Regreso a Casa: Compañeros presos

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El atlante observó a la sacerdotisa durante toda la narración sin apenas mover un músculo, sus ojos dorados fijos en el rostro de la mujer que ahora frotaba sus dedos con fuerza, casi como si intentase arrancárselos.

-Has mencionado que los magos poseían un poder mágico inesperado. ¿Se trata de algún artefacto o fuente de poder que hayáis perdido? -preguntó por fin.

-No, en absoluto. Hemos venido bien equipados, pero el único objeto digno de mención es un pilar de comunicación que nos fue encomendado por los telépatas atlantes para informar de nuestro avance.

-¿Has notado tú algún cambio en tus capacidades mágicas?

Xera’nel se mordió el labio y no pudo evitar echar una ojeada a su alrededor. Taryc, sin poder evitar su impaciencia, se acercó hacia ellos y se cruzó de brazos ante la drow. Algo en su interior seguía instándola a terminar con la discusión lo antes posible.

-Así es, mi señor -contestó por fin Xera’nel-. Al buscar el favor de Yulus he podido notar que la potencia con la que canalizo su poder es mayor; casi dolorosa. Mi arma -dijo tomando su maza y mostrándola al atlante- parece vibrar sin cesar, desbordante de energía mágica.

Taryc lanzó una mirada de inteligencia al atlante, que asintió diciendo:

La Llama está en Vilia.

-Sí -lo interrumpió Taryc para impedir que dijese más de lo necesario-, pero, ¿dónde? -y luego se volvió hacia la drow-: Hay algo que no nos has dicho todavía. ¡Desembucha!

Taryc se permitió una sonrisa satisfecha al recibir la mirada asesina de la drow. Lo mejor sería no darle la espalda mientras estuviese cerca.

-No os estoy ocultando nada -dijo Xera’nel y añadió algunas palabras en su propio idioma, que Taryc prefería no conocer, antes de volver a la lengua común y dirigirse a Ashazaar-. He intentado ser lo más directa posible dadas las circunstancias, mi señor. Pero hay detalles que puedo contaros y que he considerado que no serían de interés. 

-Dinos cuál es el que me más te preocupa -ordenó Ashazaar.

-Al partir del campamento me crucé con un grupo de traidores que regresaban con dos enormes esferas de lo que parecía piedra transparente o cristal. Dos figuras se hallaban en su interior, pero no pude verlas con claridad.

Nos has visto al llegar, ¿verdad? -le imprecó Taryc-. Has visto el destello de luz y el orbe en el que estaba Ashazaar. ¿Eran así?

Xera’nel dudó en contestar a la pregunta, pero un gesto de Ashazaar la conminó a ello. La drow asintió.

-Perfecto -continuó Taryc-. Parece que vamos a tener que ir a ese campamento drow.

-¿Me ayudaréis, entonces?

-Así es -contestó Ashazaar-. Si hay una amenaza contra el pueblo atlante seremos los primeros en intervenir.

Taryc se puso rígida de repente.

-Y rescataremos a nuestros compañeros, ¿verdad? -añadió.

-Por supuesto. Pero antes, voy a necesitar más información sobre el enemigo y sobre el estado de vuestra misión, Xera’nel.

Taryc sintió como el dolor de cabeza se volvía más intenso por momentos. Sentía que su mejor oportunidad para salir de allí con la Llama de los Elfos era pasar a la acción lo antes posible. Quizás alguno de sus compañeros presos tenía la Llama consigo.

-¿De qué sirve retrasar la marcha, Ashazaar? Ya sabemos adónde tenemos que ir. Podéis hablar por el camino.

-En absoluto. Debemos estar preparados y decidir una estrategia antes de marchar.

Taryc estuvo a punto de contestar, pero en lugar de eso se dio la vuelta y se dirigió hacia la entrada de la caverna.

-¡Eh! ¿Adónde vas? -le preguntó Lidris-. Estamos en un lugar es muy peligroso. ¡No hagas ninguna tontería!

-No voy a ningún lado -contestó, y abandonó la caverna.


