Tentación y poder

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Jassor despertó de golpe, una voz en su cabeza susurrando palabras incomprensibles. Una presencia, una compañía que le había abandonado desde hacía estaciones pero que, una vez más, volvía a sentir.

¿Marmain? -preguntó el ex-sacerdote, confundido-. ¿Estás ahí?

Un aura de tenue luz azulada envolvió sus manos, contestando dulce y tranquilizadoramente a su pregunta. Jassor no pudo contener las lágrimas. La Diosa había vuelto.

¿Pero cómo? Jassor era consciente de que su Diosa, en realidad, no existía. Tampoco era Marmain, la atlante, la que se dirigía ahora a él. Y el orión resquebrajado, a salvo en un cajón a su lado en su habitación del castillo de Puerta de las Tormentas, no parecía tampoco la causa. ¿Qué era lo que había ocurrido?

-Búscame, Jassor -susurraba ahora la voz-. Búscame y toma tu lugar como Elegido.

-¿A quién debo buscar? ¿Estás en Terra? ¿En Gaia?

Una imagen acudió entonces a su mente. Una torre de piedra blanca y azulada se alzaba en soledad, rodeada de escarpados picos cubiertos de nieve y de empinadas laderas. La imagen cambió: una muralla de piedra entre las montañas, eterna, junto a la que yacen los restos de lo que pudo haber sido una fortaleza o un monasterio. Y aún más allá, hacia el norte, recorriendo valles y cadenas montañosas, dejando atrás huestes de criaturas de aire y viento, hordas de orcos, drow y humanos batiéndose en liza; atravesando las tierras de Entanas hasta ver las huestes de la Sombra, sus degeneradas criaturas ennegrecidas y rabiosas, las sombras verdes que vociferaban armados con lanzas venenosas, vadeando el río que separa el resto de Media Esuarth de la ciudad fortaleza de Puerta de las Tormentas; y más allá hasta verse a sí mismo, su rostro desencajado por el asombro y la confusión.

-Te estoy esperando. Siempre te he estado esperando -susurró de nuevo la voz-. Eres mi Elegido. Ven y reclama lo que es tuyo… antes de que desaparezca.

-¿De que desaparezcas? ¿Por qué vas a desaparecer?

La voz no contestó y la luz que envolvía sus manos se deshizo en pequeñas llamaradas azules. Sin embargo, Jassor no se sintió de nuevo solo. De alguna forma sabía que podía volver a llamar esa luz, que podía convocar todo el poder de su Diosa… o de la Torre en la que este poder residía. Y podía hacerlo sin limitaciones. Mucho más poder, además, del que había soñado tener nunca.

Unos ligeros golpes sonaron desde la puerta de su habitación, que se abrió junto a las palabras de una mujer de noble cuna.

-Disculpadme, mi señor, pero no he podido evitar reconocer vuestra voz desde el pasillo. Me ha parecido que sosteníais una conversación con alguien. Mas, ¿con quién, a esta hora de la mañana cuando apenas hay nadie vagando por el castillo? 

Una mujer de aspecto ágil y refinado se internó en su cuarto. Sus ropas eran sencillas: justillo de cuero y camisa de manga ancha, pantalones ajustados y botas de suela blanda; y sin embargo su porte era regio, confiado y digno, el de alguien acostumbrado a moverse entre la alta alcurnia desde su más tierna juventud. Parecía muy preocupada y aliviada al ver a Jassor de una sola pieza, una congoja que quitaba cualquier importancia al hecho de que ahora se encontrase en la habitación de un compañero donde no había sido invitada. Cordelia continuó hablando:

-Me ha sobrevenido un leve acceso de pánico al pensar en vuestra seguridad, pues me habéis parecido asustado. Sin embargo, veo que os encontráis bien, aunque por el rubor de vuestras mejillas sugeriría que quizás queráis algo de agua -y mientras hablaba tomó uno de los vasos de cristal de la lacena del cuarto y vertió algo de agua clara de una botella que había al lado. Se la llevó al consternado sacerdote y, sentándose en una silla a su lado con total naturalidad, concluyó-: Decidme, ¿acaso dormíais?

