La Llama de los Elfos

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Rodeado de sus compañeros y de media docena de estatuas destrozadas, Idan alzó la mano. La Llama de los Elfos resplandecía con una luz blanca y pulsante, como si estuviese viva. Como si recibiese al recién llegado.

En otra capa del Abismo, Hansi se acercó por fin a la Llama de los Elfos, un círculo de luz y calor en mitad de un vasto terreno valdío, quemado por bolas de fuego y lluvias de ácido. En un sitio así solo podría encontrarse sufrimiento y dolor. Pero Hansi, sientiendo el dulce pulsar de la luz blanca que emitía la Llama, sabía que eso estaba por acabar.

En una capa distinta, Nessa se acercó a la Llama de los Elfos, dolorida pero exultante. Su batalla con la Diosa Oscura debería haberla drenado y, sin embargo, se sentía con más energía que nunca. Con más claridad que nunca. Con más confianza que nunca. Con calma, alzó la mano y tomó la Llama de los Elfos.

Y por fin, tras el largo viaje que la había sacado de la selva de Silith, Nessa entendió.


Los doce caminantes de planos podían verse unos a otros. Parecían caer lentamente, rodeados por la misma luz intensa y pulsante. En el centro, Nessa, Idan y Hansi sostenían una misma lengua de fuego blanco.

-Gracias -dijo Nessa, y su voz resonó en la cabeza de todos, calmada y triste.

Idan y Hansi dejaron ir la Llama de los Elfos, cuyas llamas se alzaron y envolvieron a Nessa sin causarle daño alguno. La mujer les dedicó una leve sonrisa.

-Siempre pensé que era una persona extraña en mi tribu -comenzó a explicar pausadamente, sin prisa-. Me sentía bien allí, pero siempre supe que no era mi sitio. Y un día aparecisteis vosotros. Las cosas que contabais me hicieron darme cuenta de que había mucho más de lo que yo conocía. Me animasteis a buscar mi destino.

>>Y ahora, por fin, lo he encontrado. Ya sé porqué y para qué estoy en este mundo. Yo soy la Llama de los Elfos. Yo soy la magia ausente de Vilia, su consciencia y el foco de su poder. Y en el momento en que lo entendí, también entendí que éste debía ser mi final -Se hizo un silencio duro, incómodo-. Algunos no estaréis de acuerdo con mi decisión -dijo dedicando una ojeada a Ashazaar, que ya se disponía a replicar-, pero ya está tomada y no hay vuelta atrás. Por eso me gustaría pediros algo a cada uno de vosotros.

Nessa se volvió hacia Kuthan:

-Kuthan… eres noble, demasiado en algunas ocasiones. Antepones el bien común a tus prioridades y por eso te voy a pedir que seas el protector de la llama. Te la doy a ti para que la custodies. Su poder es enorme y confío en que no harás mal uso de él, al igual de que la protegerás con todo tu ser.

Tras ello se volvió a Taryc, que la observaba sorprendida, sin acabar de entender.

-Taryc, como buena amiga de Kuthan que eres confío en que lo ayudarás en su misión de proteger la Llama. Eres una gran persona, noble, sincera y tenaz y sé que harás lo que este en tu mano para ayudarlo.

>>También te quiero pedir otra cosa. Sé que eres consciente de lo importante que es la familia. Por eso, por favor, busca a mi padre y dile que nunca lo he olvidado y que siempre lo querré. Explícale lo que estoy haciendo. Él lo comprenderá.

Taryc asintió sin poder contener las lágrimas. Nessa se volvió entonces hacia Aldur:

-Aldur, eres un gran compañero de viaje y respetas la naturaleza más que nadie que haya conocido. Usas tu magia y tus conocimientos con cautela y siempre intentas hacer lo correcto. Por favor, acepta mi bastón. Sin mí no es gran cosa pero quizás te sirva de ayuda en tus propósitos. Por favor, no lo pierdas. Ha significado mucho para mí.

El druida aceptó el cayado en silencio, pasando una mano sobre la madera con reverencia. Tras ello Nessa se volvió hacia Iridal, que la observaba sorprendida:

-Iridal, tú ya conoces el poder de la magia. Por eso confío en ti también para la protección de la Llama. Sé que no quieres que este poder caiga en malas manos. Y también sé que tu mayor deseo es volver a casa. Puedo sentir la magia que emana de ese artefacto que has traído de tu viaje al Abismo, pero creo que no será suficiente. Por eso voy a reforzar la magia que enlaza ese artefacto con Faerûn. Espero que te sirva de ayuda.

Iridal asintió, aún más atónita tras las inesperadas palabras de su compañera. Nessa se volvió entonces hacia Idan:

-Idan, no nos conocemos mucho, pero sé que eres un alma pura. Ya lo sabía antes de que lo dijeran los elfos. Te encomiendo también que protejas la Llama. Tú eres uno de los pocos que puede usarla, por lo que te pido que si alguna vez el poder de la Llama cayera en malas manos, haz uso de ella. Ten cuidado, ya que sólo aquellos dispuestos a dar su vida podrán alcanzar el poder de la Llama de los Elfos.

Idan asintió, apesadumbrado pero orgulloso, conocedor del sacrificio que hacía su compañera por toda Vilia. Nessa continuó:

-Abel, espero que consigas liberar a Kaith de su estado y de su destino. Espero que pueda volver a estar entre vosotros. Créeme cuando te digo que si pudiera hacer algo antes de desaparecer lo haría, pero me temo que no puedo hacer nada contra el Dahaka ni contra el Tiempo -en ese momento, la luz que bañaba todo a su alrededor pareció vacilar antes de volver a estabilizarse. Nessa asintió-. Me temo que debemos darnos prisa.

Y posando una mano sobre el mago, concluyó:

-Te concedo la habilidad de ver anomalías temporales permanentemente, siempre que no disipen el conjuro que te lanzo. Aunque intuyo que será difícil -añadió con su característica sonrisa burlona-. Espero que esto te sirva de ayuda.

-Puedo ver… -susurró Abel.

-Sí. Por eso no podemos deternos -lo interrumpió Nessa y se volvió hacia Hansi-. Eres un gran desconocido para mí, pero las piedras dragoon te eligieron y eso ya dice mucho. Además aceptaste adentrarte en el abismo para encontrar la Llama y eso no lo hace cualquiera. Creo que serías un buen líder, por lo que te concedo el Esplendor del Águila. Úsalo con sabiduría y llegarás lejos.

Acto seguido, Nessa se volvió hacia su compañero de viaje kender y volvió a sonreir:

-Txus, tú eres un ser increíble. Me fascina tu forma de ver las cosas. Te metes en líos que ni tú mismo sabes lo grandes que son y aun así siempre sales airoso. Para mí has sido como mi hermano pequeño y por eso te voy a dar lo que te prometí -y extendiendo la mano, Nessa puso en la del kender un diminuto objeto de luz brillante-. Aquí tienes tu elefante. Es pequeño para que puedas llevarlo contigo a todos lados. Por supuesto, también tendrás algo de ayuda adicional: podrás caer como una pluma si lo necesitas. Estoy segura de que esto te ayudará a salir de algunos líos.

Por último Nessa suspiró. Se volvió hacia Ashazaar y, con tristeza y decisión, dijo:

-Ashazaar… Imagino que tu enfado crece por momentos. Sé que crees que serías el mejor protector que podría tener la Llama… pero te equivocas. Eres Atlante. Unos seres impresionantes, si te soy sincera: fuertes, rectos, hábiles en la lucha y obstinados en vuestros objetivos. Pero en el tiempo que he compartido contigo he aprendido que también sois una gente impulsiva y egoísta.

>>Es cierto que no eres un Atlante común. Tu tiempo entre los humanos te ha cambiado, pero llevas el peso de los siglos en la sangre. Aun así, te pido que ayudes a tus compañeros para proteger la Llama. Espero que lo hagas y que no dejes que todo su poder caiga en manos de los elfos. No son dignos de ello a pesar de que la crearan. También espero que arregles tu pasado para que puedas vivir en paz tu futuro con Ishilia.

>>Es difícil entregarte algo antes de mi marcha puesto que ya eres muy poderoso, pero he decidido concederte un don que espero que te sea útil: desde el momento en el que mi conciencia deje de ser humana estarás conectado conmigo, con la magia. A lo mejor no entiendes las consecuencias de esto, pero con el tiempo lo harás.

Un bramido interrumpió la conversación y todos los presentes se estremecieron. La luz de la Llama se volvió más apagada, más gris. Cerrando los ojos, con esfuerzo, Nessa se concentró y volvió a instaurar una luz blanca, pura, si bien más inconsistente que antes.

-Tengo que pediros otro favor -comenzó a decir de nuevo, su cuerpo en tensión aunque su rostro no lo reflejara-. Os lo pido a todos puesto que todos me habéis conocido como humana. Sabéis quien soy, como pienso y lo que siento.

>>Por favor… no me olvidéis. Contad a la gente mi sacrificio. Quizás, de esta forma consigamos que la magia se use de forma consciente y responsable.

>>Y por último, intentad que la gente crea en la magia. En una época en la que el mundo parece que se derrumba de nuevo, como ya lo hizo durante la Separación, es difícil creer en algo. Por eso os pido: creed. Usad la magia para traer fé y esperanza a los que ya no creen en los Dioses. Hacedles ver que esta nueva creencia puede salvarlos.

>>Quizás no lo entendáis pero… os lo aseguro. Cuando mi forma física desaparezca podréis sentir lo que os digo.

Cerrando los ojos, Nessa dejó escapar de entre sus manos la lengua de fuego blanco que era la Llama de los Elfos. Esta fuente de magia pura voló hasta las manos de Kuthan, que la tomó con reverencia.

-Ahora debo despedirme -dijo Nessa con una sonrisa mientras su cuerpo se desvanecía en luz-. Espero volver a sentiros alguna vez…

-Nessa… -comenzó a decir Taryc, pero entonces la luz se desvaneció. Un torbellino de colores pardos los envolvió como si fuese una jaula de energía y los sacudió con fuerza. Entre las lineas de energía danzante, vistazos rápidos de paisajes familiares y totalmente ajenos se sucedían con rapidez. Eran paisajes de Vilia.

-¿Qué es esto? -preguntó Kuthan desesperadamente mientras buscaba dónde agarrarse. La Llama de los Elfos se había convertido en una pequeña estatua de piedra con forma de una pequeña lengua de fuego, como la cabeza de una antorcha. Idan se esforzó en mantenerlo cerca, a él y a la Llama.

Un nuevo rugido, esta vez tan cerca que el grupo pudo sentirlo en los huesos.

-¡Cuidado! -gritó Aldur y comenzó a entonar un conjuro con un rápido movimiento de manos. No ocurrió nada.

-¡Es un dragón! -jadeó Hansi echando mano a su nueva guja.

La bestia, cubierta de escamas doradas y negras, los observaba. Sus profundos ojos amarillos, de pupilas negras en forma de relojes de arena, los observó. Sus garras se elevaron, dispuestas a atacar.

-No -dijo Abel-. Es el Dragón. Una de las tres representaciones del Tiempo. ¡Nos ha encontrado!

La zarpa cayó sobre el grupo con rapidez. Una luz familiar, blanca y pura, volvió a resplandecer de repente.

Y después, todo fue oscuridad.


El capítulo 4 de Vilia: Caminantes de Planos, concluyó con el hallazgo de la Llama de los Elfos y la desaparición de Nessa, una fiel compañera que había acompañado al grupo a lo largo y ancho de la Terra Conocida y más allá.

Precisamente estos viajes son los que convencieron a Nessa de la decisión que tomó en ese momento. Sin darse cuenta, cada uno de sus compañeros fue imprimiendo en una persona sencilla y amable una inquietud, una esperanza, un sentido de responsabilidad por un mundo y unas gentes que, sin embargo, ignoraban su existencia y no le daban importancia.

Los actos, las palabras, la vida… son ondas en el mar, extendiéndose más allá de donde alcanza la vista y tocando, aún sin que lo sepamos nunca, a otros seres. A otras ondas.

Nessa no está ya en Vilia, pero la magia ha vuelto. Así como los Caminantes de Planos, atacados por el que, según decía Kaith, es su mayor enemigo. ¿Qué pasará ahora?

Podremos descubrirlo en el Capítulo 5: “Avatares del Destino”


Autora original: Ana Boza
Revisión y adaptación: Ricardo García

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El 2021 en perspectiva

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Hace mucho que no me lanzo a escribir en este blog y siento que es necesario hacer una introducción ahora que pasas por aquí, ya seas nuevo interesado o viejo compañero de aventuras.

Me llamo Ricardo García y soy el coordinador de Vilia. Soy la persona que, desde 2004 aproximadamente, ha estado imaginando un mundo de fantasía épica medieval, muy inspirado en la cultura gamer, pop y literaria de la época y de mi niñez. Producto de una partida de rol que pasaría a convertirse en una campaña, decenas de compañeros y amigos han colaborado para que tanto el mundo como la historia que hemos ido creando juntos vaya creciendo.

Vilia se ha ido transformando en muchas otras cosas, entre ellas una Iniciativa y un proyecto al que le he dedicado muchas horas y mucho cariño. Fruto de ello es este blog, en el que he tenido la suerte de que amigos y colaboradores hayan dejado su marca en forma de historias, ilustraciones e ideas.

Actualmente, tanto este blog como la mayor parte de las actividades que tienen que ver con el proyecto que emprendimos en 2017 están detenidas. Y lo seguirán estando. Sin embargo, hay otros aspectos de Vilia que, por el cariño que les tengo y por las oportunidades que me han brindado a lo largo de los años de conectar con personas increíbles y entrañables, no dejan de aparecerse en mis pensamientos una y otra vez.

En estos años he tenido la oportunidad de reflexionar mucho acerca de qué quiero y, sobre todo, qué puedo hacer con Vilia. Y me doy cuenta de que lo que lo segundo no es tan amplio como lo primero. La vida continúa y las circunstancias personales cambian. Me toca, pues, elegir mis batallas.

2021, en este sentido, me ha brindado la oportunidad de enfocarme y de ponerme en acción. Con el contexto de la pandemia global en el que aún hoy seguimos inmersos, he podido examinar lo que dejamos abierto, plantar ideas y dar algunos pasos en el objetivo que tengo en mi mente actualmente: comenzar el capítulo 5 de la campaña de Vilia – Avatares del Renacer.