Taryc y Ashazaar se conocieron seis estaciones antes en mitad de las Montañas Azules el 17 de Armaiendra (VII) del 1508 d.S. En ese momento se ponían en contacto dos entidades que no habían coincidido desde las estaciones previas a la propia Separación: un Caballero del Dragón y un atlante.

Ambos encontraron terreno común en sus objetivos cuando Kaith se descubrió como uno de los pocos seres capaces de predecir el futuro. Descendiente de humanos y atlantes, fue a través suya que Ashazaar pudo descubrir la forma de vida de unos seres tan efímeros como los humanos, y que Taryc tuvo la oportunidad de conocer a un representante de los creadores de la Terra Conocida tal y como la conocía entonces.

Su relación nunca dejó de tener tiranteces debido a unas visiones en gran medida contrapuestas. Sin embargo también pudieron forjar una profunda amistad que aún a día de hoy se mantiene. Y no porque no la hayan puesta a prueba en numerosas ocasiones.

Este relato forma parte del Arco Argumental «Regreso a Casa», del Capítulo V de Vilia: Avatares del Renacer. Puedes encontrar todos los relatos relacionados con este arco a continuación:

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Autor: Ricardo García
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Inspiración: Grupo 1 del Capítulo V de Vilia: Avatares del Destino

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Regreso a Casa: Perros de tíndalo

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Ashazaar desenfundó su espadón, que comenzó a brillar tenuemente. La luz blanca que normalmente irradiaba el Legado de Thrain se había tornado parduzca e iluminaba una escena subterránea cubierta de tonos sepia. Taryc echó mano a su estoque mientras Lidris empuñaba una antigua espada larga.

De entre las sombras, un grupo de criaturas cuadrúpedas se acercaron a los compañeros con pasos irregulares, zigzagueantes. Su aspecto era el de sabuesos enjutos y huesudos, de morros afilados. No tenían ojos y parecían guiarse por algún otro inescrutable sentido, ajeno a cualquier criatura del mundo natural. Lenguas tubulares se escapaban de entre los pequeños y afilados dientes que dejaban entrever bajo pesados belfos que se abrían y cerraban con cada paso.

Lidris los observaba con un horror indescriptible. Taryc se hacía una idea de lo que debía estar sintiendo: no había pasado mucho tiempo desde que ella se enfrentase a unas criaturas que desafiaban toda la lógica de un mundo que pudiese considerarse ordenado; que dejaban entrever secretos horribles, oscuros e insondables; que iban más allá de la realidad tal y como la conocían.

Perros de tíndalo -dijo Taryc, rompiendo el ominoso silencio y esperando compartir su coraje con sus compañeros-. Mantente lejos de sus lenguas.

Lidris asintió, alzando su espada en actitud defensiva.

Fue entonces cuando las criaturas se lanzaron al ataque. Lo hicieron sumidos en un silencio antinatural, sus finas patas dejando apenas marcas sobre el suelo de piedra. Con trancos ágiles, se lanzaron sobre los compañeros en grupos de tres, alternando mordiscos con latigazos de sus lenguas prehensiles.

Taryc y Ashazaar contraatacaron con rapidez, sus aceros atravesando la carne malsana de las criaturas a las que alcanzaban. Lidris, sin embargo, se vio obligada a defenderse, abrumada por el envite del enemigo.

-¡Lidris! -gritó Taryc tras atravesar con su estoque el flanco de uno de los sabuesos, que cayó al suelo deshaciéndose en polvo. De un salto se lanzó sobre la semielfa justo a tiempo de evitar que los tres enemigos que la atacaban la hicieran tropezar.

Lidris dejó escapar un grito de dolor. Uno de los perros de tíndalo había logrado golpearla con su lengua que, como un cuchillo caliente atravesando mantequilla, había logrado abrirse paso a través de su armadura y de su carne sin dificultad alguna. Taryc observó la herida: un agujero limpio, abierto en el brazo derecho que comenzó a sangrar con profusión.

-¡Rodéalos! -la instruyó Taryc, que giró sobre sí misma esquivando la embestida de uno de los sabuesos.

Lidris asintió y se lanzó contra el flanco del perro de tíndalo empuñando su espada. El acero describió un arco perfecto, brillando en el punto más alto de la curva y atravesando a la horripilante criatura, que se deshizo en polvo.

