Trial by Fire: Entre la clava y la pared

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El grupo se encontraba exhausto. Ya eran varios los minutos en los que se encontraban en el extenso corredor, huyendo de la horda de elementales. Las ráfagas de polvo generadas por el paso de los elementales dificultaban seriamente la visión del explorador… 

Thais, que se encontraba algo más adelantado, pudo avistar a lo lejos lo que parecía una especie de abertura en la que, a su parecer, se le podría plantar mejor cara a los elementales. Se dirigió hacia ella y el grupo, por pura inercia, siguió a Thais en medio de todo el polvo y el caos… Cuando estaban llegando a la abertura la caverna se estremeció, un temblor que hizo estremecerse a todos… El enorme quejido de la montaña castigó principalmente al corredor del que veníamos, que comenzó a desprenderse. Pequeñas y no tan pequeñas piedras comenzaron a caer entre los aventureros que huían, frenéticos, de la masa de elementales.

Cuando todos los miembros hubieron dejado el corredor atrás entre bruscos giros, fintas y algún que otro salto para evitar los desprendimientos, Tarfos, que se encontraba en último lugar, recibió un golpe en la cabeza. La roca que lo golpeó, de no haber llevado Tarfos tanta velocidad debido a la huída, se hubiera deslizado sobre su yelmo; pero en cambio le propinó un buen chichón en la frente.

Enormes piedras terminaron cayendo y bloqueando la entrada al corredor del que procedíamos, eliminando cualquier posibilidad de volver por ese camino y, a su vez, no dando opción a los elementales a llegar hasta el grupo. La luz emitida por el bastón de Ícaro los había guiado en el camino y ahora les mostraba la estancia actual.

La polvareda que el desprendimiento levantó no permitía ver más allá de donde se encontraba Tarfos, unos pies más adelante de Thais. Tarfos se incorporó, quejándose, sacudiéndose todo el polvo y tocándose la roja frente. Expulsando polvo de su boca, dijo: 

— Aahhh, me durará unos días este chichón… pero al menos evitamos el combate.

Se encontraba de espaldas a la abertura, mirando hacia la entrada bloqueada donde se encontraba el resto. La nube de polvo se disipó un poco más.

— Puaaghh, qué mal huele aquí, ¿a alguien se le han relajado los esfínteres con la huída? — dijo Elina con voz de pito, pues se encontraba tapándose la nariz con una de sus manos. 

Su cara empezó a palidecer y, exhalando unas palabras ininteligibles, señaló a Tarfos. Éste, entre sacudidas, no lograba entender qué quería decirle con aquellas muecas. A sus espaldas, una enorme masa rugosa y verdosa se incorporó y se giró para mirarlos. Con la masa de polvo completamente disipada, pudieron distinguir a un enorme trol de algo más de dos metros que los miraba con una vil sonrisa, dejando ver sus afilados colmillos bañados en sangre. En su mano derecha agarraba un cuerpo, lo que parecían ser restos de un enano devorado casi por completo. Sus tendones, carne y huesos colgaban desde la cintura. En la otra mano el trol portaba una enorme clava cubierta de púas afiladas y oxidadas.

 — AAAAAAHHHHHH — Gritó el trol a la vez que soltaba los restos del enano y cargaba sobre la espalda de Tarfos, que se giró pero no tuvo tiempo de reaccionar y que recibió un enorme golpe que le dejó el hombro izquierdo seriamente dañado. Al sacar las púas de la clava de su carne, un reguero de sangre cayó a sus piés. Sin duda la bestia estaba enfadada y las cosas no pintaban nada bien. 

Dos veloces flechas, que impactaron sin hacer demasiado daño en el torso del trol pues inmediatamente se las quitó, le hicieron girar la cabeza y centrar su atención en Thais. Thais sabía que no podría aguantar una embestida similar a la que había sufrido Tarfos, pero al menos había captado su atención y el feo trol se dirigió hacia él con rapidez. Una intensa luz blanca fue emitida por las manos de Ícaro junto con una plegaria a Yulus en un extraño idioma que para nosotros era solamente sonidos. Tras juntar las palmas de las manos y tocar a Tarfos la luz se fue junto con los gritos del herido, pues su dolor cesó y la herida cicatrizó. 

Faren dio una enorme zancada hacia la bestia para interponerse en su afán de triturar al autor de los flechazos y con su espada asestó un enorme tajo en su vientre. Entre quejidos y salpicones de un líquido negro que salía de la herida, el trol apartó de un rápido manotazo a Faren, que amortiguó la caída rodando unos pasos hacia su derecha. La enorme bestia reanudó su marcha hacia Thais relamiéndose los afilados colmillos, mientras que los agujeros de las flechas y el vientre cicatrizaban rápidamente. 

Hecho que no pasó inadvertido a la pequeña Elina, que pensando en voz alta dijo: 

— Claaaroo, verde, capacidades cicatrizantes… ¡Fuego! ¡Es un TROOOL! 

En ese momento, rebuscó entre sus manuscritos para encontrar el hechizo necesario. Mientras lo recitaba, la negra túnica se decoró con unas grandes runas arcanas de color rojo hasta que el rojo predominó sobre el negro. En ese momento el pergamino se esfumó de las manos de la pequeña bruja y un círculo de fuego se dibujó alrededor del trol. Éste se paró en seco a escasos metros de Thais, que se encontraba buscando la forma de trepar por la piedra. El círculo se hacía cada vez más pequeño. El rostro del trol, que ya no exhibía esa sonrisa, ahora denotaba pánico. Se movía de un lado a otro aterrado, intentando buscar una falla en el círculo mágico. Pero éste era perfecto y no había posible salida.