Un objetivo que, con toda honestidad, me había marcado para 2021. Y si bien el año se ha quedado corto, no ha sido en balde. Tal y como te cuento a continuación.

Revisando el Capítulo IV

Puede parecer que no, pero hace ya casi cuatro años desde que cerramos el Capítulo IV: Caminantes de Planos a finales de Enero de 2018.

A lo largo de ese capítulos hemos desarrollado muchas tramas e historias diferentes:

  • Lidiamos con las consecuencias de la Batalla de Media Esuarth, tras la cuál el poder psiónico se cortó completamente en la Terra Norte. Esto tuvo consecuencias sobre la Secta del Dragón y sus aliados, dificultando su comunicación y su coordinación por la región. La consecuencia es que bandas de orcos liderados por magos y sacerdotisas drow han estado recorriendo la región a sus anchas, aterrorizando a los habitantes de Westfallia y Entanas.
  • Descubrimos que Thrain continúa vivo, liderando a los atlantes, las huestes de Bahamut y, por extensión, a las de la Secta del Dragón.
  • Ashazaar e Ishilia se aliaron con los atlantes para intentar capturar a los dragoons, muriendo Ishilia en el proceso y siendo resucitado un vez su cuerpo volvió a Gaia
  • Hemos explorado la historia de Idan e Iridal Kant, ambos venidos desde otro plano. Amnésico uno y marcada la otra por uno de los Señores del Abismo: Graz’zt, ambos parecen estar envueltos en una profecía insalvable de perdición.
  • Lidiamos junto a Kaith, Ashazaar y Dart-Dos con las consecuencias de la determinación del tiempo y del destino en Vilia, habiendo tomado la forma de una poderosa criatura conocida como “el Caballero”.
  • Los dragoon localizaron una nueva Piedra del Dragón en las heladas estribaciones de Nebin, acordando una tregua temporal con sus eternos enemigos y, por entonces, con Ashazaar e Ishilia.
  • Kuthan se ha enfrentado a ciertos de sus demonios personales, sembrando el comienzo de lo que puede convertirse en el primer ejército preparado para enfrentarse a las criaturas mágicas y los lanzadores de conjuros: las Plumas Negras.
  • Mientras, Hansi Belmont y su grupo de campeones de Media Esuarth han estado intentando pacificar la región, descubriendo en último término que la amenaza de un ser sombrío en el Bosque de Warath se cierne sobre ellos y, potencialmente, sobre toda la Terra Conocida.
  • Taryc intentó llegar a un pacto con el propio Thrain en la capital atlante, en Gaia, que, aunque apoyada por Ashazaar y ciertas facciones atlantes, no pudo materializarse.
  • Sigmund y Saryvon lograron internarse más allá de Vilia, explorando el plano etéreo y descubriendo muchos de los secretos allí guardados acerca de los orígenes de Vilia.
  • Taryc, Kuthan, Ashazaar y Nessa viajaron a los confines de Gaia, explorando el legendario bosque de Ahn-Quessire y descubriendo el paradero de la hasta entonces desaparecida civilización élfica.
  • Trece personas abandonaron el plano de Vilia en busca de un legendario artefacto que contiene la energía mágica de Vilia: la Llama de los Elfos. En este viaje, Nessa acabó de descubrir su conexión con la Llama como fuente de su poder mágico y decidió su destino: que la magia volviese a Vilia a cambio de volver a fundirse con el artefacto.

Éstas son solo algunas de las historias que creamos y compartimos a lo largo de este cuarto capítulo de la campaña. A lo largo de este año he podido revisar el registro de todas estas aventuras, catalogar la documentación existente y establecer una linea temporal desde el comienzo de la campaña hasta la actualidad. El trabajo ha requerido muchas horas de organización documental, así como de síntesis y adaptación en los casos en los que decisiones llevadas a cabo en los últimos años, como la ampliación de la geografía de Vilia y la creación del calendario, lo hicieran necesario.

Ahora disponemos por fin de las fechas exactas en las que la campaña comenzó. Considera la nueva geografía de Vilia, más extensa de lo inicial.

Esta organización era muy necesaria. Son muchos años de partida, de historia y de escritura dispersa en muchos lugares. La wiki pretende ser un punto central para toda esta documentación y conocimiento, pero requiere tiempo y no es sencillo pasar la documentación manuscrita que llevo elaborando todos estos años.

Todos los documentos que se han generado a lo largo de los años están ahora indexados y organizados en carpetas.

Y sin esta organización y la consecuente vista atrás no hubiera sido posible plantear la…

Preparación del Capítulo V

Si bien la tarea de ver todo lo ya narrado es enorme, el plantear como continuar y terminar las tramas abiertas lo es más aún. Y sí, digo terminar, porque una de las decisiones más importantes que trae consigo el capítulo V es la de cerrar tramas en lugar de seguir abriendo otras nuevas.

Sin embargo, el número de tramas que existen actualmente es tan grande (o más) como el número de personajes y, por extensión, jugadores que ha habido activos en la campaña. Si bien durante el capítulo IV he llegado a dirigir a seis grupos diferentes, las limitaciones que me impone la vida me obligan tener que limitar el número de grupos y, por consiguiente, el número de personas que pueden participar en la campaña durante el próximo capítulo. Y esto me obliga, así mismo, a priorizar las tramas que trataremos y que intentaré (siempre con la venia y el interés de los jugadores que quieran explorarlas) enlazar en las partidas.

Durante el capítulo 4 llegué a dirigir seis grupos de forma concurrente. Sin embargo, ¡en algún momento llegamos a tener un Grupo 7!

Durante el 2021 me propuse limitar el número de personajes (y jugadores) a 10, idealmente divididos en dos grupos. Así mismo, mi intención inicial es orientar las tramas y los temas a explorar en cierta dirección, de la que doy ejemplos sin querer entrar en detalles:

  • La vuelta de la magia y de los elfos a Vilia.
  • El desarrollo de Media Esuarth como punto intermedio entre las potencias humanas de la Terra Norte.
  • La Guerra entre Thrain y Levain en las Montañas Azules.

Esto no significa que no tratemos otros muchos temas (y tramas) que hemos dejado pendientes durante el último capítulo. Pero sí hace que ciertos arcos narrativos se separen ampliamente de este foco. De nuevo, algunos ejemplos:

  • La historia de Mai y Katsura en su camino a Inkairu
  • La historia de Truy y la búsqueda de su hermano
  • La gestión en detalle de las tierras que algunos personajes (como Taryc, Aldur y Kuthan) han adquirido
  • Las tramas centradas en la naturaleza del plano de Vilia y su historia antigua

Con esto no pretendo que estas tramas desaparezcan de la aventura. Se trata de una decisión tomada en aras del pragmatismo: no dispongo de tiempo ni capacidad suficiente como para seguir llevando todas estas historias en paralelo. Sirve además para otorgar un ya mencionado foco a esta parte de la historia, algo que creo que se agradecerá por los participantes.

Abarcar demasiadas historias puede ser contraproducente para director y jugadores

Tampoco significa esto que no podamos llevarlas a cabo en el futuro: francamente, desde el punto de vista de la historia, veo factible la existencia de un sexto capítulo y no descarto la existencia de un séptimo. Y siempre está la posibilidad de hacer spin-offs si hubiera oportunidad e interés.

Con todo esto, os puedo decir que ya dispongo de una estructura general inicial para el capítulo, así como las primeras tramas que creo que podremos explorar en las primeras partidas. Y digo inicial porque tengo claro que en una campaña de rol los planes están solo para volver a hacerlos: son los jugadores, a través de sus personajes y su interpretación, quienes tendrán la agencia de decidir qué hilos narrativos exploraremos primero y cuales, incluso, no se explorarán en absoluto y seguirán su curso sin ninguna intervención de los jugadores.

Lo bueno de este plan inicial es que, gracias a él, dispongo ya de una idea sobre qué ocurrirá si los personajes no intervienen en estas tramas en absoluto.

Cambios de Gestión… en Media Esuarth

Nuestra ciudad favorita todavía está necesitada de reconstrucción y atención

Uno de los puntos que más he trabajado a lo largo del 2021 ha estado relacionado con la gestión de posesiones (tierras, ciudades, etc). En particular, la gestión de la ciudad de Media Esuarth es especialmente importante, ya que es uno de los temas a tratar durante el capítulo V.
Por cierto: la ciudad de Media Esuarth también es conocida como Puerta de las Tormentas, en caso de que no hayas participado en la Iniciativa Vilia durante 2018.

Al comienzo del capítulo IV, el Archiduque de Media Esuarth Lucius Graham cedió el control y la gestión de la ciudad y de las tierras circundantes a un Consejo a cargo de Maeron Thosbale, paladín caído de Sior y compañero de armas de los Dragoon. Durante años, este grupo, formado por varios jugadores que decidieron aportar sus ideas y (en algunos casos) su mezquindad política a la causa, ha discutido y acordado decisiones sobre la ciudad en un tira y afloja apasionante. El medio: el correo electrónico.

Debo decir que la experiencia por mi parte ha sido muy positiva: algunos personajes han elaborado complejos planes que persiguen el éxito tanto de sí mismos como, frecuentemente en segundo lugar, la propia ciudad. Considero que estas historias, centradas en la política y en los juegos de poder, todo ello enmarcado en un ambiente medieval fantástico, son de las mejores que hemos creado juntos. El roleo, aun a pesar de ser por escrito (o quizás debido a ello), ha sido profundo y bien desarrollado. Y si bien el ritmo de la partida ha sido enormemente lento debido, precisamente, al medio de comunicación, durante mucho tiempo este ritmo no ha supuesto una molestia para el resto de tramas y grupos. Ambos se han desarrollado en paralelo, requiriendo tan solo un pequeño esfuerzo extra por mi parte para llevar un control de todas las comunicaciones y puntos de encuentro entre ellos.

La gestión del consejo requería cierta información general que todos los participantes recibían por correo electrónico. Empezamos recibiendo un correo por día de tiempo de juego. En el último caso intentamos ampliarlo a 7 días para que fuese más fluido.

No todo ha sido de color de rosa: con el pasar del tiempo, el ritmo lento de la partida se ha ido convirtiendo en un problema. Lo es ahora, de hecho, ya que tras haber terminado el viaje entre planos que sirvió de clímax del Capítulo IV, la gestión de Media Esuarth cuenta con casi dos meses (de tiempo de juego) de retraso. Además, los aspectos de gestión m´ás detallados han acabo por demostrarse innecesarios.

Por ello, con el capítulo V he decidido que vamos a gestionar Media Esuarth de una forma distinta. En particular vamos a hacer uso de las reglas de gestión de reinos detalladas en Pathfinder, en el manual Ultimate Campaign. Puedes ver las reglas originales en inglés aquí, y en los próximos meses pretendo publicar en la wiki un extracto de las mismas en español en este enlace.

Ya está preparada la ficha de control de la región siguiendo las reglas de Ultima Campaign. Podremos compartirla a través de Google Drive.

En ellas, la gestión de la ciudad y del resto de la región se simplifica enormemente. Proponen una ficha de control para las ciudades y es posible gestionar el control de la región a través de un mapa hexagonal.

Estos dos aspectos son algunos de los que he estado trabajando en 2021 y que supondrán un cambio para la partida. La implicación, por ello, es que la partida por correo electrónico queda, esta vez definitivamente, detenida en pos de este nuevo método de gestión. Más aún: muchos de los antiguos participantes no participarán en este nuevo método de gestión, en principio, con la idea de continuar con el propósito de limitar tramas, personajes y grupos que manejar en paralelo. Serán los jugadores que participen en la partida quienes, una vez al mes en tiempo de juego, tomen las decisiones de gestión necesarias para que la ciudad y la región continúen creciendo.

También dispondremos de un mapa hexagonal de la región

A pesar de ello, si te encuentras echando de menos la trama que llevabas a cabo y el personaje que interpretabas, ponte en contacto conmigo y vemos qué podemos hacer al respecto. En caso contrario, y como siempre, muchísimas gracias por el tiempo que has compartido conmigo y con el resto de jugadores de Vilia en esta parte de la historia. ¡Espero que puedas disfrutar el resto!

Jugando con seguridad

Decía al principio de este post que vivimos en una realidad dominada por una pandemia. Después de casi dos años parece que el COVID-19 no se va a marchar de nuestras vidas. Y aunque estoy convencido de que nos sobrepondremos y tendremos oportunidades de pasar tiempo cerca de nuestros amigos y seres queridos, la realidad es que aún nos falta bastante por andar para llegar a ese punto.

Es por ello que a lo largo de 2021 he estado explorando formas de continuar con la campaña considerando esta situación. Me alegro de poder deciros que me he decidido por un método concreto: FoundryVTT.

Se trata de una aplicación que permitirá a jugadores y director de juego conectarnos a un entorno virtual que nos servirá tanto de tablero como de repositorio de fichas de personaje. La aplicación es altamente personalizable, existiendo actualmente un proyecto para elaborar todo el SRD de D&D3.5 que te recomiendo que visites y que he utilizado para, aún más, personalizar este conjunto de reglas con las reglas específicas de Vilia.

En concreto, basándome en el sistema, he adaptado e implementado lo siguiente:

Personajes ya incluidos en Foundry. ¿El tuyo no tiene todavía imagen? ¡Envíamela pronto!
  • He implementado el sistema de Doble Clase y Multiclase de AD&D que utilizamos en Vilia
  • He adaptado el contenido y las reglas a las de 3.0, en la medida que seguimos usándolas. Por ejemplo, algunas clases siguen la progresión de D&D 3.0, como el monje y el pícaro
  • Al mismo tiempo, he creado muchas de las clases que no vienen en el SRD y que algunos de los personajes de Vilia utilizan. Algunos ejemplos: la clase Espadachín, la clase de prestigio Dagaconjuro, o la clase Explorador con el kit de 2ª del Justifier
  • Crear clases ha requerido, así mismo, crear muchas habilidades de clase y poderes que no existían
  • Las clases de Psiónico y de Guerrero Psiónico he tenido que crearlas desde cero. Como parte de estas clases he implementado también el sistema de Combate Psiónico de 3.0, con algunas modificaciones diseñadas para darle algo más de interés a dichas reglas
  • He migrado todos los conjuros que tenemos disponibles en Vilia a la aplicación. Y cuando digo todos, quiero decir todos los contenidos en los libros que utilizamos en Vilia, más alguno extra que algún que otro druida se ha traído de su viaje a Azeroth. Esto ha sido infinitamente más sencillo gracias a la labor previa de Beatriz Morales, a la que agradezco infinitamente, cuando ya describió todos los conjuros de druida de nivel 1 a 6. He podido ampliar este trabajo y el que yo mismo he ido realizando a lo largo de los años para llevar a cabo una migración en bloque de todos estos conjuros a la herramienta. Si bien la mayoría no están automatizados (eso requeriría mucho más trabajo), muchos cuentan con una descripción inicial y están configurados para que funcionen adecuadamente con sus correspondientes clases
  • Por último, he incluido a varios de los personajes que participarán en la partida, junto con todo su equipo. Como puedes ver en la imagen, algunos de ellos todavía no tienen avatar. Si es tu personaje, ¡pásame uno para poder configurarlo correctamente!
Algunos conjuros están descritos e incluso automatizados, pero el resto solo están nombrados actualmente. ¡Seguiremos necesitando libros por ahora!