Taryc tomó a la semielfa del brazo y ambas echaron a correr en dirección a la pequeña gruta que la semielfa había visto al subir a la cima de la colina.

-¿Y Ashazaar? ¡No podemos abandonarlo! -le increpó Lidris antes de entrar.

Taryc, en cambio, la empujó al interior. Quitándose la mochila, buscó varios trozos de tela y se volcó sobre Lidris para atender su brazo, ahora cubierto de sangre.

-Un sentimiento muy loable por tu parte -comentó Taryc mientras trabajaba-. Pero no tienes que preocuparte. Ashazaar sabe cuidar de sí mismo.

>>Por contra, si no atendemos esta herida, te desangrarás rápidamente y no podrás ser de ninguna ayuda a nadie más.

Lidris estuvo a punto de decir algo, pero entonces se dio cuenta del estado de su brazo y la cantidad de sangre que continuaba manando de la herida. Hizo un gesto de dolor al sentir la presión que las improvisadas vendas ejercían.

-Apenas noté el golpe.

-Las lenguas de estas criaturas pueden atravesar y consumir cualquier cosa. Son muy peligrosas -le explicó Taryc, que no dejaba de echar miradas furtivas a la entrada de la caverna-. Probablemente vas a empezar a sentirte mareada. Tómatelo con calma.

-¿Qué eran esas criaturas? -preguntó Lidris.

Siervos del Tiempo. Guardianes de la línea temporal o algo así. Me temo que no acabo de entenderlo del todo, pero parece ser que el Tiempo tiene conciencia o inteligencia y no le gusta que las cosas salgan de su control. Que cambien el destino.

-Pensaba que cada uno podíamos decidir nuestro propio destino -comentó la semielfa.

-Pues parece que el Tiempo tiene otro punto de vista.

Ambas mujeres quedaron en silencio, que fue roto por unos pasos que se acercaban hasta allí.

-¿Ashazaar? -preguntó Taryc hacia la oscuridad de nuevo densa que inundaba los alrededores. La figura del atlante apareció en la entrada de la caverna, su espada de nuevo enfundada.

-Aquí estoy. Os habéis perdido la mejor parte de la batalla.

-Veo que tú la has disfrutado -contestó Taryc, y tras echarle un vistazo más detallado añadió-: Han logrado golpearte. Estás herido.

Ashazaar hizo un gesto a Taryc para mantenerla a distancia.

-Estoy bien, solo me han rozado

-Por supuesto -comentó una nueva voz de mujer proveniente de las profundidades de la caverna en una marcada lengua común-. Nada puede hacer frente a un atlante.

La figura de una mujer de orejas puntiagudas apareció de repente. Su pelo caía liso sobre sus hombros, recubiertos por una pesada cota de malla que parecía haber sufrido golpes recientes. En su rostro destacaban sus ojos almendrados y sus pómulos prominentes, propios de una elfa drow. Su pómulo derecho estaba hinchado y amoratado y su nariz se había roto recientemente. Portaba una maza en una mano y el disco de metal de un medallón en la otra.

-¿Quién eres? -preguntó Ashazaar, su mano de nuevo en el pomo de su espadón.

La mujer dejó caer la maza y levantó las manos en señal de indefensión. Acto seguido, se dejó caer al suelo, postrándose en dirección al atlante.

Soy Xera’nel, sacerdotisa de Yulus y fiel sierva de la causa atlante. Habéis llegado en el momento más adecuado, mi señor. Nos han traicionado.


Taryc y su grupo han sido acosados en numerosas ocasiones por el enemigo que ellos denominan «el Tiempo». Envuelto en misterio, solo saben que está relacionada con una antigua fe, mucho más antigua que la Separación.

El primero en descubrir al Caballero fue Dart-Dos, un enano que clama haber viajado al pasado y haber vivido la Separación de primera mano, siendo llevado allí por su Dios Xitrain.

La constante parece ser siempre la misma: el Tiempo parece decidido a proteger una linea temporal específica, una forma en la que las cosas deben ocurrir. Un destino. Pero nadie sabe decir cuál es ese destino.

