Regreso a Casa: Alzando el vuelo

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Lidris se reunió con los tres humanos suspirando de alivio al ver partir al pequeño monstruo.

-¿Y ahora qué? -preguntó Lidris, tras lo que se detuvo al examinar la estatuilla de piedra que el caballero humano portaba todavía en su mano izquierda-. Espera. Eso no es lo que creo que es, ¿verdad?

-Lo es. Tenemos la Llama de los Elfos -contestó Taryc-. Lidris, te presento a Idan e Iridal, Caballeros del Dragón como yo.

-Es un placer -contestó Idan con una respetuosa inclinación de cabeza.

-Encantada. Aunque quizás podríamos hablar más tranquilamente en otro lugar. -añadiró Iridal con aspereza y se volvió hacia Taryc-. ¿Podemos irnos?

Lidris no pudo contestar, su mirada fija en la estatuilla de piedra. Era mucho más pequeña y sencilla de lo que esperaba. Las leyendas en las que hablaban de la Llama siempre hacían referencia a un artefacto de poder incalculable, destellante de energía. Casi esperaba que en cualquier momento saltara a la vida con un chisporroteo de luz y una tormenta de fuego destructor.

-Tenemos que encontrar a Ashazaar -pudo escuchar que respondía Taryc-. Se dirigía hacia aquí creando una distracción. No debería costarnos mucho verlo.

-¿Qué hay del mago drow? -preguntó Iridal.

-Por lo que sabemos, es capaz de doblegar las mentes de sus enemigos. Creo que sería mejor no cruzárnoslo. Que los atlantes arreglen sus propios problemas.

-No podría estar más de acuerdo.

-En ese caso creo que lo mejor que podemos hacer es seguir a tu nuevo amigo -propuso Idan mientras dirigía una significativa mirada el techo rasgado de la tienda.

Taryc asintió y se dirigió hacia Lidris.

-Será mejor que te acerques a mí. Nos marchamos.

Lidris no puso objeciones ni añadió una sola palabra. La visión del artefacto que había sido el centro de todo su sistema de creencias a lo largo de su vida le dificultaba pensar en nada más.

Pero pronto se vio obligada a apartar la vista de sus nuevos compañeros humanos cuando un destello de luz los envolvió e inundó la tienda de una mezcla de tonos rojizo, dorado y blanco. Sintió como Taryc la tomaba de la cintura y sus pies se alzaban del suelo. Se agarró con desesperación al brazo de la muchacha, que irradiaba un potente calor mágico.

Cuando Lidris pudo volver a abrir los ojos pudo reconocer las tiendas del campamento drow a varios metros por debajo suya. La caverna estaba iluminada por la luz que irradiaban Taryc, Idan e Iridal. Muchos elfos drow miraban hacia ellos y los señalaban sorprendidos. Uno de ellos, un hombre vestido con túnica oscura, los miraba con el rostro contraído por la rabia. Con gestos enérgicos comenzó a cantar unas palabras inaudibles mientras diversas runas de energía púrpura comenzaron a dibujarse en el aire.

-¡El mago drow! ¡Nos ha visto! -gritó Lidris a través del silbido del aire.

Idan se llevó la mano a la cabeza, como si hubiese recibido de repente un golpe, y comenzó a descender en picado.

-¡Idan! -Lidris pudo escuchar a la mujer humana, que se detuvo en pleno vuelo y descendió tras él. El drow continuaba su extraña cantinela mientras los señalaba continuamente.

-¡Lidris! -gritó Taryc a su compañera, sus ojos cerrados por el dolor-. No logro resistirlo. Sus palabras golpean mi mente como si fueran un centenar de martillos. Debo descender.

Lidris tragó saliva con dificultad mientras observando como el suelo, plagado de elfos drow, estaba cada vez más cerca. Miró a su amiga, atenazada por el dolor del conjuro que hacía presa de su voluntad, y tragó saliva de nuevo antes de aferrar la empuñadura de su espada.

Estoy lista para el combate.

Taryc asintió con una débil sonrisa.

-No te separes de mí.

Y ambas mujeres continuaron descendiendo, siguiendo de cerca a Idan e Iridal.


Hay magos que postulan que la magia de encantamiento es la más cruel de las artes arcanas descubiertas hasta la fecha. A diferencia de otros despliegues mágicos, como descargas de energía o convocación de criaturas, este tipo de magia tiene el potencial de infligir uno de los efectos más crueles a sus objetivos: privarlos de su voluntad y de su libertad.

Este relato forma parte del Arco Argumental «Regreso a Casa», del Capítulo V de Vilia: Avatares del Renacer. Puedes encontrar todos los relatos relacionados con este arco a continuación:

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Autor: Ricardo García
Imagen: Stable Difussion with several models
Inspiración: Grupo 1 del Capítulo V de Vilia: Avatares del Destino

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