Esta herramienta es increiblemente potente y continúa desarrollándose activamente hoy en día. De hecho, parte de las últimas tareas que he llevado a cabo han sido la migración de todo el contenido de la versión de Foundry 0.7.9 con la que comencé a trabajar en Abril de 2021, a la 0.8.9, que es actualmente la versión más estable.

Lo cierto es que la adaptación no es perfecta. Necesitaría dedicar todavía mucho tiempo para que así lo fuera. Podría explorar módulos, incluir y automatizar cientos de conjuros, explorar funcionalidades que todavía no he podido mirar… Pero contando con que el verdadero objetivo de esta aplicación, para nosotros, es la de permitirnos hacer tiradas de dados, controlar nuestras fichas de personaje y facilitarnos un espacio común donde poder jugar, creo que tenemos más que suficiente para empezar.

Aún así, si crees que me puedes ayudar con los puntos que he comentado antes y te apetece colaborar, igualmente, avísame y nos organizamos.

Algunas ideas más

El 2021 me ha permitido también aventurarme en otros sistemas de juego. No ha sido un año muy prolijo en cuanto a partidas (tan solo he comenzado a dirigir una campaña de Pathfinder 1e del Auge de los Señores de las Runas que avanza con mucha tranquilidad), pero sí me ha permitido leer algunas cosas nuevas que espero que pueda llegar a poner en práctica algún día. Como por ejemplo:

  • Las reglas de Savage Words
  • El escenario de campaña de Numenera, basado en las reglas del Cypher System
  • Una nueva lectura a las reglas de la Llamada de Cthulhu, en este caso en su sexta edición
  • Las reglas básicas de Pathfinder 2e
  • El Adventure Path de Hell’s Rebels de Pathfinder 1e
  • Un par de números del Adventure Path de War for the Crown de Pathfinder 1e, una campaña basada en política muy, muy prometedora
  • Un repaso a las reglas de gestión de reinos y de combate masivo del Ultimate Campaign de Pathfinder 1e
  • Algunas de las aventuras de Candlekeep Mysteries, de D&D 5e
  • Las reglas de Ánima, con muchos de sus libros de expansión, que nunca había llegado a leer al completo
  • Una revisión a las reglas básicas de Vampiro: La Mascarada

De todas estas lecturas saco ideas interesantes. Es una gozada poder sumergirse en la creatividad y la ambientación de ciertos escenarios de campaña y la frescura de nuevos sistemas de juego.

Numenera es uno de los escenarios de campaña más imaginativos que he leído en mucho tiempo. ¡Y tiene juego de PC!

Una de las ideas a la que llevo dando vueltas desde hace unos meses es la de crear una campaña de partidas episódicas ambientada en Vilia. Se desarrollaría en la época actual y estaría centrada en el punto de vista de los soldados y habitantes de Escisión, la capital Entánica, a medida que la vuelta de la magia y la intensificación del conflicto en las Montañas Azules les va afectando. Esto permitiría presentar los cambios bruscos en los que la sociedad humana se va a ver sumergido en los próximos meses de juego. Podríamos explorar las decisiones que algunas de esas personas están dispuestas a tomar para sobrevivir en un conflicto mucho más grande que ellos e, incluso, intentar prosperar si les fuera posible.

Para ello, partiríamos del ejército de Escisión como punto focal de la historia. A través de misiones específicas y autoconclusivas, la historia de fondo se iría revelando a medida que el conflicto atlante se va desarrollando en las Montañas Azules. Los jugadores y sus personajes podrían ser soldados u oficiales del ejército, artesanos, sabios o sacerdotes a servicio del mismo, o aventureros y truhanes reclutados para proteger la ciudad y el reino Entánico.

De esta forma, podríamos definir un conjunto de misiones en los que los jugadores, a través de sus personajes, podrían decidir participar. Cuando una de esas misiones cuente con el número de integrantes necesario, lanzaríamos esa partida y registraríamos lo que ocurriese, publicándolo posteriormente en la wiki para que todos los jugadores puedan estar al día… al menos de los eventos públicos. Ni que decir tiene que no todos los personajes tendrían que acudir a todos las partidas, lo que aportaría flexibilidad y permitiría que cada personaje se desarrolle en los temas específicos que le interesen. Podrían colaborar entre sí fuera de las partidas para establecer alianzas y pedir apoyo en determinadas misiones personales que, llegado el caso, podrían convertirse así mismo en semillas para más partidas.

Este tipo de campaña permitiría a los personajes (y jugadores) escoger qué misiones quieren llevar a cabo.

La idea es interesante, pero admito que también es compleja. Por un lado me gusta la dinámica de una campaña que no solo aportara flexibilidad a los jugadores durante las partidas, sino también fuera de ellas. Además, exploraríamos un aspecto de la campaña principal de Vilia que actualmente queda velado tanto por el nivel de poder de los personajes de la campaña actual como por el tipo de historias, mucho más existenciales y con apuestas mucho más altas, que pueden explorar con facilidad.

Por otro lado, soy consciente de que puede llegar a ser una campaña que requiera mucho tiempo para poder preparar y dirigir aún a pesar de que las sesiones fuesen autoconclusivas. A esto se suman otros puntos en contra:

  • Estaría dedicando tiempo a una campaña separada que no es la principal de Vilia. Llevar una sola campaña ya va a ser difícil.
  • Temo que, inevitablemente, no pudiera encontrar el tiempo necesario para mantener la campaña más allá de sus primeros compases.
  • Requiere trabajo adicional para registrar y coordinar las diferentes partidas y esfuerzos de los jugadores.
  • Dependería también de, potencialmente, un número importante de jugadores, lo que aumenta la complejidad: coordinación para quedar, implicación de los jugadores a lo largo de tiempo que, como nos pasa a todos, puede variar según nuestras circunstancias…

Quizás apoyándome en otros directores de juego podríamos llegar a organizarnos lo suficiente como para que la campaña tuviera más movimiento que si dependiese solo de mí… como digo, es algo a lo que le doy vueltas.

Quedaría pendiente por aclarar también el sistema de juego que utilizaríamos. Ahora mismo estoy entre tirar por los juegos retro y volver a AD&D, o probar algo nuevo e intentar lanzarla con Savage Worlds o Pathfinder 2e.

En definitiva, una de las ideas que exploro en mi cabeza y de la que estaría encantado de recibir opiniones.

En conclusión…

Sigo vivo y sigo pensando en Vilia. En nuestra campaña en particular. Voy dando pasitos para lograr que volvamos a sentarnos juntos, ya sea física o digitalmente, y retomar nuestra historia.

Pero por el momento no dispongo de fechas concretas. Mis próximos pasos son los siguientes:

  • Terminar de incluir las fichas de personaje de los jugadores en FoundryVTT
  • Establecer contacto con los jugadores e introducirlos a FoundryVTT
  • Preparar la sesión en Foundry y lanzar la partida

No parece mucho, pero tampoco me lo parecía en Abril de 2021 cuando pensaba que estaba a punto de comenzar.

Así pues, continúo con este viaje. Prometo volver por estos lares tan pronto como sea posible y, con suerte, contar los avances en esta nueva aventura que espero lanzar en 2022.

¡Feliz Año Nuevo! Espero que tus aventuras sean muchas, en la compañía de tus seres queridos y que, a la vuelta, tu hogar te espere, cálido y confortable.

Ricardo García
@BardoVilia

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La Separación

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El choque de sus espadas y de sus voluntades fue tan intenso que hizo temblar las estrellas del firmamento.

El vacío fue atravesado por destellos de luz divina y por zarcillos de oscuridad primigenia. Toda la creación se estremeció bajo la lucha feroz de dos hermanos que pugnaban por imponer sus designios sobre el lienzo hecho pedazos de la realidad.

Thrain empuñaba su espada con la ira justa del que había sido llamado Padre de los Dioses. Un halo de luz lo envolvía, convirtiendo el caos a su alrededor en titilantes lanzas que, como relámpagos, eran enviados contra su hermano y mortal enemigo. Levain, envuelto en un aura de caos y destrucción, se defendía deshaciendo los ataques que recibía en pura entropía, deslizándola de nuevo con sibilino ahínco contra el Gran Padre. Su espada hendía el espacio que separaba a ambos Dioses, deshaciendo la energía y la materia en polvo y en Caos; chocando contra el arma de Thrain en busca de un resquicio donde poder socavar su tenacidad desde el interior.

Los Dioses lucharon durante siglos, los cuerpos yacientes de sus aliados dispersos por el campo de batalla. Solo Liveta, la Diosa de la Luz y consorte de Thrain, observaba entre lágrimas el horror que tan desproporcionado combate había causado. No osaba intervenir.

La batalla parecía no tener fin. Ninguno de los Dioses cedía un solo milímetro. Cada estocada era detenida en un choque desgarrador. Cada finta era respondida con una defensa férrea. Cada argucia era desarticulada con una imparable fuerza de voluntad.

Entonces, Levain, sabiendo la imposibilidad de ganar a su hermano en una lucha justa, utilizó su última argucia. Bajando sus defensas se dejó golpear. El cuerpo y la consciencia del Dios Olvidado se estremecieron y cayeron al Caos Primordial que envolvía el campo de batalla. Thrain, viendo a su enemigo vencido, dejó descansar su espada y se dirigió a él, su justa furia ardiendo en su mirada:

Tu traición acaba aquí, hermano. Prepárate para perderte en el caos eterno que tanto atesoras. No puedes vencerme.

Levain rio con sorna antes de contestar.

-Ya te he vencido, hermano -dijo haciendo un gesto con su mano, que comenzaba ya a deshacerse-. Mira a tu alrededor. ¿Qué queda de la creación que tanto anhelabas proteger? Todo lo que hay alrededor es Caos. La Separación que había predicho se ha cumplido.

Y Thrain observó y se dio cuenta de que su hermano, aún vencido, tenía razón. Su creación yacía en pedazos, dispersa por el firmamento. Muerta.

Lo que fue creado una vez puede ser creado de nuevo -anunció Thrain con determinación.

E introduciendo sus manos en el Caos Primordial tomó los fragmentos de su creación anterior. Con sus dedos, guiados por su voluntad inquebrantable, fue creando un mundo: un lugar de orden en mitad del firmamento. Y lo iluminó con la luz y el fuego divino que eran suyos por derecho. Así fue creada la Terra Conocida.

Pero Levain volvió a reír entre estertores mientras su esencia se disipaba en el Caos a su alrededor.

-Estúpido -dijo-. Has llevado a cabo tu creación partiendo del Caos más absoluto. Este nuevo mundo porta mi propia semilla en su interior y algún día dará fruto. ¡He vuelto a ganar!

Y Levain se desvaneció por siempre, dejando a Thrain con un mundo iluminado pero no eterno, un trozo de orden envuelto en Caos, nacido del Caos. El Dios se lamentó, viendo su eterna derrota en la derrota del propio Levain, sabedor de que su destino sería el mismo que el de su hermano. Y fue entonces cuando Liveta, acercándose con afecto a su amado, le susurró al oído:

-No sufras, amor, porque tu creación no sea pura. No sufras por el odio de Levain ni por su engaño envenenado. Observa este nuevo mundo: inocente, recién nacido.

Thrain lo hizo y pudo ver infinidad de detalles en sus montañas, hermosas llanuras y largos valles, profundidades abisales en sus siempre oscilantes océanos. Y en todo ello vio Thrain lo quería decirle su amada y que, juntos, dieron a luz: esperanza.

Este mundo merece ser guiado y cuidado para que pueda existir eternamente -concluyó el Justo Padre, y Liveta asintió.

-Tu deseo se hará realidad.

Y acto seguido Liveta, la Gran Madre, se inclinó sobre la Terra Conocida y la envolvió con sus brazos. Con un suspiro dejó escapar una parte de su divinidad, impregnando con ella el mundo y dando forma a centenares de seres que lo habitasen. Con su último hálito, el más profundo, dio forma al ser humano y lo colocó a sus pies, envolviéndolo en su infinito amor.

-Esta creación es tanto tuya como mía -anunció Liveta volviéndose hacia Thrain-. Yo les enseñaré la bondad y el amor que los acerquen a la divinidad. Tú le inculcarás la fuerza, la lealtad y el sentido de la justicia necesario para que se mantengan firmes en su cometido divino.

>>Y juntos podremos salvar este mundo de la depredación del Caos.

Y así, ambos Dioses observaron su creación, complacidos.

extracto de Creación y Vida, uno de los textos sagrados de la religión de Liveta.


Ninguno de ellos pudo sentir como una voz susurraba desde las profundidades del firmamento, como una letanía proveniente del Caos más infinito y primordial:

-…y el Caos llegará a todos los rincones de la existencia…

anotaciones encontradas en una versión modificada, utilizada en un culto secreto a Enihira, Diosa del Dolor.


Ricardo García
@BardoVilia

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El Ídolo de Cristal, parte I: Comienza el asalto

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– Llegas tarde – ladró Barod.

Lemire simplemente lo miró, cansado. No había tenido un buen día, y juraría que el barril de pólvora con el que cargaba había ido pesando más a cada paso que daba.

– ¿Y qué carajo ha pasado? Estás hecho una mierda. Estábamos a punto de salir a buscarte.

Lemire sonrió.

– Qué quieres que te diga, tu madre no quería dejarme salir de la cama – respondió al undino, satisfecho.

El rostro de Barod se contrajo por la furia, pero antes de que pudiese articular una respuesta una suave voz los interrumpió.