O casi nadie, como los Áugures. Como Kaith. Quizás es por eso por lo que la persiguen.

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Regreso a Casa: El destino de las almas

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A Taryc le dolía la cabeza.

No era un dolor de cabeza normal, de los que se quitan echando una siesta. Era mucho más inquietante, casi ominoso. Como si algo se cerniera en su interior a la espera de que cometiese el más mínimo error, cualquier paso en falso desencadenaría unas consecuencias horribles y nefastas.

“El alma de tu hermano, Lescrom, no ha llegado hasta mis dominios. Eres tú quien debe traérmela”.

Las palabras del Señor Demoníaco Graz’zt resonaban con fuerza en su cabeza continuamente, un hierro candente impreso sobre cualquier otro pensamiento. ¿Qué era lo que le había dicho Iridal antes de iniciar el viaje de vuelta? Que se trataba de compulsión mágica muy potente. 

Te obligará a llevar a cabo el mandato que te han impuesto y será muy dañina si te resistes”.

¿Y qué se suponía que podía hacer ella en cuestión de almas? Su fé en Liveta y Armaien se había roto en pedazos al descubrir que ninguno de los Dioses eran tales: solo atlantes indoctrinando a su rebaño de humanos para tenerlos bien controlados y amaestrados. Taryc no pudo evitar echar una ojeada a Ashazaar, que revisaba el estado de sus armas. Hasta él, a quien había llegado a considerar un amigo, había decidido traicionarla en pos de un ideal de “orden” que no era más que un intento de controlar a todos los seres que veía como inferiores. Ella misma incluída.

Y si no había Dioses, ¿quién o qué disponía de las almas de aquellos que fallecían en Vilia? Taryc se estremeció al pensar que el reino condenado del Abismo fuese el destino último de cualquier ser vivo. Y mucho menos el de su hermano. No podía ser. 

Y sin embargo, considerar esas ideas sólo reforzó el dolor que sentía en su cabeza.

-No podemos quedarnos mucho tiempo aquí -comentaba Lidris mientras volvía de una rápida patrulla de reconocimiento. Ahora podía ver a la semielfa en la oscuridad gracias a uno de los poderes psiónicos que Ashazaar había utilizado sobre ella.

Taryc suspiró y asintió.

-Podemos irnos en cualquier momento -añadió Ashazaar mientras volvía a enfundar su espada-. Puedo teleportarnos a cualquier sitio donde hayamos estado previamente. Quizás sería buena idea volver a ver a Thrain y llevarle la Llama de los Elfos.

>>Por cierto, ¿dónde está?

La tenía Kuthan -respondió Taryc-. Y no sabemos dónde están ni él ni ningún otro de nuestros compañeros, Ashazaar.

-Espera -interrumpió Lidris-. ¿Me estáis diciendo que habéis devuelto la Llama de los Elfos a Vilia… y la habéis perdido?

Un silencio incómodo se hizo entre los presentes. ¿Cómo explicarle a alguien a quien acababa de conocer todo lo que habían vivido en los últimos… días? ¿Estaciones? Taryc ni siquiera estaba segura de cuánto tiempo había pasado desde que partieron de Ahn-Quessire.

-La encontraremos -acabó respondiendo Taryc-. Sea lo que sea lo que hizo el Dragón cuando nos atacó, creo que soy capaz de sentir su rastro. Si lo seguimos, quizás podamos encontrar al resto de nuestros compañeros de la misma forma que encontramos a Ashazaar.

-Habéis perdido la Llama… -murmuró para sí Lidris. 

Taryc vió cómo se estremecía. Los semielfos de la Meseta del Viento habían sido elegidos protectores de uno de los fragmentos de la Llama de los Elfos desde hacía generaciones, un mandato que los elfos les impusieron tras la Separación cuando decidieron sellar el artefacto. Taryc no acababa de hacerse una idea de lo que significaba el fin de ese mandato para ellos. Ni el horror que suponía pensar que habían podido fracasar.

“Cuidado, Dragoon” -una inesperada voz apareció en su cabeza-. “El enemigo vuelve al ataque. Prepárate”.