-No, no… no os preocupéis, Cordelia… mi señora -contestó Jassor, todavía sorprendido ante la inesperada visita y sin saber exactamente cómo dirigirse a ella-. Solo estaba reflexionando. Hay tantas cosas sucediendo a la vez…

-Sin duda tenéis razón -contestó Cordelia mientras posaba su mirada en la ventana del cuarto y en el neblinoso paisaje más allá-. Nos acecha el enemigo a las puertas de nuestra ciudad. Me pregunto si se atreverán a cruzar el río.

Ya lo están cruzando -dijo el ex-sacerdote con gesto ausente. 

Cordelia llevó su mano a su pecho, ligeramente estremecida.

-¿Cómo lo sabéis? ¿Habéis empleado vuestra magia? -y la astuta mujer dedicó una significativa mirada al cajón donde reposaba el resquebrajado orión-. Debéis tener cuidado con ese artefacto. Es muy peligroso.

-Entiendo vuestra reserva. Y tenéis razón: es peligroso. Precisamente había venido hasta aquí buscando al portador de otra de estas reliquias aunque… me temo que he llegado demasiado tarde.

>>Decidme, ¿lo conocíais bien? 

Cordelia no contestó durante unos segundos. Si bien su rostro permanecía impasible como hasta ahora, estaba claro que la pregunta la había perturbado. Por fin respondió, sus palabras destilando una profunda tristeza.

Rhodas era un gran compañero de aventuras. Misterioso, distraído… pero inteligente y entregado. Un buen hombre.

>>Sin duda, fue ese condenado artefacto suyo el que se lo llevó. Si hay algo que podemos sacar en claro es que el poder corrompe. A todos: ya sean vasallos, pordioseros, nobles o reyes.

La mujer guardó silencio. Jassor se dio cuenta de que sus manos temblaban levemente antes de que Cordelia posase sus ojos en los suyos:

Desearía que hubiérais podido conocerlo.

Jassor supo que su compañera no había pronunciado nunca antes palabras más sinceras.


Castillo Ducal de Puerta de las Tormentas, capital de la provincia Media Esuarth, acualmente independiente. 15 de Marmadarim del 1509 d.S.

Existen numerosos artefactos en Vilia que han sido creados en los últimos siglos. Más allá de la comprensión los meros humanos, aquellos que han tenido la fortuna, o la desgracia, de hacerse con alguno de ellos pueden ser los primeros en descubrir los profundos cambios que la Llama de los Elfos trae consigo.

Los sacerdotes de las fés humanas, dependientes de antiguos artefactos creados por los atlantes en las Montañas Azules, descubren de repente que su conexión se renueva y fortalece tras el flujo repentino de magia. Pero, ¿cuál serán las consecuencias de dicho aumento de poder?

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

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Ejércitos en marcha

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Trafalgar cabalgaba al frente de su división cuando se produjo la explosión. Pudo oírla antes de verla, y no fue hasta varios minutos después, cuando hubo controlado su caballo y puesto en orden las columnas de jinetes montados que estaban a su cargo, que pudo detenerse a comprobar la causa.

-Comandante -Sir Lareth logró aproximar su caballo lo suficiente como para hacerse oír por encima del rumor sordo que inundaba ahora los alrededores-. Es Kipavilla. ¡Mirad!

Trafalgar, antes general y ahora degradado a comandante, observó en la dirección que le indicaba su compañero de desventuras y no pudo contener un grito de sorpresa.

La ciudad había desaparecido. Una espesa nube de humo amarillento se alzaba desde las Montañas Áureas cubriendo todo el terreno a su alrededor. Y se expandía.