– Lemire, eso no es muy agradable, creo que teníamos todo el derecho del mundo a estar preocupados. ¿Qué tal si te portas como un niño bueno y nos dices qué ha pasado?

Sobresaltado, Lemire miró en la dirección de la que venía la voz. No pudo evitar que una ligera punzada de pánico asomase en su voz.

– ¿Lorna? ¿Te han dado esta misión a tí?

Saliendo de entre las sombras, la mujer le dedicó una sonrisa traviesa mientras jugueteaba con una daga.

– ¿Algún problema con ello?

Los ojos de Lorna, levemente rasgados denotando su ascendencia inkauriana, se clavaron en el ladrón, que se encontró a sí mismo retrocediendo un paso.

– Eh… no. No, claro que no. Sea como sea, deberíais daros prisa. – Lemire tendió el barril de pólvora a Barod, contento de poder quitárselo de encima por fin – La distracción no va a durar demasiado, visto lo visto.

Barod no cogió el barril. Lemire, algo confuso, lo volvió a intentar.

– ¿Qué ha pasado, Lemire? – Insistió Lorna.

Lemire suspiró. Había ensayado esta parte durante el camino, pero habría preferido poder saltarse las explicaciones.

Cran la cagó. Alertó a la guardia, y cuando nos quisimos dar cuenta los teníamos encima. A duras penas logré salvar este barril. Pero eh, ahora tenemos una distracción más efectiva. Y repito, deberíais daros prisa antes de que las cosas se calmen un poco. Ya deberíais estar llegando al distrito gubernamental.

– ¿Así que Cran la cagó, eh? – Barod claramente no se lo creía, pero a Lemire no le importaba especialmente.

– Sep. No tuve más remedio que dejarlos. Arkus es duro, pero no creo que duren mucho, la verdad. En serio, id tirando – dijo, volviendo a intentar darle el barril a Barod.

– Arkus ha sobrevivido a cosas peores – intervino Lorna, llevándose la mano distraídamente a la cicatriz que le recorría la mejilla – Pero sea como sea, tienes razón en que deberíamos ir yendo. No podemos dejar que los de la Mangosta lleguen antes que nosotros a la mansión Rockstead. Seguidme.

– ¿La Mangosta? – dijo Lemire, confuso.

– Sí – respondió Barod mientras echaba a andar -, nos ha llegado un soplo de que planean el mismo golpe que nosotros, y justo esta noche. Por eso las prisas.

Lemire asintió con aire pensativo, pero entonces se dió cuenta de que Lorna y Barod esperaban a que les siguiera. El pánico se adueñó de él.

– Un momento. No pretenderéis que vaya yo. ¡Ese no era el plan!

En un rápido movimiento que Lemire no fue capaz de seguir, Lorna se puso detrás suyo. El ladrón notó la punta de la daga de la mujer haciendo presión contra sus riñones y su voz, gélida y amenazante, en su oído.

– El plan era que llegases hace una hora. El plan era no dejar testigos. El plan ha cambiado. Ahora cierra tu puta boca y sigue mis órdenes, como el buen cachorro que eres.

Tan rápido como se colocó detrás suyo, Lorna volvió a colocarse en cabeza, y sin más siguió caminando.

Lemire tragó saliva, se secó el sudor de la frente y se irguió justo a tiempo de ver como Barod lo miraba con sorna, pero no encontró fuerzas más que para empezar a caminar.

El día no hacía más que mejorar. Estúpido barril de pólvora.


– Esconded a estos dos entre los arbustos, o algo. Preferiría que nadie los encontrase hasta que estemos ya lejos de aquí. – Dijo Lorna mientras se dirigía a una puerta lateral de la mansión Rockstead.

Lemire, muy a su pesar, no pudo menos que admirar la habilidad de la mujer. Los había conducido por un distrito gubernamental en alerta sin encontrar una sola patrulla, y le había dado tiempo a noquear en absoluto silencio a dos guardias en el tiempo en que Barod y él trepaban el muro de la finca.

A Lemire no le sorprendió que ni siquiera se hubiese molestado en matar a los guardias. Según Lorna, el “beso” de sus “niñas”, como se refería a sus dagas, sólo era para aquellos que consideraba dignos, o que la lograban cabrear de verdad.

Claramente estaba loca. Pero era efectiva, y en la banda del Alfa eso te hace llegar lejos.

Una vez Barod y él se encargaron de esconder los cuerpos, Lorna sacó una llave de un bolsillo y, con sumo cuidado, abrió la puerta trasera de la mansión.

Lemire reconoció la llave al momento. Él mismo la había obtenido del mayordomo de la mansión un par de días atrás. Sonrió, recordando momentos más felices, y siguió a sus compañeros al interior.

El trío se movió por la mansión con cuidado, con Lorna y Lemire asegurándose de que no había moros en la costa antes de que Barod, menos sigiloso que ambos, continuase.
Se movieron a través de las cocinas, donde encontraron unas escaleras que llevaban al segundo piso, y a cada paso que daban Lemire tenía que contenerse para no sobrecargarse más saqueando la cubertería de plata. Cada vez odiaba más ser él quien cargaba con el barril.

Una vez en el segundo piso, Lorna fue directa hacia una puerta concreta, pegó el oído sobre la hoja y seguidamente la abrió con una sonrisa de satisfacción. Habían llegado al laboratorio de Andrea Rockstead.

Esta habitación había visto días mejores. El mobiliario había sido repuesto, pero estaba claro por las manchas de las paredes que había habido un incendio reciente. Estaba todo bastante desordenado, pero tras un vistazo rápido Lorna se acercó a una esquina y retiró una manta, dejando a la vista un cofre.

– Premio. Chicos, os toca trabajar. Hagamos esto rápido y salgamos de aquí.

Acto seguido se dirigió hasta la puerta, y sacando un set de herramientas de otro bolsillo (¿cuantos bolsillos tenía esta mujer? Lemire no tenía ni idea) comenzó a jugar con la cerradura, intentando atrancarla.

 

Lemire y Barod se acercaron al cofre, y el primero comenzó a actuar, llenando la cerradura del cofre con pólvora.

– Ten cuidado con esa cosa. Si te cuelas con la cantidad y te cargas lo que haya dentro no creo que los jefes te vayan a dejar librarte con un cachete precisamente – dijo Barod con una mirada furtiva a Lorna.

– Sé lo que hago, tapón. No molestes – respondió Lemire, quien sin embargo empezaba a notar el sudor recorrer su frente.

– Sólo digo – insistió Barod, con una sonrisa – que no sé lo que echa a sus cuchillos, pero yo de tí no lo comprobaría. He visto a gente mearse encima de pura agonía por un simple roce.

– Sé. Lo. Que. Hago – Lemire estaba a un paso de romperle el barril en la cabeza a su compañero, cuando de repente les interrumpió Lorna.

– Silencio. No estamos solos.

Lemire y Barod se callaron. Entonces pudieron oírlo claramente. Golpes. Gritos. Había estallado una pelea en la planta baja de la mansión.

La Mangosta – dijo Barod – ¡Rápido, acaba con esto, tenemos que salir de aquí antes de que nos jodan la operación del todo!

– Apresúrame y volaremos todos.

Lemire empezó a maldecir para sus adentros. De verdad, qué asco de día. No puede ir a peor.

Y entonces el día empeoró.


Autor: David Russo (@Solen_Inthuul)
Ilustradora: Marta Calvo-Rubio Gutiérrez (@Endellion.art)
Callejones de la Perrera, en Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Mansión de Andrea Rockstead. Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Madrugada del 37 de Ragniar del 1487 d.S.


Abrimos el ciclo El Ídolo de Cristal con el primer relato del asalto a la mansión de Andrea Rockstead. Contamos aquí los avances de la banda del Alfa que, habiendo sido quienes menos probabilidades de éxito habían obtenido durante el ciclo de Estirpes de Ladrones jugados en el FicFest de Mayo de 2018, no fueron interpretados en una partida.

Los hechos contados aquí ponen en contexto los eventos que se contarán en el par de relatos que quedan en este ciclo.

Además en esta publicación contamos con la colaboración de Marta Calvo-Rubio, de Endellion.art. Nos demuestra su habilidad ilustrando una de las escenas más divertidas del relato. Además de ilustradora, Marta es joyera esmaltadora. Lleva a cabo trabajos a medida de todo tipo, en especial si tienen un trasfondo friki. ¡Si tienes un cumpleaños cerca no dudes en echar un vistazo a su catálogo!

¿Quieres colaborar con nosotros? Ponte en contacto con la Iniciativa Vilia en bardomero@vilia.es o en Twitter.

No te pierdas el resto de la historia.

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El Diario de Kurt, parte II: Hacia lo desconocido

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Caravel Ship – by Skvor

28 de Ithraindra de 1462

Anoche me enrolé en la expedición de el Corcel de la Niebla hacia un destino desconocido, huyendo de la persecución westfalli junto con mis compañeros de la división de inteligencia entánica: Guert, Morain y el coronel August. Es vergonzoso pensar que los exespías de Entanas durante las tres guerras tuviésemos que huir por mano de los westfallis antes de ser rescatados por el Imperio. Si a eso le sumamos que hoy por la mañana el coronel August apareció ahorcado, sin duda prendido, torturado y sonsacado por los alguaciles de Cartago, podemos concluir que nuestra situación es desesperada.

¿Quién sabe lo que habrá revelado August antes de morir?

Por eso nos reunimos el resto. Teníamos que planear qué hacer en la semana de caza de brujas. Fue por la noche, en una casa abandonada llamada La Casa de la Esquina.

La historia de esa casa de dos plantas era curiosa. Al estar colocada justo en una esquina entre dos calles, en la plaza de la catedral, la puerta principal se construyó en una tercera pared que el dueño colocó cortando la esquina, dándole al edificio una planta pentagonal. Perteneció a un cargo importante del ejército westfalli, honrado tras los eventos de la Primera Guerra y que falleció luego en la Segunda. Tras la “afortunada” muerte del difunto, tanto el ejército por antigua pertenencia, como la Iglesia de Marmain por proximidad, se metieron en un pleito por la casa que a día de hoy no habían solucionado aún (tengo la corazonada de que si esto hubiese ocurrido en Entanas, el pleito se habría solucionado en dos días). Esta situación la dejó abandonada y nosotros aprovechamos la oportunidad de hacerla nuestra base, vigilada siempre por un mendigo al que pagamos por su discreción.

Nos sentamos en el comedor, discutiendo cuál sería el plan. Había seis sillas en la mesa y solo tres de ellas estaban ocupadas. Éramos Guert, el más novato de nosotros, Mograine, cuyo desprecio hacia los westfalils era solo comparable con su impaciencia, y yo.

Entre nosotros y sobre la mesa teníamos un documento, uno de los últimos con que August había conseguido hacerse. Era un plano de El Corcel de la Niebla. Lo estudiamos durante horas junto con otros documentos sobre inventario que conseguimos copiar de la oficina del puerto. Ese barco mercante sería usado con fines exploratorios, simple y llanamente. Había pocas armas pero aún así había provisiones para un año entero ¿Hacia donde quería ir ese hombre, el señor Mormont?

El viaje para llegar al norte duraba entre una y tres semanas. Pretender navegarlo y atacar por sorpresa a Entanas era imposible. No se había hecho jamás.  ¿Y viajar hacia el sur, más allá de las Montañas Azules? En teoría podría hacerse. Era territorio inexplorado, pero nadie que había puesto rumbo al sur había regresado. Guert dijo en ese momento:

-A lo mejor el muy idiota quiere darle la vuelta al mundo.

Ante ese comentario, Mograine no pudo evitar reírse dando golpes en la mesa. Yo me contenía al principio, pero el aire se me escapaba y me acabé uniendo.

Desde que se tiene memoria, los sacerdotes de todos los cleros proclaman que la tierra es plana, que el horizonte es el límite del mar y que más allá de éste solo hay monstruos y ruina para aquel que intente atravesarlo.

Una vez conseguimos calmarnos, empezamos a trazar nuestro plan de huida de ese infierno Westfalli. Fuera a donde fuese el viaje, las mentes de los braceros del barco seguían siendo las mismas. Con discreción, crearemos un clima de incomodidad en la tripulación mientras el viaje durase. Las mismas dudas de siempre: el hambre, lo que tardasen los suministros en gastarse (no descartamos en gastarlos nosotros de forma precipitada) o el simple hecho del salario que pagaban, podían ser buenos alicientes para que una tripulación se amotinase. Tras librarnos del “erudito” y del capitán cambiaríamos el rumbo del barco al sur, hacia aguas entánicas cercanas a la provincia de Warath, entregaríamos uno de los mejores barcos de los westfallis al imperio, negociaríamos la integración (o la detención) de la tripulación con las autoridades y finalmente, volveríamos a casa.

La desesperación de nuestros enemigos era nuestra aliada.


Image found at English Historical Fiction Authors blog

35 de Ithraindra de 1462

Despuntaba el alba.

Salí de la tabernucha donde me había estado hospedando estos días. Había pasado una semana desde que nos reunimos y por fortuna no nos habían encontrado.  Me colgué una bolsa al hombro con las debidas mudas de ropa.

Hoy era el día en el que zarparía el Corcel de la Niebla.

El bullicio de la calle fue sustituido por los sonidos típicos del puerto: las olas rompiendo contra los muelles, las gaviotas en su graznar constante y las típicas maldiciones hechas con la boca de cloaca de los marineros.

En la puerta ya estaban Mograine y Guert.  Los tres íbamos con sombreros anchos, que nos ocultaban tanto del sol como de las miradas indiscretas. Podía ver que estaban nerviosos. A pesar de estar tan cerca de las puertas de la libertad, un guardia podría reconocernos y se acabaría todo.

En el muelle, casi una docena de hombres se encargaban de cargar una carabela de 30 metros de eslora con numerosas cajas y sacos, amén de otros bártulos. Su mascarón con forma de un semental gris la delataba: era el Corcel de la Niebla. El casco de pino había sido arreglado varias veces, dándole un acabado elegante. Las velas cuadradas imponían respeto incluso cerradas.

Aquel barco era una joya.