Taryc echó un vistazo a su alrededor, sobresaltada. Su visión estaba limitada a los tonos de gris que confería el poder psiónico de visión en la oscuridad que la afectaba. Sin embargo, comenzó a notar como ciertos contornos y protrusiones de la roca de la caverna se agitaban y emborronaban, como si fueran producto de un lejano espejismo. La muchacha reconoció las señales.

El Tiempo -dijo a sus compañeros-. ¡Ashazaar, nos atacan!


El viaje de Taryc, Ashazaar y sus compañeros en pos de los pedazos de la Llama de los Elfos había concluido en tres capas diferentes del Abismo. En una de ellas se vieron obligados a internarse en una ciudad dominada por Graz’zt, el Príncipe Oscuro.

Aquella no era la primera vez que oían hablar del Señor Demoníaco. Iridal Kant ya había tenido tratos con él en el pasado, habiendo llevado un pacto con él a cambio de encontrar a su esposo Idan, por aquél entonces perdido en los planos.

El grupo había logrado evitar encontrarse con Graz’zt mientras estuvieron en el Abismo. Sin embargo, el Señor Demoníaco se aseguró de otorgarles un regalo de despedida: una carta dirigida a Taryc que la conminaba a regresar el alma de su hermano a donde, según había escrito, pertenecía realmente y se la esperaba.

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Regreso a Casa: presentaciones pendientes

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-¿Cómo has hecho eso? -preguntó Lidris, sorprendida.

Pero la humana no le prestaba atención. Todavía a ciegas inspeccionaba la esfera de roca como si estuviese buscando alguna abertura. Entonces sus manos atravesaron la sólida cubierta y penetraron en su interior, moviéndose con dificultad como si lo estuviesen haciendo a través de arena o grava. Con un esfuerzo, estirándose en toda su longitud, la muchacha logró llegar hasta los hombros de la túnica del hombre preso y, agarrándola con fuerza, tiró hacia afuera.

El primer tirón logró mover ligeramente a aquél ser hacia los límites de su prisión esférica. El segundo logró hacer que sacara parte de sus hombros y su cabeza.

-Oh, por la Llama… -perjuró Lidris, que se apresuró a llegar al lado de la humana y a ayudarla a dejar a aquél hombre de aspecto hermoso, delicado y aguerrido sobre el suelo. 

-¿Cómo has hecho eso? -preguntó de nuevo la semielfa, incrédula-. Acabas de sacar a una persona de la nada. ¿Estaba invisible? ¿Cómo has podido verla si ni siquiera puedes ver en la oscuridad?

La muchacha se encogió de hombros mientras atendía a su a todas luces conocido, palpando su cuello e intentando sentir su respiración con el dorso de la mano.

-No estoy segura -contestó una vez hubo terminado-. He podido sentir un impulso extraño que me atraía hacia aquí, como si estuviese siguiendo un camino invisible. A medida que nos acercábamos se ha vuelto más intenso hasta que lo he notado tan cerca que debía estar al alcance de la mano.

-¿Y qué es esa… cáscara, o prisión, o lo que sea? También estaba a tu alrededor cuando te encontré.

-Me temo que no lo sé. Vas a tener que creerme. Cuando regresábamos fuimos atacados por un ser muy poderoso… una de las personificaciones del Tiempo. Lo único que se me ocurre es que fuese ese ser el que nos ha encerrado en… esto, sea lo que sea -tras su explicación se volvió hacia el hombre que yacía todavía inconsciente en el frío suelo de la caverna y comenzó a agitarlo con suavidad-. ¡Eh! ¡Ashazaar! Despierta. Vamos, no es momento de echarse una siesta.

El aludido tosió antes de volverse y abrir los ojos. Inmerso en la oscuridad no pudo ver nada e inmediatamente se tensó. Comenzó a incorporarse mientras buscaba la empuñadura de su espada al cinto.

-¿Taryc? -dijo en común con voz clara e imponente-. No veo nada. ¿Dónde estamos?

-Debajo de tierra, probablemente en algún lugar al sur de las Montañas Azules. No pasa nada, estás a salvo.