-No puede ser -murmuró el soldado y, espoleando a su caballo, se lanzó al galope.

-¡Comandante! -gritó tras de él Sir Lareth-. ¡Mensaje, mi señor!

Trafalgar se detuvo y, tras dudar unos segundos, dió la vuelta. Un jinete se acercaba por el flanco sur de la columna de soldados cabalgando en su dirección. Portaba la enseña real. 

-Mensaje para vos, mi comandante -comunicó el joven soldado con la pompa propia de los asuntos oficiales-. Los Reyes Westfalli me piden que le pregunte acerca de la razón por la que ha detenido la marcha. Le instan a continuar.

-¿A continuar? Nos dirigimos a Kipavilla para avituallarnos. ¡Y Kipavilla ya no está!

-Mi comandante, los Reyes solicitan que continuemos varias millas más. Instalaremos campamento en uno de los pueblos del borde este de la provincia. Desean esperar allí la llegada del resto de tropas.

-¡Es una locura! -gritó Trafalgar, dispuesto a darse la vuelta de nuevo y lanzarse al galope. 

Lo detuvo una mano sobre su hombro. El ceño fruncido y los ojos azules, estrictos y apremiantes, de Sir Lareth fueron suficiente para ayudar a comprender al joven comandante las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer.

Trafalgar suspiró, derrotado. Azuzando a su caballo de nuevo hacia el mensajero, anunció:

-Decid a Su Majestad que avanzaremos al este e instalaremos campamento tal y como desea.

El mensajero asintió y, con una rápida reverencia, dió la vuelta a su caballo poniendo rumbo de vuelta al oeste, donde el grueso de las tropas Westfallia marchaba hacia Entanas.

Trafalgar suspiró y volvió a echar una ojeada en dirección a Kipavilla. De entre las densas vaharadas de humo le pareció distinguir algunas figuras que, tambaleantes, se alejaban de aquél lugar condenado.

-Y cuando hayamos instalado el campamento, volveré aquí -murmuró Trafalgar.

Sir Lareth von Arusteihr, debatiéndose entre la lealtad a su amigo y el deber a su bandera, acompañó con la mirada la de su comandante sin añadir nada más.


40 millas al norte de Kipavilla. 15 de Marmadin del 1509 d.S.

La humanidad se prepara para una guerra como la Terra Conocida no ha visto desde hace siglos. Sus líderes marchan con sus hombres, atravesando un terreno que, poco a poco, se va inundando de un caos imprevisto.

Es en momentos así donde los auténticos líderes y sus leyendas se forjan.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García
Ilustración: Generada por Dall-E 2

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Poder y Responsabilidad

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Red Sky, by Desmond Kavanagh

Red Sky, by Desmond Kavanagh

«12 de Sureolom del 1509 d.S.

«Han pasado dos días desde que fuimos capaces de soportar toda la brutal fuerza que vino sobre nosotros. Estos dos días sólo he podido dormir, y tampoco hubiese hecho otra cosa que no fuera intentar curar las heridas que no son capaces de mitigar ningún clérigo: acaso el tiempo o la muerte sean capaces de arrebatarme este dolor. 

«Encerrado en mi habitación, ya no puedo quedarme absorto en mis pensamientos mirando a través de la ventana. Ahora un cielo carmesí invade todo lo que abarca la mirada, todo lo que mi vista puede ver, y el recuerdo de la victoria y el sacrificio vuelve a mí.

«En todos estos meses no hemos parado de luchar aunque fuese cada uno a su manera. Unos han luchado de frente al enemigo, otros contra sí mismos para seguir adelante, y otros han sido capaces de desvelar gran parte del misterio, la gran mentira que a este lado del mundo, todos creímos a pies juntillas.