En muy poco tiempo, los veinticinco marineros nos apelotonamos en torno al barco. Frente a nosotros se encontraba el capitán Edwin subido a un barril (el undino pensaría que así disimulaba su altura). A sus lados se encontraban el segundo al mando Smitty, con papel y pluma en la mano, y el señor Mormont, el “erudito”, el clérigo de Marmain que hace una semana estaba en la taberna, se encontraba ahora subido en el casco del barco, echando con un cucharón de madera agua salada que sacaba de un cubo. Su voz grave entonaba los cánticos que realizaban los clérigos sobre los barcos siempre que hacían un viaje largo o que se enfrentaban a los piratas, para bendecir tanto a la nave y al viaje.

Cuando el sacerdote hubo terminado, puso las manos sobre la borda y miró a los presentes.

-Señores, la nave está lista -el hombre alzó los brazos al cielo-. Ni tormenta, ni arrecife, ni la mar calma detendrán este barco.

¿Hacia dónde?– Gritó un marinero más curtido que muchos de los que habíamos entrado ahí. De esos de pañuelo en la cabeza y poco dientes en la boca- ¿A Terra sur? ¿Al Nim? ¿O pretendemos llegar hasta Inkairu?

Al oeste, caballeros -respondió el señor Mormont-. Daremos la vuelta al mundo.

Cualquiera se habría reído del señor Mormont en esa situación, pero el silencio sepulcral que siguió a sus palabras no era cosa de risa.

Ni tampoco su sonrisa.

Ni su mirada entusiasta.

Definitivamente el hombre que nos había contratado estaba loco.


Autor: Moisés López (Facebook)
28 al 35 de Ithraindra de 1462 después de la Separación
Cartago, Westfallia.


Moisés continúa con el inicio del viaje de la tripulación del Corcel de la Niebla. Poco a poco se va desentrañando la increíble gesta que esta tripulación está dispuesta a llevar a cabo.

Sigue las publicaciones de la campaña la Máscara de Plata en este enlace.

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Estirpes de Ladrones, parte IV: Avivando la llama

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Obtenida de CDL Stone Ltd, UK

El sonido del metal golpeando la piedra era todo lo que podía oírse en la Cantería “Los Hermanos Grimm”, en el Distrito Gremial de Puerta de las Tormentas. Un día tranquilo como cualquier otro, que se interrumpió cuando la puerta principal se abrió de repente dejando ver tres ominosas sombras recortadas contra la luz del mediodía.

Doros interrumpió sus anotaciones en los libros de cuentas y alzó la mirada, alarmado ante la inesperada visita. Pocos clientes se dignaban a presentarse en la cantería durante las horas de trabajo, temerosos de que el polvo de piedra no pudiera quitarse de sus telas.

Doros no reconoció a los recién llegados, pero supo al instante que sus intenciones no dejaban lugar a dudas: traían problemas. Y el undino no estaba de humor para problemas. Con paso rápido abandonó el mostrador mientras su mano acariciaba un enorme mazo metálico.

-¿Qué queréis? -preguntó con brusquedad.

Con una sonrisa de suficiencia, uno de los recién llegados dio un paso adelante:

-Saludos, amable artesano. Estamos interesados en construir una hermosa estatua. ¿Podríais ayudarnos?

Doros dedicó una penetrante mirada al sonriente joven. Fuera lo que fuese lo que buscaba aquel grupo, no era una estatua. El enorme mastodonte de brazos como troncos de árbol y el petimetre espigado de mirada fría que acompañaban a aquel botarate parecían poco más que matones a sueldo. Sus armas estaban demasiado a mano para su gusto.

-¿Qué estáis buscando exactamente?

-Bueno, eso dependerá del tipo y tamaño del material que tengáis -contestó el risueño joven separándose de sus compañeros en dirección a la puerta trasera de la oficina que llevaba al taller-. ¿Podríais enseñárnoslas?

Doros gruñó antes de dirigirse hacia la puerta. El gigantón lo siguió en silencio mientras su risueño compañero abría la puerta del taller. Iba a cruzar el umbral cuando se fijó en que el tercero de los recién llegados, el hombre delgado de ojos crueles, se dirigía hacia un pequeño almacén que había al otro lado de la pequeña recepción donde se encontraban.

-¡Eh, tú! -exclamó el undino, deteniéndose-. Ahí es donde almacenamos las herramientas y la pólvora. ¡Aléjate de ahí, es peligroso!

El aludido se detuvo mientras abría la puerta y dejó escapar un leve suspiro:

-Te lo dije, Lemire. La sutileza no nos iba a servir de nada -dijo encogiéndose de hombros.

-Pero qué… -comenzó a decir Doros, echando la mano a su martillo.

Un golpe brutal en la parte lateral del cráneo lo interrumpió, levantándolo por los aires y lanzándolo contra la pared. El cuerpo del undino se deslizó hasta el suelo dejando tras de sí una enorme mancha oscura. No volvió a moverse.

-Guau… -dijo Lemire, que había visto el enorme hacha a dos manos de su compañero mucho más de cerca de lo que le hubiera gustado.

Coge la pólvora -dijo entonces Arkus.

Su voz profunda no admitía réplicas y los tres matones se dirigieron hacia el pequeño almacén. No tardaron en hacerse con dos barriletes repletos de pólvora.

-Es mejor que tengamos cuidado con esto. Yo los llevaré -se ofreció Lemire.

Un grito de dolor y desesperación se alzó entonces a su espalda.

-¡Doros! ¡Hermano! ¿Qué te han hecho?

Un hombre joven de músculos abultados y cubierto de sudor se había arrodillado junto al cuerpo destrozado del undino. Hacía grandes esfuerzos para despertarlo, pero era en vano. Doros ya no estaba allí.

-Qué escena tan enternecedora -comentó Cran con una leve sonrisa en los labios.

-Vámonos -se limitó a decir Arkus, y el grupo se encaminó hacia la puerta.

-¡Vosotros! ¡Asesinos! -gritó el joven cantero con el martillo de su difunto hermano entre sus manos-. ¡No saldréis de aquí con vida!

Arkus se detuvo y se volvió lentamente. El muchacho, aunque grande, apenas lograba llegarle a la altura de la barbilla. Al darse cuenta de ello, se detuvo dubitativo.

Cran se colocó a su lado, una daga lista en su mano.

-¿Qué deberíamos hacer con él? -preguntó mientras lanzaba la daga al aire y volvía a cogerla con aire distraído.

No habrá testigos -se limitó a contestar Arkus.


Cuando el grupo abandonó la Cantería “los Hermanos Grimm” se hizo el silencio en la pequeña plaza de tierra batida que había ante el edificio. Una veintena de personas, alertados por los gritos de la lucha, se había congregado alrededor del edificio. Asustados y confusos, observaban ahora a los matones.

-Así que sin testigos, ¿eh? -murmuró Cran a sus compañeros.

Lemire sonrió. Dando un par de pasos al frente, el confiado ladrón alzó los brazos.

-No se preocupen, señores. -declaró con firmeza-. Somos miembros de la Guardia de la ciudad. Acabamos de cazar a una pareja de ladrones que estaban asaltando esta… -se detuvo y echó un vistazo al cartel de la puerta del edificio-, cantería. Los Hermanos Grimm. Exacto.

Varios murmullos comenzaron a alzarse entre los presentes, algunos más tranquilos. Otros, preocupados.

-Les pedimos que no accedan a este edificio por el momento. Pronto vendrán algunos compañeros para registrar el local -su tono de voz se hizo amenazante-. Quien ignore nuestro aviso será acusado de obstrucción a la justicia.

Acto seguido echó a andar con decisión y atravesó la plaza sin dedicar una sola mirada más a los vecinos allí congregados. Muchos asintieron y comenzaron a marcharse. Otros, más morbosos, permanecieron en los alrededores pendientes de la llegada del resto de la guardia. Al ver que ninguno de ellos detenía a Lemire, Arkus y Cran lo siguieron en silencio.

El grupo desapareció entre las calles. Pocos dieron mucha importancia a lo que acababa de ocurrir. Al menos, no hasta que se descubrieron los cuerpos asesinados de los Hermanos Grimm.


Caía la noche cuando los tres matones, guiados por Lemire, llegaron al Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Intentando pasar desapercibidos, comenzaron a merodear por las calles secundarias del distrito en busca del lugar perfecto, la forma perfecta de cumplir su último objetivo.

-Este barrio es muy aburrido -comentó Cran-. Hay guardias por todos lados. Vamos a tener poco margen de maniobra.

-Eso ya lo sabíamos -respondió Lemire con su esquiva sonrisa presente en sus labios-. Si fuera fácil, ya lo habrían hecho otros.

-Lo dudo -respondió Cran-. No hay muchos miembros de la banda que se atrevan a venir hasta aquí. Por el Yunque, si no hay ni dónde esconderse.

-Bueno, en tu caso no me extraña que digas eso. Para poder esconderse hay que saber hacerlo.

-¿Otra vez haciéndote el gallito? No te enteras, Lemire. No eres tan silencioso como crees.

-Pues todavía no me han pillado.

-¿Quién sabe? Quizás hoy sea el día -contestó Cran con una sonrisa maliciosa.

-No, si jugamos bien nuestras cartas. Solo tenemos que encontrar algo que vaya a distraer a los guardias esta noche mientras la banda entra en la mansión de Andrea Rockstead. No debería ser tan difícil.

-No sé qué es lo que entiendes tú por distracción -comentó Cran-, pero yo lo veo sencillo. Todo se reduce a: ¿qué va a arder mejor?

Lemire lanzó una sonora carcajada y se detuvo de repente. Con gesto grandilocuente señaló el pequeño pero suntuoso edificio que tenía frente a él:

-¿Y qué tal éste?

Un enorme cartel escrito con letras estilizadas y redondeadas rezaba: “Sastrería Aguja de Plata”.

-La tela arde bien -concluyó Cran y se acercó a la puerta principal, probando el picaporte-. Vaya, está cerrado. Creo que te toca a ti, Lemire.

Arkus, que acompañaba a la pareja, lanzó un gruñido molesto pero no añadió nada más. El bárbaro era inteligente y brutal, pero de pocas palabras.

-No te preocupes, Arkus. No tardaré nada.

Tomando sus ganzúas de unos saquillos, Lemire se arrodilló ante la puerta y la examinó con detenimiento. Eligiendo una de las varillas finas y alargadas, comenzó a explorar la cerradura con delicadeza, casi con cariño.

Unos pasos y el sonido del metal contra el metal los sorprendió de repente. Una patrulla de cuatro miembros de la salvaguarda, el cuerpo de guardia de élite del Distrito Gubernamental, giró la esquina para encontrarse frente a frente a los ladrones.

Ambos grupos se miraron sorprendidos. Nadie se movió durante un par de segundos, tras los cuáles las manos se dirigieron con rapidez a las empuñaduras de las armas.

-¡Alto! -ordenó uno de los soldados, probablemente el capitán-. ¡Alto en nombre de Sior!

Lemire hizo desaparecer las ganzúas con disimulo y se incorporó con detenimiento. Adelantándose se enfrentó a las guardias.

-Tranquilos, caballeros -dijo-. No tienen nada que temer. Mis socios y yo hemos tenido un pequeño problema. Me temo que nos hemos dejado las llaves de nuestra tienda en el interior, y no somos capaces de entrar a por ellas. ¿Podrían ayudarnos?

El capitán de la guardia miró al ladrón con sorpresa. Había pasado por aquella sastrería un millón de veces y, aunque no conocía a los propietarios, dudaba de que aquellos hombres con pinta de matones lo fueran.

-Me temo que no podemos ayudarles aquí. Tendrán que acompañarnos a la guarnición para poder identificarles.

Los tres ladrones se miraron entre sí. Lemire parecía confuso y Cran estaba preocupado. Quizás todavía podrían salir corriendo…

-No -dijo sencillamente Arkus y lanzó su enorme cuerpo contra los guardias, pillándolos por sorpresa.

La brutal embestida del bárbaro logró lanzar a tres enemigos al suelo. El cuarto dio un par de pasos atrás e intentó usar su silbato para dar la alarma. Una flecha atravesó su muñeca y el guardia, mirando su mano ensangrentada con incredulidad, lanzó un grito de dolor y dejó caer el silbato.

-¡Corred! -gruñó Arkus, que desenfundaba su hacha en aquel momento.

Sus compañeros no necesitaban el aviso.


Los tres ladrones se mantenían ocultos entre un grupo de árboles y arbustos en uno de los parques del Distrito Gubernamental. Había caído la noche, pero las calles estaban bien iluminadas por antorchas y faroles en continuo movimiento. Desde donde estaba, Lemire podía ver cómo dos grupos de guardias se detenían a unos treinta metros de su posición.

-Parece que hemos sido nosotros los que hemos acabado convirtiéndonos en la distracción -susurró el ladrón en voz baja.

Sus compañeros se mantuvieron en silencio. Cran vigilaba el otro lado del parque mientras Arkus se vendaba algunas heridas que le habían infligido las espadas de los guardias. A lo lejos, las dos patrullas terminaron de discutir y continuaron por fin su camino.

-No podemos quedarnos aquí -dijo Cran-. Están cerrando el cerco sobre nosotros.

Arkus asintió y señaló a Lemire:

La pólvora. Tienes que entregarla.

-Es cierto, el asalto no podrá empezar sin ella -añadió Cran.

Lemire asintió:

-Creo que puedo pasar desapercibido y volver a la Perrera. ¿Pero qué hay de vosotros?

Arkus gruñó y se alzó, su enorme hacha entre las manos. Cran se encogió de hombros.

-Supongo que tenemos que continuar con la distracción. No quedan muchas horas hasta que amanezca.

-¡Estáis locos!

Arkus volvió a gruñir y negó con la cabeza.

-¿Prefieres decirle al Alfa que hemos fallado?

Lemire tragó saliva, pálido de repente, y asintió.

-Que Adaira os traiga suerte, compañeros. Si os vuelvo a ver, sabed que os debo una botella de vino a cada uno.

-Que sean dos -respondió Cran, sonriendo.


Lemire abandonó el parque justo cuando comenzaron a alzarse los gritos de alarma de la Salvaguarda. Envuelto en el manto de la noche, se escabulló entre las hermosas mansiones en dirección a los Barrios Bajos.

Durante el camino pensaba en las botellas de vino que había prometido comprar. Las compraría, aunque sabía que lo más probable era que acabara tomándoselas él solo, en honor de sus compañeros.


Autor: Ricardo García (@BardoVilia)
Cantería “Hermanos Grimm”, Distrito Gremial de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
36 de Ragniar del 1487 d.S.