Ashazaar se incorporó en silencio. Una vez de pie cerró los ojos, concentrándose. Al abrirlos de nuevo, estos dejaron escapar un fulgor tenue que penetró la oscuridad. Sus pupilas se habían agrandado hasta ocupar la mayor parte del globo ocular. Comenzó a inspeccionar los alrededores, aparentemente capaz ahora de ver en la oscuridad. Su imponente mirada se detuvo en Lidris, que lo observaba sin poder disimular su asombro.

-¿Quién es ella? -preguntó dedicándole un gesto de cabeza rápido mientras continuaba su inspección.

Aquello ya era demasiado para la mujer.

-Me llamo Lidris y soy capaz de presentarme yo misma -se adelantó la semielfa a la muchacha humana-. Lo que parece ser más de lo que podéis hacer vosotros. Primero encuentro a una chica humana que decide que inundar de luz un lugar plagado de monstruos que no han visto nunca el sol es buena idea. Luego decido sacarla del apuro en el que se ha metido ella sola, guiándola mientras intenta seguirme a ciegas. Ahora otro humano aparece de la nada y me trata como si fuese poco más que una sirvienta…

Atlante -la interrumpió Ashazaar, sus inmensas pupilas fijas en ella con dureza-. Será mejor que lo recuerdes.

-Atlante pues -prosiguió Lidris, cada vez más molesta-. Eso empezaría a explicar la altivez.

-Tienes razón, Lidris -intervino entonces la humana-. Las circunstancias no nos han permitido siquiera presentarnos.

>>En primer lugar, gracias por encontrarme y traerme hasta aquí. No sé qué hubiese ocurrido si no hubieses sido tú la primera en aparecer.

>>Por otro lado, permíteme que te presente a Ashazaar. Es un atlante que nos ha acompañado a lo largo del viaje más extraño que hemos emprendido nunca: a través de otros planos de existencia en busca de la Llama de los Elfos. Tanto él como yo y casi una decena de compañeros más acabamos de regresar a Vilia y, con nosotros, esperamos haber traído la magia de vuelta a este mundo.

>>Y yo soy Taryc Radler. Soy la Dama del Dragón de Oro.


La especie atlante se considera la más antigua y poderosa de Vilia. Sus increíbles capacidades psíquicas unidas a su longevidad y sus ansias de conocimiento dan peso a esta afirmación.

Para quienes tratan con los atlantes, su actitud suele resultar desde imperiosa hasta, como mínimo, condescendiente. Sin embargo, muchos de ellos suelen lamentar la incomprensión del resto de criaturas de vidas más efímeras que no logran entender el peso de la responsabilidad que llevan sobre sus hombros.

Queda a los ojos de historiadores y sabios determinar si las acciones de los atlantes han traído prosperidad o desgracia a las «civilizaciones menores» a las que llaman «mensch».

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Regreso a Casa: Huida a ciegas

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Las dos mujeres caminaron a través de la profunda oscuridad del submundo durante un largo rato. No intercambiaron palabras apenas, ambas conscientes de la importancia de pasar desapercibidas tanto a la vista como al oído.

Lidris no pudo evitar sorprenderse ante la habilidad de su recién hallada compañera. Se movía casi con la misma gracilidad que ella misma, con paso ligero y rápido. Si bien su mochila era abultada, ninguno de los objetos que contenía emitían el más leve tintineo, claramente asegurados con tal propósito. En una ocasión tuvieron que detenerse para evitar un grupo de inquietos ciempiés gigantes que avanzaba en la dirección opuesta a la que se dirigían, atraídos por el despliegue de luz que habían causado. La humana había logrado encontrar un escondrijo en completo silencio y sin poder ver nada, guiada tan solo por el tacto. La semielfa estaba impresionada.

-Espera -escuchó entonces Lidris el susurro de su compañera-. ¿Notas algo?

-No -contestó Lidris también en voz baja-. Vamos, debemos continuar.

-Avancemos en esa dirección -contestó la humana señalando en una dirección aparentemente arbitraria-. Creo que hay algo ahí.

Lidris estuvo a punto de replicar, pero prefirió encogerse de hombros. Su prioridad era alejarse de esa región todo lo posible y encontrar un lugar seguro donde descansar. Ya no le quedaba ninguna de las referencias que se había esforzado en mantener hasta entonces debido a la presurosa huida que habían emprendido, por lo que a aquellas alturas cualquier dirección era buena. Volver sobre sus pasos para abandonar aquellas cavernas era un problema que tendrían que afrontar más adelante.

