse en la patrulla. Al fin y al cabo era el honor de La Salvaguarda vigilar el distrito noble, y no pensaba traer deshonor a su familia actuando como si aún fuese un escudero novato.

Un sonido ahogado a su espalda llamó su atención de repente. Al girarse su sangre se congeló.

Uno de los acólitos, levemente rezagado, se había detenido en seco. En su garganta había una línea carmesí de la que brotaba un chorro de sangre. Sujetándolo para evitar que cayese al suelo mientras tapaba su boca para ahogar cualquier sonido había un hombre encapuchado. En su mano libre portaba una daga ensangrentada. Miraba directamente a Donovan con cierta sorpresa, como si no esperase que le hubiesen oído.

– ¿…Qué? – Dijo simplemente el hombre.

– ¡Embos…!

Esas fueron las únicas palabras que llegó a articular Donovan. Un dolor intenso explotó de golpe en el lado derecho de su cabeza, como si le hubiesen golpeado con una enorme viga de acero. De nada sirvió el yelmo de su armadura. El mundo se tiñó de rojo, y el joven caballero se encontró perdiendo rápidamente el conocimiento mientras caía al suelo, cualquier control sobre su cuerpo irremediablemente perdido.

Mientras la oscuridad se lo llevaba, sin embargo, pudo ver claramente como el otro acólito caía atravesado por una flecha, y Krauser era asaltado por dos atacantes mientras luchaba por desenvainar su arma.

A Donovan poco le importaba ya.


– ¿Lo tiene? – ladró Barod. El fornido undino intentaba vendarse el brazo con un trozo de la túnica de uno de los acólitos caídos, pero estaba claro que no era lo suyo – después de este desastre de emboscada como para que encima haya sido en vano.

– A mi no me mires – protestó Lemire mientras limpiaba la sangre de su daga – yo no tengo la culpa de que el cachorro decidiese girarse justo cuando cogí al cura. Ha sido una desafortunada coincidencia.

– Coincidencia mis cojones – gruñó Barod en respuesta – La has cagado y punto. No eres tan sigiloso como te gusta hacer creer.

– Pues tu madre no me oyó llegar anoche.

Ante eso Barod rechinó los dientes y empuñó su pesado martillo de combate, pero antes de que pudiese hacer nada…

– Basta.

La profunda voz de Arkus detuvo la conversación. La imponente figura del bárbaro nebinés se alzaba entre ambos, deteniendo de golpe la discusión. Ni siquiera les dedicó una mirada, pero ambos captaron el mensaje. No iban a desafiar a alguien que había retado al Alfa por el liderazgo de la banda y, aun perdiendo completamente, había sobrevivido.

La mirada del bárbaro se dirigió hacia su último compañero, que registraba agachado el cuerpo del caballero veterano de la Salvaguarda.

– ¿Lo tiene?

Como respuesta, Cran se incorporó y le lanzó un rollo de pergamino.

El horario de las patrullas de la Salvaguarda en el distrito durante los próximos tres días. Justo lo que buscábamos.

Arkus asintió y guardó el pergamino. La primera parte del plan había sido completada.


Lemire estaba ya hasta las narices. Todo el maldito día siguiendo al viejo mientras hacía recados por la ciudad. Que si pastelitos. Que si libros. ¡Libros! Los pastelitos los podía entender, pero ¿es que los ricos no tienen ya bastantes libros? Qué desperdicio de unas buenas monedas de plata.

Por suerte su aburrimiento iba a acabar pronto. El mercado al atardecer es un sitio bastante decente para una emboscada. Poca gente ya, y la que hay sabe no meterse donde no la llaman. Sólo hay que conseguir atraer a tu víctima a un callejón tranquilo y es toda tuya. Y hay un pequeño truquito que nunca falla para eso.

– ¡Por aquí, señor, desde prisa!

Una voz infantil cargada de urgencia llegaba desde la entrada del callejón en que Lemire y sus compañeros esperaban ocultos.

– ¡Tiene que ayudar a mi madre, señor, se ha desmayado de repente y no sé qué le pasa!

Un niño pequeño, vestido con poco más que unos harapos, apareció a toda prisa por el callejón. Tras él, un hombre mayor de aspecto cuidado y buenos ropajes, acompañado por un par de hombres bien armados, intentaba seguirlo con cara de preocupación.

Cuando llegó a la altura de Lemire, el niño le dedicó una mirada furtiva y aceleró la carrera, perdiéndose en el otro extremo del callejón. El ladrón sonrió. Un par de cobres bien pagados. Nunca falla.

En ese momento el hombre mayor y sus guardaespaldas se dieron cuenta de que les habían engañado, pero ya era tarde. Barod les salió al paso, con su pesado martillo de guerra entre sus manos, mientras que Arkus apareció de entre las sombras a sus espaldas para cortarles la retirada. Dejando caer la hoja de su inmenso hacha de batalla dió un fuerte golpe en el suelo.

Mueller Lohgreim. Mayordomo de la casa Rockstead. Tienes algo que queremos. Si nos lo entregas sólo te retendremos hasta completar nuestros asuntos y salvarás tu vida.

El mayordomo se irguió con dignidad y se dirigió al bárbaro mientras sus guardaespaldas desenvainaban sus armas.

– Mucho me temo, señor, que no tengo nada que pueda interesarle a usted, y debo advertirle que, sea lo que sea lo que planee, si no he vuelto a la mansión Rockstead en unas horas mandarán una partida de búsqueda, por lo que no le recomiendo…

– Nadie te espera de vuelta, viejo – interrumpió Barod – al menos hasta dentro de unos días. ¿Crees que somos aficionados?

– Ah – respondió Lohgreim, simplemente.

Su rostro no se había alterado en lo más mínimo, pero el sudor empezaba a correr por él.

– Aún así, como pueden ver, mis guardaespaldas son veteranos, están mejor armados que ustedes y les igualan en número, por lo que no veo cómo…

El mayordomo se vio nuevamente interrumpido por el sonido de una flecha volando y clavándose profundamente en el brazo derecho de uno de sus guardaespaldas. Éste gritó de dolor y dejó caer su arma.

– No lo tengo tan claro – dijo secamente Arkus. Tras ello, se dirigió a los guardaespaldas.

– Si queréis vivir, soltad las armas y salid de aquí ahora mismo. No tengo interés en vosotros, sólo en el viejo.

Los dos guardaespaldas se miraron. Luego miraron a Mueller.

– Lo siento señor, de nada nos sirve todo lo que nos paga si estamos muertos.

Ambos soltaron las armas y echaron a correr, dejando un pequeño reguero de sangre. El mayordomo de los Rockstead los miraba con una mezcla de terror e incredulidad mientras el color iba desapareciendo de su rostro. Aun así, se las arregló para mantener su entereza.

– Haced lo que queráis conmigo, pero no traicionaré a mi señora.

Arkus guardó su hacha y se acercó a él. Lohgreim cerró los ojos esperando lo peor, pero el inmenso bárbaro simplemente pasó a su lado.

– Lo principal es la llave de la mansión, pero toda la información que pueda darnos sobre el interior es útil, así que mantenlo vivo todo lo posible – le oyó decir.

El mayordomo abrió los ojos, y vio frente a él a otro hombre, sonriéndole con crueldad.

Lemire ya no estaba aburrido.


Autor: David Russo
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
35 de Ragniar del 1487 d.S.


Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en una cuarta partida que no pudimos llevar a cabo ese día. Primeros Compases y los dos relatos que publicaremos próximamente están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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