Con este relato concluímos el ciclo de relatos de Estirpes de Ladrones y nos lanzamos de lleno hacia el siguiente: El Ídolo de Cristal, que narra el asalto a la mansión de Andrea Rockstead.

Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en los hechos de la partida del grupo de Merodeadores que jugamos por la tarde. ¡Muchas gracias a sus los jugadores que participaron en ella!

Primeros Compases, El camino y la llave, y Avivando la Llama están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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El diario de Kurt, Parte I: un último viaje

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Medieval Port, by Kurobot

Medieval Port, by Kurobot

Esa noche llovía en Cartago, lo que era algo raro en una noche estival.

En la Escupidera Salada, la tasca del puerto, había un ambiente tenso. El silencio incómodo y la vista fija de los marineros en la puerta de entrada creaba un clima de tensión tan palpable que podría haberlo tomado con un cuchillo y untado en pan.

Yo estaba sentado de espaldas a la barra, apoyando los codos y observando el resto de la taberna. Detrás de mí estaba August, el tabernero, limpiando una jarra con un trapo.

Una conversación susurrada entre dos personas desvió la atención de algunos de los presentes a una esquina. En una mesa, dos hombres hablaban sobre un buen fajo de papeles y sendas jarras de cerveza.

Uno de ellos era bajito, pero no bajito como un par de palmos más bajito de lo normal, sino que medía la mitad que un hombre corriente. Se trataba de un sucio undino. Iba bien afeitado y con la cabeza rapada.  El otro hombre era un individuo corriente. Su pelo y su frondosa y cuidada barba empezaban a mostrar las primeras canas. Tenía la piel curtida por la sal y el sol, que contrastaba con sus ojos claros. En su boca tenía sujeta una pipa que no estaba encendida aún y era al parecer el que llevaba los papeles en orden.

Aquellos dos hombres eran ya conocidos en Cartago. El undino era el capitán Edwin Artamar y el hombre de la pipa era Smitty, su segundo al mando. Ambos dirigían el Corcel de la Niebla, una carabela que había conocido ya tres capitanes y con la que habían recorrido la ruta del norte hacia Inkairu. Habían tenido suerte de llegar y volver un par de veces. Al menos, ellos lo llamaban suerte, pero yo deduzco que tratándose de un undino analfabeto dirigiendo un barco solo se podría tratar de un pacto con algún Dios maligno.

Muchos, reconociendo a los dos viejos marineros, volvimos nuestra atención a la puerta expectante.

Estábamos expectantes ante la llegada de un nuevo contratista que se iba a presentar aquella noche. Su nombre era Andrew Mormont, un miembro de la Escuela de Investigación Técnica de Westfallas Nova. Esta escuela no deja de ser un burdo intento de hacerle sombra a las Escuelas de Investigación de Escisión en Entanas, como casi todo lo que hacen los Westfalis. Desde su cultura hasta su clero, todo realmente pertenece al Imperio Entánico. De no ser por la situación geográfica de su frontera, entre las Montañas Áureas y el Yunque de Sior, ya les habríamos conquistado en la Segunda Guerra. ¿Qué digo? En la Primera.  

Andrew Mormont era el que financiaba la expedición. Una expedición “con fines exploratorios”, según decía. Los que estábamos ahí éramos en su gran mayoría braceros expectantes de un nuevo jornal que llevar a casa. Otros eran mercenarios que habían perdido el trabajo tras la Tercera Guerra.

Yo por mi parte estaba ahí por un asunto más turbio que bocas que alimentar. Llegué a Cartago desde Media Esuarth durante la Tercera Guerra, junto con August y unos pocos de hombres más. Teníamos una misión: sabotear las rutas de suministros westfalis, además del espionaje ocasional de sus estructuras de reclutamiento. Era una misión gloriosa, hecha para auténticos patriotas, pues el peligro de que te torturen, te busquen y te ahorquen siempre estaba ahí, incluso cuando ya la guerra había acabado hacía menos de un mes. Los westfalis no cesaban de darnos caza y nosotros no paramos de esquivarlos y de sabotear sus misiones. La guerra aún no había terminado para los agentes de inteligencia entánicos.

La puerta se abrió, dejando entrar ese antinatural frío de verano, algo de lluvia y olor a mar. También entró un individuo ancho de hombros, de semblante serio y pelo corto, como su barba. Llevaba sus brazos cruzados sobre el pecho, enfundados en las mangas de una túnica basta de color gris azulado. De su cuello colgaba un amuleto de verdoso bronce que representaba al mar rompiendo contra los acantilados. Un sacerdote de Marmain, la señora del océano.

El sacerdote cerró la puerta tras de sí y recorrió la Escupidera con la mirada, como el guardia que examina un callejón en busca tuya. Tanto a August como a mí se nos pusieron los pelos de punta cuando clavó su mirada acusadora en nosotros. Rápidamente el robusto sacerdote desvió la mirada a la mesa Edwin Artamar y Smitty, para dirigirse con un paso firme que no verías ni aunque el mismísimo emperador se dirigiese al frente de batalla. Con un gesto hosco, sus manos grandes y nudosas como troncos de roble dieron una palmada en la mesa y empezó a hablar en voz baja con el capitán y el segundo al mando del barco. Acto seguido se sentó al otro lado del undino, alzó la mano para pedir una cerveza y cruzó los brazos sobre el pecho, manteniendo su mirada seria mientras el capitán y el segundo al mando seguían debatiendo asuntos del viaje.

Por fin, la puerta se abrió con un portazo y, tras el viento y la lluvia, entró un individuo trastabillando, envuelto en empapados ropajes negros. El silencio incómodo de la posada se hubiese convertido en carcajadas ante la imagen de no ser porque los ropajes le delataban. Aquel tipo era sin duda Andrew Mormont.

El señor Mormont se quitó el sombrero negro y lo escurrió entre sus manos para ponérselo de nuevo en la cabeza, deforme. Sacó de debajo de la axila un fajo de papeles y empezó a repartirlos a cada uno de los ahí presentes, aunque la mayoría de ellos no sabría leer seguro. Me levanté sonriendo divertido, y me dirigí a él. Me pasó uno de los papeles. En letras grandes ponía: “SE BUSCAN EXPEDICIONARIOS”. Ya con eso estaba seguro de que era él.

Tras un gesto del undino y una llamada que resonó como un trueno, el señor Mormont se dirigió a la mesa para sentarse tras estrechar la mano al capitán (al que curiosamente hablaba a voces) al segundo al mando y al sacerdote (al cual se la estrechó como uno se la estrecharía a un undino si estuviese en la madre patria).

Los marineros de la tasca, August y yo nos pusimos en una cola que se organizó para inscribirse en el viaje como miembro de la tripulación. Una vez me tocó me senté cuando ese undino señaló la silla.

-¿Cuál es tu nombre, chico?-preguntó. El segundo al mando, Smitty, tenía la pluma lista para apuntar.

Kurt Aegenfield.


Autor: Moisés López (Facebook)
27 de Ithraindra de 1462 después de la Separación
La Escupidera Salada. Cartago, Westfallia.


Moisés nos trae las crónicas de la tripulación del Corcel de la Niebla. Un grupo de hombres unidos por sus circunstancias: valientes unos, desesperados el resto.

Sus aventuras les llevarán a descubrir algunos de los secretos de Vilia que sería mejor que quedasen enterrados.

Sigue las publicaciones de la campaña la Máscara de Plata en este enlace.

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Estirpes de Ladrones, Parte III: el camino y la llave

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El sonido de una campanilla atrajo la atención de Alek Hruidan de su trabajo. Con una sonrisa confiada dejó el bordado en el que llevaba trabajando toda la mañana y salió del taller hacia el mostrador para atender a su primer cliente del día.

Se detuvo en el umbral, sorprendido al no encontrar a nadie en la pequeña recepción de su sastrería. Confundido, avanzó un par de pasos más. No había tardado mucho en llegar y la campanilla de la puerta todavía continuaba moviéndose. ¿Habría golpeado alguien la puerta por error al pasar?

-¡Buenos días, amable sastre! -dijo de repente una voz más allá del mostrador-. Estoy interesado en sus uniformes. He oido que son de una calidad exquisita.

Alek se inclinó sobre el mostrador y miró hacia abajo con una mueca sorprendida. Un lanan menudo le obsequiaba con una amplia sonrisa. Su imagen angelical quedaba empañada por la ruda camisa con refuerzos de cuero y los diminutos pantalones cortos que dejaban a la vista unas recias y peludas piernas.

El sastre mudó su expresión de sorpresa por una de profundo orgullo:

-Lo lamento -declaró en el tono perentorio que su dilatada carrera de sastre de alta alcurnia le había permitido desarrollar-, pero no trabajamos con tallas… pequeñas.

La sonrisa del lanan se congeló en su rostro.

-Me parece que le he entendido mal… -respondió marcando cada una de las palabras-. ¿Me ha parecido que me estaba llamando… bajito?

El sastre le dedicó una mirada cargada de desprecio antes de responder:

-Me temo que esta sastrería solo trabaja con el mejor de los materiales… y solo para los mejores clientes.

Los puños del lanan se cerraron con fuerza.


-Perfecto. Eric ya ha comenzado la distracción. ¡Vamos! -dijo Jacob a sus dos compañeros.

Con rapidez, el grupo se internó en el pequeño callejón que llevaba a la parte de atrás de la sastrería “Aguja de Plata”. Desde allí podían escuchar la discusión a gritos de su compañero:

-¡Esto es discriminación! Me he criado en Puerta de las Tormentas toda mi vida, y nunca había sido tratado así. ¡No voy a irme de esta tienda hasta ser atendido como debe ser!

-Lo está haciendo muy bien -comentó Conrad-. Casi parece que no esté actuando.

Jacob se detuvo ante una sencilla puerta al fondo del callejón. Tomando sus fieles ganzúas comenzó a inspeccionar la cerradura.

-Vamos, date prisa -lo apremió Conrad, que se mantenía vigilante en caso de que alguien les prestara más atención de la debida.

-Ya está -anunció Jacob y abrió la puerta lentamente.

Un par de mesas con utensilios de costura y numerosas bobinas de hilo se encontraban en uno de los extremos de una alargada sala. El resto estaba repleto de estanterías y cajas de madera de diverso tamaño. De algunos de ellos sobresalían prendas de muchos tipos. Los gritos de Eric podían escucharse con más claridad allí.

-¡Perfecto! Déjame ver qué encuentro -dijo Leah con rapidez y se internó en la estancia.

-¡Ten cuidado! ¡Que no nos vean! -la previno Jacob, pero la mujer se encogió de hombros.

-Dudo que el dependiente nos escuche. Eric lo está haciendo francamente bien.

-¡Exijo poner una reclamación! ¡Lo denunciaré a la guardia! ¡Esto es discriminación por estatura! -anunciaba en ese momento Eric a voz en grito.

Leah no tardó mucho en encontrar sus disfraces.


-Lo has hecho genial, de verdad. Cuando dijiste que ibas a prenderle fuego a la tienda con el sastre dentro me han entrado ganas de salir corriendo -comentaba Conrad en voz baja.

Eric lanzó un gruñido malhumorado y se limitó a encogerse de hombros.

-De acuerdo. ¿Cómo nos hacemos con esa llave, entonces? -preguntaba Leah mientras el grupo se dirigía de nuevo hacia la Escuela de Ingenieros del Distrito Gubernamental.

-Sabemos que la propia Andrea Rockstead guarda las llaves de su mansión -explicó Jacob-. Necesitamos la del cofre en el que guarda lo que sea que haya recibido hace un par de días. Tenemos que encontrarla mientras Andrea está dando clases en la Escuela de Ingenieros. He oído que es el único momento en el que no las lleva encima.

-¿Y dónde las deja entonces? ¿Qué tiene, un despacho para ella sola? -pregunta Leah, incrédula.

-Eso vamos a ver. Poneos los disfraces.


-Así que alumnos de Andrea Rockstead, ¿no es así? -pregunta un viejo profesor al grupo de cuatro estudiantes, uno de ellos de casi un metro de altura, con aire suspicaz-. En estos momentos se encuentra dando clase.

-¿Ahora? -responde Jacob con sorpresa-. Pero habíamos quedado con ella. Íbamos a su despacho en estos momentos.

-Pues todavía quedan dos horas para que Andrea termine su clase. Estar en los pasillos del tercer piso está prohibido, así que tendréis que marcharos.

-No, si en realidad estábamos en clase y hemos salido para ver a Andrea… -mintió descaradamente Jacob.

-Ah, ¿sí? Pues entonces será mejor que volváis a vuestro aula inmediatamente.

-No, si en realidad… -comenzó de nuevo Jacob.

-Está muy enferma -lo interrumpió de repente Eric.

Todos miraron al lanan, que continuó con voz afectada:

-¿No la veis? Se está retorciendo de dolor… Pobre Dorothea, apenas puede mantenerse en pie.

Eric lanzó a Leah una mirada elocuente. Leah se lo quedó mirando, confusa. Eric le dio un codazo y alzó las cejas, y por fin la mujer comprendió.

-¡Ay, mi estómago! -dijo por fin, retorciéndose de dolor.

El profesor se quedó mirando al grupo sin terminar de creérselo.

-Le viene como a oleadas. Y parece muy doloroso. Estábamos buscando la enfermería para poder dejar a Dorothea allí.

-Entiendo… está bien, os acompañaré. La enfermería está en la tercera planta.

Los compañeros se miraron entre ellos y, encogiéndose de hombros, siguieron a su guía por unas empinadas escaleras de mármol.


-Date prisa, Jacob. Los guardias tienen que estar al llegar -dijo Conrad desde la puerta del despacho de Andrea Rockstead.

-Si crees que puedes hacerlo más rápido, ven aquí y lo haces tú -respondió Jacob mientras continuaba forcejeando con el cajón del escritorio.

Cada movimiento que llevaba a cabo con las ganzúas estaba medido después de años de práctica. A ojos de un observador casual podría parecer que no estaba haciendo nada, pero entonces se oyó un click.

-Lo tengo -dijo Jacob, y Eric y Conrad se acercaron a mirar.

Al abrirlo, el grupo descubrió que el cajón contenía tan solo un manojo de llaves, de las que podían contarse veinte. Los tres ladrones se miraron entre ellos.

-¿Y ahora qué? -preguntó Eric.