«En esa lucha, hemos construido una ciudad en la que todos juntos fuésemos capaces de enfrentarnos a los Atlantes. En ella se ha invertido sangre, sudor, hambre y sufrimiento. Pero no ha sido suficiente. En la lucha, muchos de los que poseemos habilidades diferentes a las de cualquier otro ser de Gaia, nos dieron potestad para elegir dónde movilizar tropas, colocar barricadas y en general, lo que otras personas de corte más militar dirían: utilizar recursos. 

«Esos recursos han luchado por creer en la libertad y en la verdad, y casi todos sangraron, mataron y otros muchos murieron cuando nuestras decisiones no fueron las correctas.

«Pese a que luchamos, sólo lo hicimos «con lo que teníamos», y aunque podríamos decir que hemos salido victoriosos, las celebraciones en las que puedo brindar tienen el color de la sangre de los caídos, y el flujo de esta es parte de los traidores. 

«No puedo apartar la imagen de Sun y Keith sacrificándose por nuestro mundo, el de los Mensch, en un acto de amor por quienes quizás no mereciesen tanto.

«Es terriblemente exacerbante pensar que los Dragoon y su pequeño grupo de políticos poderosos hayan ya celebrado con toda probabilidad alguna reunión en la que se jactan victoriosos y no culpables de su infinito desconocimiento y poco buen hacer: los bretes, los clérigos venidos a menos, espadachines y demás amigos junto a un mago loco y maleducado son los que con más bien poca organización y mucha improvisación, estamos intentando salvar nuestro mundo conocido llevándonos por delante a todos los seres inferiores que como buenos recursos podemos usar, todo con el ánimo de salvar lo que conocemos, el mundo que amamos, y no con la arrogancia de los grandes poderes otorgados por leyendas de otro tiempo y las ansias de aparecer en los libros de historia como los héroes.

«Me debato desde entonces en si lo que estamos haciendo realmente es lo correcto, si nuestra lucha sirve para algo, si sólo lo hacemos porque otros que dicen ser nuestros compañeros nos dicen que es lo que debemos hacer. Ahora no lo veo tan claro, y mientras más pienso sobre todo lo que ha ocurrido, mayor es el tormento, más turbia es mi visión sobre ellos.

«El cielo está teñido de rojo, del color de la sangre que permitimos que bañara nuestra tierra, algo que ahora con nuestros poderes no podremos cambiar.

«Al menos de momento.

«Coren Senazade»


Esta carta fue encontrada en los aposentos de Coren en el Castillo Archiducal de la Puerta de las Tormentas, en Media Esuarth, a principios de Marmadarim del 1509 d.S.

Autor: Adrián Plaza Jiménez, jugador de Coren Senazade y Coautor del Blog y Podcast de videjuegos The Past is Now.

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La Muerte de la Inocencia

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«Ahora ya nada importa hijo mío, ya no le tengo miedo a nada.

Al caer la noche iré a buscarles, iré a por lo que tanto ansío y lo que te mereces, iré a por su sangre a fuego y hierro.

Ahora ya nada importa excepto cuidar a tus hermanas.

No permitas que nadie les haga daño e impidelo con tu vida si fuera necesario, igual que hiciste cuando vinieron a buscarme.

Aunque dormido en tu cripta, te mandé construir en piedra pequeño mio, para que puedas seguir protegiendo esos bebés como hacías cuando respirabas con tu lanza de caña.

Ahora ya nada importa hijo mío, ya no hay nada que perder, ya todo da igual, no hay un infierno peor que en el que vivo sin vosotros.

Esta noche dormiremos juntos.

 – Papá»


Restos de un diario preservado desde la época de la Guerra de las Colonias, ocurrida en Media Esuarth. Fechada el 24 de Marmaradin del 1233 d.S.

Nuevo relato e imagen de nuestro colaborador Doppleganger, que nos da una muestra de como la desesperación y la pérdida pueden afectar a un hombre bueno.

¿Quieres contar tu relato aquí? Ponte en contacto con nosotros.

Autor y Fotografía: Doppleganger

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