Amanecer demoníaco

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Una repentina llamarada hendió el cielo apenas iluminado por la naciente luz del día. Brotó de una pequeña caverna bajo una de las cadenas montañosas que motean el bosque de Ahn-Quessire, hogar milenario del pueblo élfico. La intensidad del calor era tal que las mismas paredes de la entrada se disolvían, convirtiéndose en piedra ardiente que caía convertida en gotas de magma.

Una imponente y obscena criatura abandonó la caverna. Alzándose hasta rozar los cuatro metros de altura, su cabeza astada se imponía desafiando la pureza del cielo azul, antítesis de la perversión y el odio que eran parte de su misma existencia. Enormes brazos cubiertos de pelaje rojizo y negro caían a ambos lados de su cuerpo, terminados en poderosas garras negras de filos rotos y astillados. Se alzaba sobre dos enormes patas de carnero recubiertas de un denso y oscuro pelaje que terminaba a la altura de su pecho descubierto de roja piel, musculoso y ancho como un oso. Pero el más temible de sus rasgos era su rostro, retorcido perpetuamente en una mueca de odio. Era ancho y cuadrado, con una nariz amplia y chata que se abría en el centro, casi como heridas abiertas, junto a los que podía reconocerse fragmentos del hueso sobre los que se estiraba la piel. Colmillos de longitudes desiguales sobresalían desde sus anchas mandíbulas y sus ojos, pequeños y de un profundo color rojo, prometían una destrucción lenta y agónica de cualquier criatura u objeto que se vieran sujetos a su mirada.

El claro del bosque en el que ahora se encontraba, hasta entonces cubierto de árboles y matorrales de diversos tamaños, comenzó a arder y a retorcerse ante su mera presencia. La hierba se convertía en humo y los animales que quedaban todavía en la zona desaparecían de repente, carbonizados, sin llegar a emitir ningún sonido.

Henjar se permitió una mueca que extendió sus afilados rasgos hacia sus mejillas, dejando ver aún con más claridad los puntiagudos y desiguales colmillos y estirando la negra piel alrededor de los fragmentos óseos de su rostro. El bálor no sonreía con frecuencia, pero hoy lo hacía con todo el deleite de su oscuro corazón.

El gesto no duró mucho, sustituido por la suspicacia y la duda. ¿Sería suficiente el poder que ahora poseía, habiendo vuelto la Llama de los Elfos a Vilia, para cumplir con sus designios? Podía sentir la magia corriendo por su sangre, recibiéndola a través de los poros de su piel, canalizándola en potente energía de fuego y corrupción. Hacía años que no había estado en un plano donde hubiese podido acceder a semejante potencial desarrollado a lo largo de milenios. Esta vez no podía fallar.

Se detuvo a recordar su llegada al plano. Cómo había acudido a buscar la espada que lo debía encerrar. Cómo había liberado a su anterior prisionero, acabando con él entre balbuceos de sorpresa. Cómo había logrado desentrañar el sortilegio que debía mantenerlo preso para luego ejecutarlo y acabar en la espada. El destino debía cumplirse, y ésa era su mejor baza.

Pero, ¿qué ocurriría cuando fuera el Destino quien se interpusiese en su camino? Sabía que ese día llegaría, y si bien hasta aquél momento había sido su herramienta, era consciente de que la corriente en la que había decidido meterse era muy potente. No podía permitirse más errores.

Henjar decidió que debía probarse. Debía ser capaz de desafiar al Tiempo, demostrarse que llegado el momento podría salir de su influjo y llevar a cabo su venganza. Y sí, también su cometido, aunque ese detalle para él era secundario.

Disminuyendo la intensidad de su aura de fuego, el infernal se dirigió hacia un enorme pilón de piedra que se encontraba clavado en el suelo en las cercanías. Henjar no conocía el funcionamiento exacto de aquél artefacto. La magia élfica imbuida en la piedra era increíblemente compleja y, hasta cierto punto, consciente. Las runas que cubrían el pilón se iluminaron con una intensa luz azulada con cada paso del infernal.

Pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez el bálor no se inmutó. Extendiendo ambas garras, tomó el pilón y comenzó a tirar con fuerza. Con cada tirón podía sentir la magia defensiva del artefacto intentando morderle, impedirle cualquier movimiento y destruirle, todo a la vez. El bálor sonrió y comenzó a entonar las palabras de un conjuro. La energía mágica que convocó lo envolvió como un enorme velo de energía sacrílega y, con un nuevo tirón, el pilón fue arrancado del suelo.

Henjar pudo sentir la sorpresa de la extraña consciencia albergada en aquél artefacto, seguido de un temor que se detuvo a saborear. Al mismo tiempo, se dió cuenta de que estaba siendo observado: sus alrededores parecieron perder el color, tomar un tono desvaído y monocromático mientras las líneas de los objetos comenzaban a perder definición. El bálor reconocía las señales: el Tiempo sentía su presencia.

-Perfecto -dijo con un gruñido de satisfacción, su profunda voz reverberando entre las ramas de los árboles-. Y ahora que tengo tu atención…

Y con un poderoso rugido, Henjar dejó caer el pilar de piedra sobre su rodilla, partiéndolo en dos. El retumbar de un trueno sacudió el ambiente y una explosión de magia se extendió a su alrededor, deslumbrándolo durante unos segundos. La energía podría haberlo dañado, pero su propia aura era capaz de contener el calor, la radiación y los trozos de roca que lo bañaban.

Tras unos segundos, todo quedó en silencio, roto por la risa rasposa y cruel del bálor. El mundo continuaba siendo monocromático y las líneas a su alrededor continuaban bailando, pero no ocurrió nada más.

-No puedes detenerme -amenazó el bálor-. No te atreverás a intervenir. La victoria, esta vez, será mía.

Y tras esas palabras, Henjar desapareció.


Noreste de Ahn-Quessire, cerca de la Floresta Fosforescente, Gaia. 15 de Marmadarim (III) del 1509 d.S.

Desde hace estaciones, el grupo teme la presencia en Vilia de uno de los demonios más poderosos del Abismo: un bálor. Prisionero en una espada durante, supuestamente, años, logró liberarse como parte de un pacto con Saryvon Lormen, actualmente en paradero desconocido.

El bálor ha demostrado tener sus propios y misteriosos objetivos y parece que ahora ha llegado el momento de dar un nuevo paso.

Este relato forma parte de las escenas cortas que se desarrollan justo en los primeros días tras el regreso de la Llama de los Elfos y sirve de contexto para los eventos que se sucederán durante el Capítulo 5: Avatares del Destino. Puedes ver los relatos anteriores a continuación:


Autor: Ricardo García

Ilustración creada en Dall-E 2

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