Así pues, las dos mujeres avanzaron en la dirección indicada por la humana. El camino atravesó varias repisas y huecos escarpados que tuvieron que escalar con lentitud, lo que al mismo tiempo se convertirían en obstáculos para cualquier perseguidor que les siguiera la pista. Tomar ese camino no había sido mala idea.

Tras avanzar a lo largo de varias cavernas de techo bajo, las dos compañeras dieron a parar a una enorme sala de piedra por la que atravesaba un riachuelo que había logrado labrar un lecho sobre la roca. Tras ella se alzaba una colina a la que se podía subir gracias a una pendiente irregular, rota en varios puntos.

Lidris comenzó a explorar los alrededores buscando formas de esquivar la escarpada pendiente pero su compañera la detuvo.

-Por ahí -indicó señalando hacia la cima de la colina.

-¿Cómo sabes que necesitamos subir? -preguntó Lidris sin acabar de entender lo que estaba ocurriendo.

-No estoy segura. Creo que hay algo ahí arriba. Es una sensación que no había sentido nunca hasta hace muy poco, como un hormigueo en mi cabeza. Ya lo sentí mientras regresaba a Vilia.

Lidris no contestó, pero deseó que su recién hallada Dama del Dragón no estuviese loca.

Las dos ascendieron la colina hasta llegar a la cima. Una explanada daba paso a una ancha cornisa que se extendía a lo largo de una pared vertical delimitando el espacio donde se encontraban. Lidris no podía ver el techo, perdido más allá del rango de visión que le conferían sus gafas encantadas, pero pudo identificar la abertura de una caverna escondida por una floración de estalagmitas cercana a la cornisa.

La humana soltó su mano y se dirigió hacia el centro de la explanada.

-¡Espera! ¿Dónde vas? -la conminó Lidris, siguiéndola.

-Dame un momento. Creo que está aquí.

La muchacha humana comenzó a hacer aspavientos en el aire como si estuviese intentando coger algo. Pero Lidris sabía que no había nada ahí: sus gafas no revelaban ningún objeto o ser vivo. Tendría que estar suspendido, además, para poder estar a la altura a la que su compañera parecía estar buscándolo. La conclusión estaba clara: aquella humana se había vuelto loca.

Un repentino destello de luz dorada surgió de las manos de la joven, cegando de nuevo a Lidris.

-¿Otra vez? Tienes que dejar de hacer eso…

Lidris se interrumpió al recobrar la visión en la oscuridad. En el centro de la explanada había aparecido de repente un objeto esférico como el que había hallado alrededor de su nueva compañera. En este caso la esfera estaba intacta. En su interior yacía el cuerpo inerte de un hombre alto vestido con una larga túnica. Su pelo, lacio y cayendo sobre su espalda, aparecía inmóvil, congelado dentro del material sólido. Su rostro era delicado y hermoso, de cejas finas y blancas, pómulos afilados, nariz ahusada y labios delgados cerrados con fuerza. Ni una sola arruga cruzaba sus rasgos. A su espalda portaba un imponente espadón y un escudo. Otra espada descansaba inmóvil a su costado.


El destino es un concepto importante en Vilia. Se dice que cada ser que habita este mundo tiene ya escrito su futuro, que cada decisión que se lleva a cabo tiene un resultado prefijado de antemano.

Por supuesto, nadie ha podido demostrar estas afirmaciones. Al fin y al cabo, ningún ser, ni siquiera los atlantes desde hace muchos siglos, es capaz de vislumbrar el entramado del tiempo.

O eso se pensaba hasta que Dart-Dos viajó al pasado y se enfrentó a una de las personificaciones del Tiempo, a uno de los guardianes del destino: el Caballero.

Desde entonces, la concepción del destino tiene otro significado para los aventureros que se debaten en busca de su camino en Vilia. Y es que, tal y como les avisara Sun el 10 de Sureolom (I) del 1509 d.S., se han topado con el que parece ser el verdadero enemigo.

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