-Pues no tengo ni idea… ¿nos llevamos el manojo entero? -dijo Jacob, no muy seguro.

-Eso llamaría mucho la atención. Sabrían que han sido robados y no nos daría tiempo de hacer el trabajo esta noche.

-Espera, creo que sé cuál es -interrumpió entonces Conrad, y alargando la mano se hizo con una de las llaves del manojo-. Por el tamaño y la forma que tiene, ésta es la única que puede pertenecer a un cofre.

-¿Estás seguro? -preguntó Jacob.

Conrad se encogió de hombros:

-O eso, o a una caja de música. O bueno… quizás una ventana.

Jacob y Eric se quedaron mirándolo sin decir nada.

-Viene alguien -dijo Jacob de repente-. ¡Rápido, coge la llave!

Los tres ladrones abandonaron el despacho con rapidez.


-Sois unos bastardos -decía Leah-. Después de tener que aguantar al clérigo de Sior que había en la enfermería, vinieron dos guardias a preguntarme por vosotros. ¿Qué les habíais dicho?

-Que había habido una emergencia en la clase de Andrea -contestó Eric, encogiéndose de hombros-. Nos dio el tiempo que necesitábamos.

-Pues no se lo tomaron nada bien. Tardé una hora en convencerlos de que solo éramos compañeros de clase y que no os conocía de nada. Y después tuve que aguantar otras dos horas sentada en un pupitre escuchando a un viejo estirado hablando de la velocidad a la que se mueve el agua, y no sé qué de densidades y… ¡qué horror!

El grupo caminaba por los oscuros pasadizos subterráneos que recorren algunas zonas de Puerta de las Tormentas. Las paredes de mampostería parecían absorber la luz de la antorcha que llevaba Conrad. El único sonido que escuchaba el grupo era el de sus pasos, ligeros y rápidos.

-¿Y no preferirías haberte quedado en la Escuela? Esto tampoco es muy agradable -comentó Eric mientras no dejaba de observar en todas direcciones, inquieto.

-En absoluto. Prefiero perderme aquí abajo que aguantar a esos profesores pedantes. Aquí por lo menos hace fresco -respondió Leah sin dudarlo.

-No nos vamos a perder, éste es el camino -les aseguró Jacob al resto.

En ese momento el largo pasillo dio paso a una enorme sala redonda. La luz de la antorcha apenas podía llegar al fondo, de donde arrancaba destellos a algo brillante incrustado en la pared.

-Esperad que eche un vistazo -anunció Conrad mientras se acercaba cautelosamente.

La pared de mampostería era oscura y mostraba indicios de humedad. En el centro, a media altura, una fina talla había sido engastada a todo lo largo. Estaba hecha de metal, por lo que resplandeció con intensidad a medida que Conrad se acercaba.

-Son letras -dijo Conrad-. Es un mensaje en esuarthiano. Dice: “Cuanto más hay, menos ves. Entrégate a mí para desvelar el camino”.

-¿Un acertijo? ¿En mitad del subterráneo? -preguntó Leah, incrédula-. ¿En serio?

-Pensabas que habías dejado los exámenes en la Escuela de Ingenieros, ¿verdad? -la pinchó Eric sin piedad, tras lo que continuó explicando-. Estos túneles, al igual que la mayoría de las defensas de la ciudad, fueron construidos por el arquitecto Meriad Luque antes de la Primera Gran Guerra. Era todo un cerebrito. Logró ocultar la existencia de estos túneles al Imperio Entánico. Se cree que hay secciones que todavía no se han descubierto.

-Perfecto, un genio loco. Lo que nos faltaba -se lamentó Conrad.

-Pero en la Cofradía ya conocían este camino. Si no, no nos habrían mandado hasta aquí -añadió Jacob.

-No me extrañaría que solo conozcan la entrada por la que hemos venido nosotros, y el hecho de que la mansión de Andrea Rockstead tiene un acceso. Nos toca a nosotros unir los dos puntos.

-¡Esperad! -los interrupió Conrad-. Creo que lo tengo.

Entonces el muchacho dejó caer la antorcha, que en cuestión de segundos se apagó. La sala quedó sumida en la oscuridad.

-¿Por qué haces eso? -increpó Leah, enfadada.

-¡Silencio! -se limitó a responder Conrad.

El grupo se mantuvo callado unos segundos, que les parecieron horas. Un sonido chirriante, parecido al arrastre de piedra sobre piedra, inundó la sala antes de desaparecer.

-¡He acertado! -exclamó Conrad.

Un choque de metal sobre piedra perforó entonces el espeso silencio de la sala, como si se tratara de un pesado paso.

-¿Qué ha sido eso? -preguntó Eric.

Un nuevo golpe metálico resonó en la estancia, seguido de un grito y del golpe seco de un cuerpo al caer.

-¡Conrad! -gritó Jacob-. ¡Nos atacan!

Jacob buscó una ramita yesquera en sus saquillos y encendió otra de las antorchas que portaba. La luz iluminó la estancia lentamente y se reflejó en las piezas de una armadura que se encontraba apilado en el centro. Conrad yacía al otro extremo de la sala con una fea herida en la frente. Parecía haber perdido el conocimiento.

Entonces el conjunto de armadura comenzó a incorporarse. Un leve sonido de metal contra metal parecía emanar de él, como si pequeñas piezas metálicas se moviesen sin cesar en su interior.

-Por la papada de Thrain, ¿qué es eso? -dijo Eric, dando un paso atrás.

-Dímelo tú -contestó Jacob-. Pero sea lo que sea, no tiene buenas intenciones.

La armadura se volvió hacia los tres ladrones como si los viese, el sonido metálico de ruedas y engranajes emanando sin cesar. En su guantelete empuñaba una pesada espada de acero negro. Sin previo aviso echó a correr pesadamente hacia ellos.

-¡Cuidado! -gritó Eric.

Con un salto, el lanan logró esquivar la embestida. Tras dar una voltereta desenfundó una de las dagas que llevaba al cinto y la lanzó con fuerza. El arma se estrelló contra la armadura y rebotó, causándole poco más que una pequeña abolladura.

La armadura continuó su camino y descargó la espada contra Leah, que la esperaba en guardia. Los dos aceros chocaron con un gran estruendo. La mujer pudo contener su carga.

-Es muy fuerte -avisó con los dientes apretados.

Jacob aprovechó el momento para moverse alrededor del enemigo y descargar su arma contra las corvas de la armadura. El golpe no logró hendir el metal, pero fue suficiente para desequilibrar a la figura acorazada y que hincara una rodilla en el suelo.

Leah dio un salto hacia atrás para evitar ser aplastada. Con un potente grito, descargó un golpe lateral contra el hueco del cuello de la armadura. La espada chirrió al colarse entre el peto y el casco, produciendo después un potente chasquido. Numerosas ruedas de metal dentadas cayeron a través del frontal del casco, diseminándose por la habitación.

-¡Buen golpe! -la animó Eric, que desenfundaba otra daga.

Entonces la armadura volvió a ponerse en pie con dificultad. Leah intentó recuperar su espada de entre las láminas de la armadura, sin éxito. Un puño enguantado se estrelló contra su rostro, rompiéndole la nariz y lanzando a Leah al suelo.

El enemigo acorazado se volvió de nuevo a por su siguiente enemigo.

-Rectifico. Esto no pinta bien -dijo Eric, y lanzó una nueva daga que golpeó el peto de la armadura. Algunas ruedas más se desperdigaron por el suelo-. ¡Será mejor que corras!

Pero Jacob no le hizo caso. Esperando al momento en que la armadura andante descargara su espada, el ladrón se lanzó al suelo e intentó clavar su propia arma en una de las botas metálicas. La punta de la espada se dobló al chocar contra el metal y, al recibir el peso de Jacob, se partió en una explosión de esquirlas metálicas.

Jacob intentó rodar para salir del alcance de su enemigo. Sin embargo, la armadura le propinó un puntapié en el estómago que lo hizo caer de espaldas al suelo, sin aliento. Su antorcha cayó al suelo y comenzó a apagarse.

-¡Maldita sea! ¡No puede ser!

Eric se lanzó sobre el enemigo y, empuñando una daga, la clavó tan profundamente como pudo en una de las rendijas que tenía la armadura en la cintura. La criatura apenas pareció notarlo.

Jacob pudo ver la espada alzándose, preparada para caer sobre él. La menguante luz de la antorcha se reflejaba en su oscuro filo donde podía ver su propio rostro, horrorizado. Entonces una saeta atravesó el aire de la estancia y se incrustó profundamente en el hueco frontal del casco de la armadura, atravesándolo. El repiqueteo metálico pareció acelerarse durante un instante. Acto seguido, desapareció por completo.

El mandoble nunca alcanzó a Jacob. La armadura se quedó total y completamente inmóvil, sumida en un profundo silencio.

-Siento no haber podido ayudaros antes -se oyó la voz de Conrad. Con una trémula sonrisa en el rostro, el ladrón continuaba apoyado en la pared. En sus manos sostenía su ballesta, que acababa de disparar-. Espero que no me echárais de menos.


El grupo de ladrones abandonó las oscuras catacumbas de Puerta de las Tormentas. Conrad y Leah se apoyaban sobre Jacob, y Eric los acompañaba portando algunos de los restos del enemigo metálico al que se habían enfrentado.

-No quiero volver ahí abajo. Nunca -decía Leah.

-Pues esta noche mandarán un equipo a través de los túneles hasta la mansión -contestó Jacob-. ¿Te lo vas a perder?

Leah permaneció en silencio mientras se pasaba la mano por el rostro magullado. Sus dedos estaban ensangrentados.

-Al menos hemos cumplido nuestra parte. Las catacumbas están mapeadas. Quien vaya, lo tendrá muy fácil -comentó Conrad.

-¡Por Sior! Nunca digas eso en voz alta -contestó Jacob.


Autor: Ricardo García (@BardoVilia)
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
36 de Ragniar del 1487 d.S.


Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en los hechos de la partida del grupo de Merodeadores que jugamos por la tarde. ¡Muchas gracias a sus los jugadores que participaron en ella!

Primeros Compases, El camino y la llave, y el relato que publicaremos próximamente están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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Estirpes de Ladrones, parte II: la Cacería

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El distrito gubernamental estaba tranquilo, como casi todas las noches.

El nerviosismo inicial de su primera patrulla había sido sustituido ya por un cierto tedio, y los intentos de Donovan por conversar con sus acompañantes no habían hecho nada para aminorarlo.

Krauser era su superior dentro de La Salvaguarda. Se trataba de un caballero de élite que le hacía darse cuenta de lo mucho que le faltaba por aprender, y cuya seriedad lo intimidaba demasiado como para hacer algo más que algún comentario suelto sobre los sitios por los que pasaban.

Por otro lado, los dos sacerdotes de Thrain que iban con ellos parecían algo más sociables, pero no conseguía pensar ningún tema de conversación para sacar con hombres del clero.

En esas circunstancias, Donovan decidió que sería mejor aguantar y centrarse en la patrulla. Al fin y al cabo era el honor de La Salvaguarda vigilar el distrito noble, y no pensaba traer deshonor a su familia actuando como si aún fuese un escudero novato.

Un sonido ahogado a su espalda llamó su atención de repente. Al girarse su sangre se congeló.

Uno de los acólitos, levemente rezagado, se había detenido en seco. En su garganta había una línea carmesí de la que brotaba un chorro de sangre. Sujetándolo para evitar que cayese al suelo mientras tapaba su boca para ahogar cualquier sonido había un hombre encapuchado. En su mano libre portaba una daga ensangrentada. Miraba directamente a Donovan con cierta sorpresa, como si no esperase que le hubiesen oído.

– ¿…Qué? – Dijo simplemente el hombre.

– ¡Embos…!

Esas fueron las únicas palabras que llegó a articular Donovan. Un dolor intenso explotó de golpe en el lado derecho de su cabeza, como si le hubiesen golpeado con una enorme viga de acero. De nada sirvió el yelmo de su armadura. El mundo se tiñó de rojo, y el joven caballero se encontró perdiendo rápidamente el conocimiento mientras caía al suelo, cualquier control sobre su cuerpo irremediablemente perdido.

Mientras la oscuridad se lo llevaba, sin embargo, pudo ver claramente como el otro acólito caía atravesado por una flecha, y Krauser era asaltado por dos atacantes mientras luchaba por desenvainar su arma.

A Donovan poco le importaba ya.


– ¿Lo tiene? – ladró Barod. El fornido undino intentaba vendarse el brazo con un trozo de la túnica de uno de los acólitos caídos, pero estaba claro que no era lo suyo – después de este desastre de emboscada como para que encima haya sido en vano.

– A mi no me mires – protestó Lemire mientras limpiaba la sangre de su daga – yo no tengo la culpa de que el cachorro decidiese girarse justo cuando cogí al cura. Ha sido una desafortunada coincidencia.

– Coincidencia mis cojones – gruñó Barod en respuesta – La has cagado y punto. No eres tan sigiloso como te gusta hacer creer.

– Pues tu madre no me oyó llegar anoche.

Ante eso Barod rechinó los dientes y empuñó su pesado martillo de combate, pero antes de que pudiese hacer nada…

– Basta.

La profunda voz de Arkus detuvo la conversación. La imponente figura del bárbaro nebinés se alzaba entre ambos, deteniendo de golpe la discusión. Ni siquiera les dedicó una mirada, pero ambos captaron el mensaje. No iban a desafiar a alguien que había retado al Alfa por el liderazgo de la banda y, aun perdiendo completamente, había sobrevivido.

La mirada del bárbaro se dirigió hacia su último compañero, que registraba agachado el cuerpo del caballero veterano de la Salvaguarda.

– ¿Lo tiene?

Como respuesta, Cran se incorporó y le lanzó un rollo de pergamino.

El horario de las patrullas de la Salvaguarda en el distrito durante los próximos tres días. Justo lo que buscábamos.

Arkus asintió y guardó el pergamino. La primera parte del plan había sido completada.


Lemire estaba ya hasta las narices. Todo el maldito día siguiendo al viejo mientras hacía recados por la ciudad. Que si pastelitos. Que si libros. ¡Libros! Los pastelitos los podía entender, pero ¿es que los ricos no tienen ya bastantes libros? Qué desperdicio de unas buenas monedas de plata.