El conjuro siguió su cauce y el espacio entre el fuego y la bestia se redujo a escasos centímetros y, de abajo hacia arriba, la carne del trol se empezó a consumir. Éste intentó sobrepasar el círculo con un brazo y, casi instantáneamente, el chamuscado brazo fue cercenado por un muro de fuego y cayó al suelo con un fuerte golpe. El resto del trol, pocos segundos después, se redujo a una pequeña montaña de restos de carne y huesos.


En algún lugar de Gaia. 16 de Marmadarim (III) del 1509 d.S.

Primer fragmento de la crónica «Trial by Fire», one-shot de D&D 3.5 jugado en Octubre. Los eventos de esta aventura han quedado como canónicos, enmarcados dentro del Capítulo V: Avatares del Destino de Vilia.

El grupo, inspirados por la partida, han decidido relatar las aventuras de sus personajes y compartirlas con la comunidad.

Autor: Manuel García
Editor: Ricardo García
Ilustración: Dall-E 2

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Crónicas de los Planos: Faerûn (VII)

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La Torre de Elminster - Michael Mueller

La Torre de Elminster – Michael Mueller

«4 de Hammer del 1375 C.V.

Por suerte, la noche ha sido fructífera, y gracias a Lathander, hemos encontrado a un superviviente de Morningdawn Hall: el hermano Rewell Thunderstorm.

Aliviado por encontrar a otro sacerdote del Señor del Alba, Rewell nos habla sobre el ataque contra el Templo de Lathander. Nos cuenta que presenció cómo los zentharim llevaban los cadáveres de los sacerdotes hacia la Torre de Ashaba. Además, tiene la certeza de que hay agentes de Shar involucrados en el ataque. Dada la rivalidad entre Lathander y la diosa de la noche debo admitir que no me extraña. (Y las implicaciones van más allá. La Señora de la Pérdida es una de las más enconadas enemigas de Mystra, lo que podría tener relación con el estado de la Urdimbre).

Por desgracia, Rewell es conocido entre los valletanos, por lo que mientras estemos de incógnito no podemos llevarlo con nosotros, por lo que hemos establecido un punto de reunión con él para más adelante, cuando tengamos más información.

Tras ello nos dirigimos a las ruinas de la torre de Elminster (algo muy valiente por nuestra parte, no solo por el riesgo de ser descubierto por los Zhentarim, sino por la alta probabilidad de encontrar conjuros mágicos activos y peligrosos en los restos de la torre de un Archimago), y tras una búsqueda rápida encontramos una trampilla oculta. Curiosamente, la magia parece funcionar correctamente en la torre, pues la trampilla está protegida por un glifo custodio de considerable poder, por lo que me vi obligado a recurrir a un campo antimagia para poder entrar. (Personalmente, dudo que fuese un Glifo Custodio lo que logramos pasar. El genio de Elminster puede definirse, en el mejor de los casos, como retorcido…)

Una vez en el interior, se manifestó ante nosotros una mujer fantasmal llamada Ilsheen, guardiana de la torre. Curiosamente, pese a ser claramente algún tipo de espectro, no sentí en ella el oscuro toque tan característico de la nigromancia. 

Ilsheen nos dio la bienvenida nada más vernos, agradeciendo por fin algo de compañía, y nos relató la caída de la torre. (Siempre había oido los rumores de que Elminster guardaba un espectro guardián en su torre. No podía sospechar que fuese tan encantador).

Al parecer días atrás la torre fue infiltrada por poderosos espías de Shar que lograron pillar a Elminster por sorpresa y herirlo, lo cual activó sus contingencias transportándolo a él y a su torre a lugar seguro.

Ilsheen confirmó nuestras sospechas sobre la profecía de Azuth, revelándonos que la tumba de Aumry se encuentra en las afueras del Valle, y para ayudarnos nos entregó un Cofre de Leomund perteneciente a Elminster, en el que se encontraba un Sextante Planar, que será de enorme ayuda para cuando encontremos el portal que mis aliados están buscando. (Sabía que podríamos encontrar algo de utilidad aquí. No esperaba que pudiese serlo tanto, sin embargo. Fue en ese momento cuando comenzó a germinar la idea que nos llevará de vuelta a Faerûn cuando llegue el momento a Idan y a mí… ¡o eso espero!)

Por último, nos dirigimos a la casa de Iridal, en la que dormía al menos una decena de guardias, pero tras un buen rato de planificación logramos infiltrarnos y llegar al sótano secreto de la casa. Allí la maga encontró muchos de sus libros y pergaminos, albergando todos sus estudios sobre los planos (Una lástima que la mayor parte de mis focos se perdiesen. Estaba claro que la mayoría de los objetos mágicos que había poseido habían sido saqueados, junto a cualquier cosa de valor. Fue… extraño volver a entrar en casa después de casi un año de viaje…).

Finalmente hemos vuelto a la posada, con intención de seguir investigando mañana tras una buena noche de sueño.» (Una estilizada linea da por finalizada la entrada del día 4 de Hammer).


Séptima entrada del diario de Luor Kathar, sacerdote de Lathander, recopilada y comentada por Iridal Kant. Las entradas anteriores pueden encontrarse en los siguientes enlaces:

Los eventos de la campaña Shadowdale: The Scouring of the Land seguirán desarrollándose como Spin-Off a los hechos narrados en este diario.

Autor: David Russo
Comentarios: Ricardo García

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