Por suerte su aburrimiento iba a acabar pronto. El mercado al atardecer es un sitio bastante decente para una emboscada. Poca gente ya, y la que hay sabe no meterse donde no la llaman. Sólo hay que conseguir atraer a tu víctima a un callejón tranquilo y es toda tuya. Y hay un pequeño truquito que nunca falla para eso.

– ¡Por aquí, señor, desde prisa!

Una voz infantil cargada de urgencia llegaba desde la entrada del callejón en que Lemire y sus compañeros esperaban ocultos.

– ¡Tiene que ayudar a mi madre, señor, se ha desmayado de repente y no sé qué le pasa!

Un niño pequeño, vestido con poco más que unos harapos, apareció a toda prisa por el callejón. Tras él, un hombre mayor de aspecto cuidado y buenos ropajes, acompañado por un par de hombres bien armados, intentaba seguirlo con cara de preocupación.

Cuando llegó a la altura de Lemire, el niño le dedicó una mirada furtiva y aceleró la carrera, perdiéndose en el otro extremo del callejón. El ladrón sonrió. Un par de cobres bien pagados. Nunca falla.

En ese momento el hombre mayor y sus guardaespaldas se dieron cuenta de que les habían engañado, pero ya era tarde. Barod les salió al paso, con su pesado martillo de guerra entre sus manos, mientras que Arkus apareció de entre las sombras a sus espaldas para cortarles la retirada. Dejando caer la hoja de su inmenso hacha de batalla dió un fuerte golpe en el suelo.

Mueller Lohgreim. Mayordomo de la casa Rockstead. Tienes algo que queremos. Si nos lo entregas sólo te retendremos hasta completar nuestros asuntos y salvarás tu vida.

El mayordomo se irguió con dignidad y se dirigió al bárbaro mientras sus guardaespaldas desenvainaban sus armas.

– Mucho me temo, señor, que no tengo nada que pueda interesarle a usted, y debo advertirle que, sea lo que sea lo que planee, si no he vuelto a la mansión Rockstead en unas horas mandarán una partida de búsqueda, por lo que no le recomiendo…

– Nadie te espera de vuelta, viejo – interrumpió Barod – al menos hasta dentro de unos días. ¿Crees que somos aficionados?

– Ah – respondió Lohgreim, simplemente.

Su rostro no se había alterado en lo más mínimo, pero el sudor empezaba a correr por él.

– Aún así, como pueden ver, mis guardaespaldas son veteranos, están mejor armados que ustedes y les igualan en número, por lo que no veo cómo…

El mayordomo se vio nuevamente interrumpido por el sonido de una flecha volando y clavándose profundamente en el brazo derecho de uno de sus guardaespaldas. Éste gritó de dolor y dejó caer su arma.

– No lo tengo tan claro – dijo secamente Arkus. Tras ello, se dirigió a los guardaespaldas.

– Si queréis vivir, soltad las armas y salid de aquí ahora mismo. No tengo interés en vosotros, sólo en el viejo.

Los dos guardaespaldas se miraron. Luego miraron a Mueller.

– Lo siento señor, de nada nos sirve todo lo que nos paga si estamos muertos.

Ambos soltaron las armas y echaron a correr, dejando un pequeño reguero de sangre. El mayordomo de los Rockstead los miraba con una mezcla de terror e incredulidad mientras el color iba desapareciendo de su rostro. Aun así, se las arregló para mantener su entereza.

– Haced lo que queráis conmigo, pero no traicionaré a mi señora.

Arkus guardó su hacha y se acercó a él. Lohgreim cerró los ojos esperando lo peor, pero el inmenso bárbaro simplemente pasó a su lado.

– Lo principal es la llave de la mansión, pero toda la información que pueda darnos sobre el interior es útil, así que mantenlo vivo todo lo posible – le oyó decir.

El mayordomo abrió los ojos, y vio frente a él a otro hombre, sonriéndole con crueldad.

Lemire ya no estaba aburrido.


Autor: David Russo
Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas. Media Esuarth, Entanas
35 de Ragniar del 1487 d.S.


Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en una cuarta partida que no pudimos llevar a cabo ese día. Primeros Compases y los dos relatos que publicaremos próximamente están basados en los hechos llevado a cabo durante esas partidas, que quedan canon en el mundo de Vilia.

La historia cuenta los preparativos que llevan a cabo dos bandas de ladrones rivales en la ciudad. Los Merodeadores están liderados por la Mangosta, un misterioso líder que poca gente ha visto en persona. Su sutileza sirve de ejemplo para las actividades de todos sus hombres. La banda del Alfa está compuesta por matones y rufianes que se han hecho un hueco en los barrios bajos de la ciudad por la fuerza. Sus métodos son tan brutales como los de su líder, caracterizado por la máscara de cráneo de lobo con que cubre su rostro.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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Estirpes de Ladrones, parte I: Primeros Compases

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– Odio este barrio – Jacob murmuraba, escupiendo en el suelo con cierto desprecio.

– Qué me vas a contar, al menos a ti no te miran como si fueses un niño perdido. Parece que nunca hayan visto a un lanan en el distrito noble – dijo Eric irritado, mirando a su alrededor y frunciendo el ceño a todo aquel que le dirigía una mirada de curiosidad – A ver si Conrad se da algo de vida y terminamos el trabajo.

El ambiente en la Escuela de Ingeniería de Puerta de las Tormentas era frenético. Alumnos corrían de una clase a otra cargados con carpetas enormes y un elevado murmullo cubría el ambiente provocando una ligera migraña a los ladrones, que estaban acostumbrados al ambiente más tranquilo de los barrios bajos. Tan fuera de juego estaban, que no se dieron cuenta de que su compañero, Conrad, había vuelto hasta que le escucharon hablar.

– Vale, he tenido una “entrevista” con el orientador del centro, y resulta que los planos de edificios reales se utilizan en los últimos cursos o en exámenes especiales, y están guardados en un archivo en el sótano. Eso sí, sólo se pueden sacar con permiso de uno de los profesores, así que… ¿Cómo hacemos esto?

Los tres se quedaron pensativos un momento, hasta que Jacob dijo:

– Vale, seguidme, creo que tengo un plan. Más o menos.

Intercambiando una mirada de curiosidad entremezclada con duda, Conrad y Eric siguieron a su compañero, que se dirigía a las escaleras que bajaban al sótano.
Tras seguir los carteles indicativos, el grupo llegó a una sala marcada como “Archivo”. Allí encontraron un pequeño recibidor, separado de los archivos físicos por un muro con una apertura que servía como mostrador en la que un archivista de aspecto aburrido garabateaba algo en una libreta. Una puerta cerrada junto al mostrador permitía pasar de una sala a la otra.

En cuanto los ladrones entraron por la puerta, el archivista levantó con desgana la mirada hacia ellos para inmediatamente volver a poner su atención en su libreta.

Jacob guiñó un ojo a sus compañeros y, cogiendo a Eric del brazo, se dirigió hacia el mostrador. El archivista levantó de nuevo la mirada. Con un suspiro de frustración cerró su libreta y forzó una media sonrisa:

– ¿Sí? ¿En qué puedo ayudarles?

– ¡Buenos días, caballero! Magnífica mañana, ¿no es cierto? Verá usted, venía en busca de un plano concreto, y me han dicho que es aquí donde lo encontraría.

Un poco sorprendido por la energía de su interlocutor, el archivista se irguió un poco y respondió:

– Eh… sí, ciertamente, aquí es donde guardamos los planos. ¿Puedo ver el permiso firmado del profesor que se lo ha encargado?

– Ah, pero buen hombre, yo mismo soy quien lo ha encargado, puesto que soy uno de los nuevos profesores de esta magna institución. Hoy es mi primer día, de hecho, y me han encargado que le haga el examen de admisión a este precoz chaval que traigo conmigo. ¡Dicen que es un genio y que sería la persona más joven en ser admitida en la escuela si supera el examen! – Las palabras de Jacob generaron una mirada de intenso odio por parte de Eric, pero éste supo recomponerse antes de que el archivista se diese cuenta – parece ser que con la agitación de los últimos días no han tenido tiempo de añadirme todavía a las listas – Jacob guiñó un ojo -, pero seguro que eso no será un problema, ¿verdad?

El archivista miraba a Jacob con los ojos bastante abiertos. Detrás suyo, Conrad hacía lo que podía para aguantarse la risa. Eric, por su parte, estaba planeando un asesinato.

– Eh… no, lo siento – dijo el archivista tras un minuto de completo silencio – pero me temo que necesito un permiso firmado por alguien que esté en la lista. Registros de entrada y salida y demás. Le recomiendo que busque a algún otro profesor para que se lo firme y…

Las palabras del archivista se vieron interrumpidas por el impacto de una daga clavándose en su mostrador. La sonrisa de Jacob no había desaparecido, pero sus ojos parecían desprender una absoluta ira homicida.

– Creo que no nos hemos entendido. Vamos a sacar esos planos. El futuro de este jovenzuelo está en juego, y no querrías ser responsable de eso, ¿verdad?

La sorpresa inicial del archivista estaba dejando paso a un absoluto terror, y poco fue capaz de hacer más allá de asentir. Los compañeros de Jacob lo estaban mirando con la boca abierta.

– Bien – continuó Jacob – entonces tráeme los planos de la mansión de Andrea Rockstead, si eres tan amable. Y no te preocupes por anotar nada ni decirle nada a nadie sobre esto. Ya me encargaré de informar a los responsables yo mismo. ¿Nos entendemos?

De nuevo, el empleado no pudo hacer más que asentir débilmente. Acto seguido desapareció tras el mostrador, y a los pocos segundos estaba de vuelta con una gran rollo de pergamino.

– Gracias por su ayuda, ha sido muy amable – Jacob cogió el rollo de pergamino y salió de la habitación, seguido por sus atónitos compañeros.

– Bueno, no se si el jefe habría estado muy de acuerdo con estos métodos – dijo Eric una vez fuera del edificio, aparentemente habiendo olvidado su enfado anterior – pero sea como sea ya tenemos los planos. ¿Ahora qué?

– Lo siguiente es conseguirnos un agente en el interior. Probablemente los perros del Alfa intentarán un asalto directo, pero si nosotros conseguimos que nos abran la puerta del sótano podemos entrar y salir en tiempo récord y sin llamar la atención.

Conrad abrió un rollo de pergamino que llevaba consigo.

– Hay unos cuantos posibles objetivos para esto, pero nuestra mejor opción estará esta noche en la taberna “Pan Duro”. Vamos a ello.

Esa noche, el grupo se dirigió a una de las zonas más humildes del distrito residencial, donde se encontraba la mencionada taberna. El ambiente era festivo, y los parroquianos habituales, esuarthianos de pura cepa, llevaban ya unas cuantas copas encima cuando los ladrones llegaron.

Un rápido vistazo les permitió encontrar a su objetivo, un curtido undino ya algo entrado en años pero todavía en buena forma que bebía con algunos de los habituales. Conrad se acercó a él.

– ¿Umar Volgen? Queríamos hablar contigo, tenemos un negocio que proponerte.

El undino se giró hacia él, derramando parte de su bebida, y tras mirarlo de arriba a abajo sacudió la mano para que se fuera.

– ¿Negocios, chico? Estoy en mi rato de descanso, y aquí sólo hablo con quien bebo. Lárgate.

Como respuesta, Conrad se volvió hacia la camarera.

– Señorita, traiga una ronda para mis amigos de esta mesa, a mi cuenta.

Esas palabras provocaron vítores por parte de los camaradas de Umar, que agarraron a Conrad y lo obligaron a sentarse con ellos y acompañarlos en la bebida. Mientras, Eric y Jacob optaron por la discreción y se sentaron en una mesa más apartada, esperando a ver qué salía de esto.

Tres rondas completas después, Umar dio una fuerte palmada en la espalda de Conrad que casi le saca el espinazo de sitio y le pasó el brazo por los hombros, acercándose más a él.

– De acuerdo, chico, no eres mal tío. Tienes mi atención. Vamos a sentarnos con tus amigos y me cuentas de qué va esto.

Con un suspiro de alivio e intentando andar recto, Conrad se dirigió hacia la mesa en que estaban sus compañeros y empezaron a negociar. El plan: Umar era jardinero en la mansión de Andrea Rockstead, lo que le permitía cierto acceso a la mansión. A cambio de una interesante compensación económica, lo único que tenía que hacer el undino era dejar una puerta concreta del sótano abierta para que el grupo pudiese entrar. Sería un visto y no visto, y no habría nada que les relacionase.

– Suena interesante, la verdad, y no tengo ningún aprecio por Rockstead – dijo Umar – pero tenéis que comprender que es un buen sueldo y tengo familia que mantener. No lo haré por menos de 50 dragones de oro – una sonrisa se dibujó en la cara del undino – y un pequeño extra.

Eric suspiró.

– Siempre hay un extra. ¿De qué se trata?

– En la sala de exposiciones de la mansión hay una armadura, una coraza ornamental con grabado rúnicos. La quiero. Dadme vuestra palabra de que la traeréis y tenemos un trato.

Los ladrones se miraron. Transportar una armadura iba a dificultar bastante la operación, pero no era un mal trato, y quizás podían aprovechar el ir a la sala de exposiciones para hacerse con algún extra para ellos mismos. Conrad se encogió de hombros.

– Trato hecho – y estrechó la mano del jardinero.

– Perfecto, chicos, perfecto, ¡esto hay que celebrarlo! ¡Chica, trae tres rondas completas para esta mesa! ¡Pagan mis nuevos amigos!

Iba a ser una noche muy larga… y no iba a ser precisamente la última. Pero la banda de la Mangosta saldría triunfante. Como siempre.

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Autor: David Russo
Escuela de Ingenieros, Distrito Gubernamental de Puerta de las Tormentas.
Taberna “Pan Duro”, Distrito Residencial de Puerta de las Tormentas.
Media Esuarth, Reino de Entanas.
35 de Ragniar del 1487 d.S.


Estirpes de Ladrones fue un conjunto de tres partidas que llevamos a cabo durante el FicFest, el día 5 de Mayo de 2018. Este relato está basado en los hechos llevado a cabo durante esa partida, que quedan canon en el mundo de Vilia.

Ambientada inmediatamente después de “Un Misterioso Encargo“, nuestro primer librojuego, se basa en los intentos de hacerse con el paquete que la Mensajera llevó a Andrea Rockstead. Puedes leer la conclusión de “Un Misterioso Encargo” aquí.

No te pierdas el resto de la historia. ¡Y prepárate para participar en la continuación!

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